¿Realmente queremos sanar?

Por Karina M. Ortiz Guerrero

 

Cuando atravesamos por un proceso de enfermedad y decidimos acudir con algún especialista, ¿qué esperamos de él o de ella? ¿Solo queremos aliviar nuestros dolores o realmente queremos sanar? Y hago esta diferencia recuperando la idea principal de mi publicación anterior, “Por qué y para qué enfermamos” que dice que toda enfermedad refiere un desequilibrio o desarmonía de los cuerpos más densos del ser: físico, etérico, astral (emocional) y mental inferior; por lo tanto, alcanzar la salud, que no es solo ausencia de dolor, resulta ser un proceso más complejo que no toda la gente está dispuesta a vivir.

Con una sinceridad que descobija, Anthony De Mello declara que: “La gente realmente no quiere curarse. Lo que quiere es un alivio; una cura es dolorosa”. Entonces, la gente que acude a terapia ¿no está dispuesta a sanar, solo quiere sentirse mejor? En la mayoría de los casos, así es; ya que el remedio puede ser más doloroso que el síntoma, pero es necesario si queremos liberarnos del sufrimiento (dukkha, según el Budismo, que no es más que la condición humana de insatisfacción permanente).

¿Por qué es doloroso sanar? Porque la sanación es reconocimiento, aceptación y renuncia de aquellos apegos que están en el trasfondo de los síntomas: personas, animales, objetos, creencias, culpas, autoimagen, miedos, resentimientos, incluso la idea misma de enfermedad. No nos sorprenda que mucha gente abandone sus tratamientos justo cuando se manifiesta una leve mejoría, o que acuda solo a una sesión, que vaya de médico en médico, que al menor dolor de cabeza se autorecete diciendo “aquí no pasa nada”. No es tan simple liberarnos de las causas de nuestro sufrimiento.

Cuando enfermas no hay un cuerpo por curar: hay una culpa por sanar, hay una mente por limpiar, hay un recuerdo que perdonar y una historia que agradecer.

Louis L. Hay.

Ahora bien, el objetivo de esta renuncia no es quedar blancos como la nieve, al menos como humanos no lo seremos, pues esa es una de las lecciones que venimos a aprender, más bien, me parece que es fundamental reconocer estos hechos y sabernos únicos agentes responsables de nuestra salud (salud en un sentido amplio). Incluso tenemos el derecho de continuar tan enfermos como queramos; desde luego, sin exigirles a los médicos y terapeutas que nos alivien, ni exigir a los otros la concesión de beneficios secundarios que nuestra enfermedad pueda aportarnos. ¡Nadie tiene porque asumir las consecuencias de nuestras decisiones!

En este punto me atrevo a sugerirles a los médicos y terapeutas que, mientras haya una correcta aplicación de los conocimientos, técnicas, procedimientos, etcétera, no hay porqué asumir la carga de “curar” al paciente o cliente; nosotros/as facilitamos el camino pero no sanamos. Es más, los milagros solo ocurren cuando hay una real y absoluta disposición de los humanos a la intervención divina, por eso:

A quien desee la salud, hay que preguntarle primero si está dispuesto a suprimir las causas de su enfermedad. Solo entonces será posible ayudarle.

Hipócrates

 

Om shanti om

Karina M. Ortiz Guerrero

Acerca de Karina Ortiz Guerrero

Karina Ortiz Guerrero
Nací en la CDMX en 1975. Siempre interesada por los misterios del comportamiento humano estudié Psicología Social en la UAM-Xochimilco, posteriormente realicé una Maestría en Estudios de Género en el Colegio de México; he combinado mi vena académica con estudios en Reiki (Maestría en el Sistema Usui Tibetano Tántrico), además de otros cursos y diplomados en Psicología Junguiana, Cuencos Tibetanos, Mindfulness y Budismo. Conocimientos diversos que fundamentan mi quehacer profesional, estoy dedicada al abordaje del campo de la Psicología desde una perspectiva de desarrollo espiritual: Psicoterapia de Reconexión, terapia Reiki en la que incluyo sonoterapia con cuencos tibetanos, imparto cursos de Reiki e iniciaciones en los cuatro niveles del Sistema Usui, facilito cursos de meditación, talleres de Ho’oponopono y de reconciliación de las mujeres con lo femenino.