Porque puedo

Por Alicia Velázquez y Ana de la Macorra

Fragmento del capítulo 3 del Libro DIOSOY

 

 

Continuamente, casi todo el tiempo en la vida cotidiana, se presentan situaciones desagradables, la reacción de otra persona ante lo que dijiste o hiciste, la opinión de alguien que consideras importante, por lo general tu pareja o alguien a quien le has dado autoridad sobre de ti, y estas reacciones o calificaciones del Otro pueden cambiar tu estado de ánimo en un segundito. A veces, un gesto de desaprobación, una ligera mueca te puede mandar hasta el sótano de tus emociones, pero, ¿qué pasa? ¿Habías amanecido muy contento pero tu pareja no? Resulta que de pronto ¡zas! algo que dices o que no dices, algo que hiciste o que no hiciste, o solo porque sí y tu alegría desaparece, al menos durante ese día.

 

¿De dónde generamos tanta dependencia emocional?

Si tú habías amanecido bien, ¿ por qué permites que te afecte el comentario de alguien, quien sea, sea tu pareja o sea el vecino? ¿Qué tipo de vínculo crees que hay que tener con alguien a quien dices amar?

 

Por equivocación se crece con la creencia (y esto le ha pasado a miles de generaciones, no es algo nuevo) de que, al estar en algún tipo de relación “de amor”, habría que estar pegados, como encimados, con la falsa idea de pertenecer y convertirse casi en la posesión de alguien. En películas, en las terroríficas telenovelas, en canciones de dizque “amor”, los temas que se presentan tienen que ver siempre con la idea de que lo que llaman “romántico” es una forma excelsa de estar en el mundo, y que, entre más sufra una persona por otra, es más amor. ¡Agh, qué aberración!

 

¿Quién no ha escuchado la tonta expresión de que sentir celos es prueba del gran amor que alguien le tiene a otra persona? ¿Cómo? Sentir celos es de las emociones más horrorosas que el ser humano experimenta, ya que son una mezcla de odio, coraje, dolor, miedo, indignación; o sea, ¿si siento todo esto es porque te amo? No. ¿Cuántas personas pasan su tiempo cantando y sintiendo el dolor del que las canciones hablan: traiciones, tú eres mía, ya no te creo, me duele que no estés, te fuiste con otro, sin ti me muero, y viva ella la botella, y un enorme etcétera?

 

Hemos crecido con varios conceptos que solamente nos han hecho pasarla mal y, al pasarla mal, creamos situaciones de más y más frustración que, a su vez, generará más de estos sentimientos, llamémosles densos.

 

¿Qué opinas de esto que aquí presentamos? ¿Crees que tú también así lo vives y te vas creando emociones que te alejan de tu bienestar?

 

DIOSOY: Ser en esencia y en presencia Págs. 103 – 104.

 

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