Rubí, el Grial del Reino Mineral

  1. El Rubí es una de las piedras preciosas utilizadas por el hombre de más antigüedad. Su uso se ha registrado en tantos lugares y épocas diferentes que le han convertido (merecidamente) en una especie de mítico grial del reino mineral, pues se considera que fortalece la inteligencia, prologa la vida, atrae la prosperidad material, eleva el espíritu a los planos de consciencia más elevados, aleja las tentaciones quiméricas de amores no correspondidos, fortalece la pasión y el amor verdadero, inclina a la nobleza de actos, disipa los miedos y pesadillas, equilibra las emociones y el buen funcionamiento de las glándulas maestras del cuerpo, abre el apetito o regula el estado de ánimo, y un largo etcétera de bondades que bien podrían considerarse imposibles de no ser por la cantidad de información, testimonios, usos y aplicaciones descritas a través del tiempo y las geografías que avalan dichas descripciones por experiencia práctica.

Algo de veracidad ya se intuye si consideramos el hecho de que, aun siendo un mineral de gama cromática roja, su particular vibración (tan transparente en ocasiones, tan resistente siempre, tan bella tanto en estado natural como pulida o facetada) permite que se pueda situar en cualquier chacra, más allá del que limita a las piedras rojas a ser situadas en su centro vital homólogo, el chacra base.

El rubí se puede considerar como un cristal de sanación de cualquier chacra que se encuentre necesitado de vitalidad, a pesar de ser un mineral rojo.
            Por si fuera poco, sus beneficios solo pueden ser obtenidos, al igual que un elixir griálico servido en copa divina, si las intenciones de quien lo lleva son puras e impecables. En caso contrario, no ejerce ningún beneficio, ni siquiera el de llamar la atención por su belleza, pues se deteriorará, se perderá o no se sentirá ningún interés hacia él.

¿Qué es, cómo crece y de dónde viene?

El rubí es óxido de aluminio, un mineral muy duro: 9 en la escala de Mohs (no solo es más duro que el cuarzo sino que su dureza es superior a la del acero). El rubí se encuentra en casi todos los continentes, pero donde más abunda es en Sri Lanka, donde ya 500 años antes del nacimiento de Cristo, se tenía constancia de que se extraían rubíes. También son muy valorados los rubís que se extraen en minas de Birmania. Provienen también de Brasil, Australia, Madagascar y Colombia.

Podríamos pensar que al rubí, en su crecimiento, le gusta estar cerca de otras piedras preciosas, ya que podemos encontrarlo en las grietas de yacimientos de circonio, oro, en las minas de diamantes, cerca de turmalinas negras, en los yacimientos de esmeraldas colombianas, etc.

La piedra preciosa a la que comúnmente le llamamos rubí, es un corindón rojo. El rubí se cataloga dentro de la familia de los corindones hiálicos, y según sea su composición química, rica en óxido de hierro y cromo, así será su color natural más o menos rojo intenso, transparente o carmesí. Si en su composición en lugar de cromo hay titanio, entonces su color no será rojo y le llamaremos Zafiro. Es decir, cuando el rubí es de otro color se le llama Zafiro y se añade a este nombre el color; zafiro azul, zafiro rosa, etc.

Resulta curioso que, gemológicamente, un rubí pueda ser reconocido como auténtico precisamente por esta riqueza en inclusiones, cuestión que en cualquier otro mineral considerado piedra preciosa, le restaría valor y precio.

Este color rojo del rubí tiene una escala de matices que va desde el rojo anaranjado al rojo violáceo, pasando por marrón rojizo y el rojo profundo con matices azulados. El más representativo, cuando se habla de rubí, es el rojo intenso y transparente, pulido y brillante.

Antiguamente se llamó al rubí carbúnculo porque así se le denominaba a todas las piedras de color rojo, por lo que un rubí, un jaspe rojo, un granate o una espinela, rubelita, eran carbúnculos. De hecho, se cree que la palabra rubí es de origen latino y que deriva de ruber, que quiere decir rojo.

Los magos y alquimistas de la Edad Media llamaron al rubí “la piedra de la confianza”, por considerar que su energía aportaba la fuerza necesaria para conseguir los propósitos más elevados. En india se le llama Ratnaraj, que quiere decir “rey de las piedras preciosas”; y en gurumuki, el lenguaje de los Gurús, su nombre es femenino: Ratnayaka, que significa “gota de sangre del corazón de la Madre Tierra”. Para los hebreos también era de una de las gemas de mayor relevancia y reverencia a la que llamaban hofech, piedra sagrada y primera de las 12 piedras que formaban el pectoral del sumo sacerdote, tal y como se relata en la Biblia. Además, para los seguidores de Ala, su piedra sagrada, la Kaaba, en origen era un descomunal rubí, que por efecto de los pecados humanos se volvió negra. Finalmente, los griegos le daban el nombre de apiroto, que quiere decir “que no arde” y lo consagraron a la valentía de Apolo.

Energéticamente el rubí aporta la energía de equilibrio tanto a nivel emocional, mental y espiritual necesaria para que la fuerza de vida, la pasión y la creatividad, se expresen al unísono. Esta cualidad vibracional se expresará en el rubí cuando haya sido elegido como cristal de sanación personal, ya sea que nos sintamos atraídos por su forma en calidad de gema (rubí tallado), o en forma natural (de un color y forma más opaco), o llevándolo en forma de joya como anillo montado en oro o plata, como colgante, gargantilla, pulsera, etc.

Como piedra personal, energéticamente, funciona como escudo protector, tanto de energías negativas, como de posibles peligros inesperados. Estas dos cualidades han sido resaltadas, época tras época, por especialistas en las propiedades energético-espirituales de las gemas, especialmente el llamado rubí estrella, rubí que se talla en uno de sus extremos de manera redondeada y que, al reflejar la luz, se aprecia en su superficie la formación de una estrella de seis puntas.

Se aconseja también el rubí a personas que suelen distraerse y se sienten poco hábiles con las manos, les cuesta centrarse y concentrase en una tarea mecánica. En estos casos se deberá llevar como anillo en la mano derecha.

El rubí como cristal de sanación personal, sobre todo en su forma natural, aportará tanto seguridad personal y profesional, como entusiasmo y fuerza de carácter.

Aunque el rubí posee mayor dureza que el cuarzo, se recomienda que, para su limpieza, se le sumerja en agua a la que se le habrá añadido una infusión de salvia. Además, para recargarlo energéticamente, se le debe colocar sobre una drusa de puntas de cuarzo cristal de roca.

*El presente artículo de Nina Llinares fue publicado por la Revista Athanor, Barcelona ©

 

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Acerca de Nina Llinares

Nina Llinares
Nina Llinares nació en Alcoy (España), es Escritora y Profesora de Enseñanza Privada de Técnicas Holísticas (Técnicas atlantes, canto sagrado para mujeres, master Reiki, cristaloterapia, floral, y cromoterapia, entre muchas técnicas más). Desde 1990 imparte sus actividades en España, Argentina, Uruguay, México e Inglaterra (Glastonbury). En estos y otros países de Latinoamérica y Europa participa en congresos, programas de radio y televisión, en la divulgación de los temas basados en sus libros: Almas Gemelas, Niños Índigo y Cristal, Alquimia del Alma: el poder del Yo Soy, Masaje Atlante y 15 títulos más.