Turquesa: Poder sanador ancestral

Por Nina Llinares

¿Qué es, cómo crece y de dónde viene?

La turquesa es un mineral considerado piedra preciosa. En su composición es un fosfato de aluminio y cobre, siendo este un mineral criptocristalino, frágil (de poca dureza) y poroso.

Cuando su color es azul intenso, se debe a la presencia de cobre en su composición, y cuando es azul pálido o verdoso, se debe a la presencia de otros metales como el hierro, algunas impurezas o bien a que ha perdido su agua.

La turquesa crece en una matriz llamada “tela de araña” que, en ocasiones, aporta a su superficie una especie de vetas de color marrón. Para algunos especialistas, estas vetas le otorgan un valor especial, mientras que para otros, la preferencia y validación, radica en todo lo contrario: considerando la belleza y la calidad de la turquesa en relación a la apariencia uniforme sin vetas en su superficie.

La peculiaridad más característica de las turquesas es su color, que puede pasar de ser un azul celeste, tenue, cálido, extraordinariamente impactante, a un pálido color azul blanquecino. También podemos encontrar turquesas verdosas, con tonalidades amarillentas e igualmente opacas. Cabe mencionar que la turquesa no deja pasar la luz, por lo que apenas existen algunas turquesas traslúcidas.

En cuanto a su color y forma (cuando muestra vetas en su superficie, inclusiones ferrosas, de cobre o de plata) su elección estará en función de nuestra preferencia personal.

 

Algunas de sus cualidades energéticas, compartidas por los terapeutas holísticos son:

  • Mejora la calidad de oxígeno en la sangre, la memoria y los reflejos psicomotores.
  • Resulta muy relajante situarla sobre la frente.
  • Tiene la propiedad de relajar y calmar la vista cansada, los ojos enrojecidos y el dolor de cabeza, sobre todo, en circunstancias de exceso de estudio. En estos casos se colocan tres pequeñas turquesas: uno sobre la frente y otras dos, una en cada párpado cerrado, mientras se está tumbado en posición de relajación.

¿Cómo limpiarla?

A la hora de limpiar, purificar y recargar la energía de nuestras turquesas (tanto las personales como las utilizadas en sesiones a pacientes) debemos tener cuidado en no exponerlas al sol directo, ni dejarlas en ambientes con falta de humedad. Además, por su naturaleza porosa y blanda no conviene que las sumerjamos en agua y sal; en cambio, para su limpieza podemos utilizar una infusión de salvia, solamente durante unos cuantos minutos, para, a continuación, secarlas cuidadosamente.

Para su recarga las situaremos bajo una pirámide de papel (u otro material) durante unas horas. Si la llevamos como anillo o colgante, hay que tener cuidado de no lavarnos las manos ni ducharnos con ella puesta, ya que el jabón y la cal del agua pueden hacerle perder su brillo natural.

Otro método chamánico para su limpieza energética es realizar giros sobre ella con dos plumas, una blanca y una negra, sin llegar a tocarla físicamente, tan solo por encima de su superficie; estos pases energéticos, literalmente, barrerán toda energía desarmónica que pudiera tener la turquesa.

De mis libros sobre cristaloterapia:

  • Cristales de sanación y cuarzos Maestros, Editorial EDAF.
  • Cristales de sanación y Oráculo de los cristales, Editorial Obelisco.

Acerca de Nina Llinares

Nina Llinares
Nina Llinares nació en Alcoy (España), es Escritora y Profesora de Enseñanza Privada de Técnicas Holísticas (Técnicas atlantes, canto sagrado para mujeres, master Reiki, cristaloterapia, floral, y cromoterapia, entre muchas técnicas más). Desde 1990 imparte sus actividades en España, Argentina, Uruguay, México e Inglaterra (Glastonbury). En estos y otros países de Latinoamérica y Europa participa en congresos, programas de radio y televisión, en la divulgación de los temas basados en sus libros: Almas Gemelas, Niños Índigo y Cristal, Alquimia del Alma: el poder del Yo Soy, Masaje Atlante y 15 títulos más.