¿Por qué deseamos continuidad y permanencia en una relación?

Por Claudia Sánchez Musi

Si el amor desapareciera con rapidez en todas las relaciones, no tendría caso contraer matrimonio para toda la vida. Más bien, convendría modificar las leyes y aplicar nuevas alternativas para la pareja. Desde luego, se dispone de alternativas, una de las cuales es la unión libre; sin embrago, las estadísticas, investigaciones y nuestra propia observación al respecto muestran que las parejas que eligen la unión libre, después de algunos algunos años de compartir su vida, deciden casarse.

El punto es que todos van al matrimonio con la esperanza de que el amor dure para siempre. Muchos se casan, incluso, con la idea de que el amor ira en aumento y durará hasta la vejez. Pero la capacidad de amar no es algo que posean de manera automática; se adquiere en la niñez y la juventud y luego puede seguir su desarrollo o truncarse.

La capacidad de amar se afirma con el tiempo y con las experiencias vividas, y depende de que podamos percibir todo lo que nos rodea con el corazón abierto. Así se abren por completo las ventanas del alama y se deja entrar lo que el día, la hora y cada momento traen consigo.

El amor es imposible cuando encapsulamos nuestro corazón, cuando el alma se encierra en sí misma y busca nada más que seguridad. El amor solo es posible cuando reina una apertura total, cuando el alma está dispuesta a recibir todo tipo de sensaciones y, en una palabra, a arriesgarse.

El amor nace en un instante en el que nos sentimos profundamente conectados con la otra persona. Este amor puede retenerse, pero solo vive en el ahora. El amor se desarrolla en cada momento, y cada momento contiene una eternidad. Puede durar por siempre si los miembros de la pareja logran encontrarse siempre de nuevo; entonces, es posible enamorarse una y otra vez de la misma persona si se tiene la voluntad y el deseo de hacerlo, y si este deseo y voluntad son recíprocos y llevados a la acción.

Muchas veces nos preguntamos qué es lo eterno. Si buscamos el término en un diccionario, encontraremos que es algo perdurable, infinito, interminable, inmortal, continuo e indefinido. Ninguna de estas palabras describe al amor que podemos sentir por una pareja; es decir, el amor por sí mismo no es eterno, al menos en nuestra condición de seres humanos y, por lo tanto, cambiantes.

Como ya mencioné, la capacidad de amar se adquiere en forma gradual; pues bien, la calidad de eterno del amor también se logra con mucho trabajo interno y de pareja. Una cuestión importante para que esto suceda es cambiar nuestra concepción acerca de lo que consideramos eterno.

El día de hoy es eterno porque, para empezar, no sé si el mañana llegue a mi vida. Al plantear esto queremos decir que, si en lugar de imaginar la eternidad como un tiempo muy largo, como una sucesión interminable de años, la consideramos como algo presente, dejaremos de pensar en el ayer y el mañana, y nos enfocaremos a vivir en el hoy con plena consciencia del momento. Esta concepción nos recuerda que en cualquier momento podemos despegar de esta Tierra y, por consiguiente, lo óptimo es vivir cada momento con intensidad, presentes y no ausentes.

De tal manera, la noción de un tiempo perpetuo es algo imposible de concebir, captar o experimentar en realidad. Pero el eterno ahora, este momento intemporal, es tan simple y tan accesible como tu propia experiencia presente… porque los dos son una y la misma cosa.

La eternidad pertenece a los que viven el presente y, sin embargo, parece que entre nosotros muy pocos son los que viven únicamente el ahora. Así los seres humanos que sostienen la creencia del amor eterno futuro, se les facilitaría adoptarlo hoy en sus vidas ya que, de otra manera, se posponen todo el esfuerzo y la lucha que implica conservar una relación amorosa duradera.

Si la eternidad se experimentara desde esta perspectiva, los miembros de la pareja se comprometerían más para que la relación creciera día con día y esto se volvería parte de su vida cotidiana.

Fragmento del libro de Claudia Sánchez Musi: Pacto de amor. pág. 29-30, a la venta aquí.

Acerca de Claudia Sánchez Musi

Claudia Sánchez Musi
Profunda enamorada del Alma Humana, se gradúa en Piscología Clínica, complementando su preparación académica con una serie de herramientas para la sanación. Se especializa en psicoterapia corporal Integrativa, Psicoterapia Biodinámica Boyesen y Psicología Transpersonal. Desde hace 15 años a la fecha se dedica a la psicoterapia individual y grupal así como a la creación de diversos talleres y seminarios. Impartiendo en la actualidad el seminario “El lenguaje del Alma”. Creadora del Programa terapéutico la medicina del Adiós para acompañar a personas en su proceso de separación. En el camino Transpersonal encuentra la magia y la medicina de la tierra que la lleva a estudiar profundamente los diferentes estados de consciencia y las plantas ancestrales de poder cuyo uso aplicado a la psicoterapia ha dado resultados de transformación profunda y sanación en la psique y el alma humana. Especialista en el sistema homeopático-floral “Plantas ancestrales de poder del México antiguo”. Una de sus pasiones es la escritura, autora del libro Pacto de Amor: como construir una pareja saludable. Actualmente radica en san José del Cabo BCS, entre el mar y el desierto rodeada de magia e inspiración colaborando como columnista en diversas revistas y medios. También es mamá de dos hermosos Soles, curandera de almas, y corazones rotos, temazcalera, y amante de la Vida y de la Naturaleza.