¿Qué hay detrás de las etiquetas de los productos “orgánicos”?

Gracias a toda la información a la que nos ha dado acceso la internet relacionada con los alimentos que consumimos, muchos de nosotros hemos adquirido consciencia de todos los ingredientes dañinos que las compañías agregan a sus productos para hacerlos más duraderos, más coloridos, incluso más adictivos. Por lo tanto, una gran cantidad de consumidores ahora buscamos productos orgánicos, es decir, productos no adulterados con una infinita cantidad de químicos, mientras que, al mismo tiempo, buscamos alimentos cuya producción resulte menos dañina para nuestro planeta y los seres que lo habitan.

 

Desafortunadamente, dicha tendencia de los consumidores hacia lo orgánico, que, sin duda alguna, comenzó con buenas intenciones, ahora ha sido, de cierta manera, secuestrada por parte de las grandes corporaciones, quienes vieron en los productos orgánicos una oportunidad para ganar aun más dinero, pues se dieron cuenta de que las personas estaban dispuestas a invertir más en los productos orgánicos que en los no orgánicos.

 

De acuerdo con una artículo del New York Times, tan solo en los Estados Unidos, la industria de alimentos orgánicos tiene un valor anual de 30 mil millones de dólares, los cuales no se han obtenido precisamente cambiando sus políticas en cuanto al origen y calidad de sus alimentos, sino que se han logrado gracias a la magia del marketing y al manipular la definición de lo que llamamos “orgánico”.

 

Así es, en la actualidad, la junta directiva del National Organic Standads Board, dominada por las grandes corporaciones, y que es la encargada de establecer los estándares de los alimentos orgánicos, ha aprobado el uso de más de 250 sustancias “no-orgánicas”, entre las cuales están el inositol y el carragenano, un polisacárido que ha sido vinculado al cáncer.

 

¿Qué podemos hacer ahora que el término “orgánico” ha sido secuestrado y manipulado? La mejor opción sería cultivar nuestros propios alimentos, sin embargo, si no nos es posible tener un huerto en nuestro hogar, la siguiente opción sería intentar comprarle a pequeños productores, optando así por productos locales y de temporada que, al menos, no están llenos de químicos dañinos para la salud, además, al comprar productos locales estamos ayudando a la economía de nuestro país. Por último, es importante leer las etiquetas de lo que compramos, de esta manera podremos preguntarnos por qué nuestro jugo “orgánico” de manzana contiene muchos otros ingredientes además del jugo de manzana.

 

Lo importante es comprar de manera consciente e inteligente.

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