Volver a comenzar

Por Alex Slucki

 

Detrás de una puerta cerrada

están todas las puertas, todos los sueños, todos los mundos

que quedan por descubrir.

 

La sola idea de que un comienzo sea necesario pone a mucha gente a temblar. El gusto por lo cotidiano, establecerse en la rutina, saber que existe cierta predictibilidad confortable en la historia que le estamos narrando al mundo – nuestra propia biografía – es un anhelo que habita, de forma impenetrable, en las cavernas del corazón de más de uno. Sin embargo, como flores que fuesen cortadas y cuyo destino es marchitarse en un jarrón, la belleza de nuestra existencia está predestinada al abandono de esta vida. Esto, en sí mismo, no supone un hecho trágico; es solo que el cambio se parece un poco a la muerte, porque supone un contrato pre-existente de que todo en la naturaleza y en nosotros mismos tiene que seguir avanzando, y aceptar que las cosas jamás permanecen tal cual son.

La ropa se desgasta, la piel se arruga, el tiempo pasa. Lo que ayer parecía interesante puede volverse fastidioso. La pasión fluctúa. Los gustos se transforman. Si bien, ciertos valores resultan universales, su jerarquía no es inamovible. Quizá durante un tiempo defendamos la verdad como columna central de nuestro templo del alma; y de pronto llegue alguien a enseñarnos que otra cualidad es igual de trascendente: tal vez la justicia, la generosidad o la compasión. Y entonces deberemos recomenzar; de nuevo nos encontraremos en ese estado vulnerable que invita a una cierta hiper-sensibilidad que habíamos olvidado… o simplemente un día cualquiera perdió todo su atractivo.

La oportunidad de optimizar la vida conlleva riesgos que exigen romper los hábitos e ir más allá de las sólidas murallas de la costumbre. Sin embargo, la recompensa implicada en el redescubrimiento de nosotros mismos puede ser bellísima, como el Sol a espaldas de una ola a punto de reventarse. Recomenzar más allá de lo establecido, romper nuestras propias reglas, redefinir los parámetros de nuestra propia existencia es “dejar morir”, de forma voluntaria, los aspectos rígidos de nuestra naturaleza humana que habitan la frágil ilusión de que se corre menos riesgo no haciendo nada por cambiar, que haciendo todo lo posible por hacerlo. Cada día es una invitación a la opción de renovarnos. Aún conservando los rituales y hábitos que a diario nos definen, es un hecho que algo en nosotros busca inspiración, más allá del vacío que sugiere el que todo siga tal cual es. De ahí que, a pesar de los peligros que supone una existencia impredecible, podamos hallar el gusto del “no saber” como una excusa para seguir andando y mantenernos atentos al misterio y también la luz que supone hallarse frente al umbral de un nuevo comienzo.

Alex Slucki

 

Acerca de Alex Slucki

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Mi pasión es trabajar con los Arcángeles y Maestros Ascendidos de quienes he aprendido la mayor parte de lo que sé. A lo largo de 20 años sus enseñanzas se han convertido en todo un sistema para el desarrollo Integral del ser humano, abarcando todos los temas universales que comprenden una vida en la Tierra y también en conexión con el Cosmos. Busco a través de mis técnicas elevar la consciencia del Ser, incrementar la vibración de amor, luz, prosperidad y bienestar de nuestra propia frecuencia y del planeta y lograr la Interconectividad de todos los seres con las otras dimensiones. Los Mensajes de los Arcángeles y los Maestros Ascendidos son la base para lograr un continuo crecimiento y, ya sea de forma paulatina o espontánea, experimentar nuestro máximo potencial y también nuestra iluminación. Al lado de Jorge Medina Velten, hemos fundado el proyecto Cielo-Tierra mediante el cual ofrecemos salud integral de cuerpo, mente, emociones y alma. Jorge me complementa dando masajes para que la energía que se mueve en las sesiones quede bien integrada y aterrizada. Hemos realizado este trabajo juntos por cerca de 13 años y en varios países como: México, EU, Canadá, España, Guatemala y Holanda.