Perdonar: ¿es cierta mi historia? Parte 1

Por Lucrecia Villanueva

 

A veces, antiguos recuerdos nos asaltan, nos toman por sorpresa justo cuando creíamos haber superado el dolor de una memoria. Me imagino a los recuerdos como animales agazapados, esperando un momento de distracción para sorpresivamente aparecer. No sabemos de dónde salen, pues parecía que ya no existían, pero al escuchar una historia, una canción, al ver una escena en una película, de nuevo emergen a la superficie… Duelen y enoja que sigan presentes y te preguntas, “¡¿Otra vez?! Si yo creía que esto ya estaba resuelto y aparece desde un lugar distinto”. Estos recuerdos son una faceta no resuelta en el proceso de sanación.

 

Vamos sanando de a poco. Lo importante es no quedarse estáticos; no permitir que el resentimiento se apodere de nosotros, sanando las heridas poco a poco, como si fueran capas; reconstruyendo la confianza en la vida, en el prójimo, en nosotros mismos.

 

Una de las formas de trabajar el perdón es cuestionando si lo que nos duele es lo que realmente sucedió o si lo que duele es la historia que nos hemos venido contando al respecto.

 

Pongámoslo de la siguiente manera: si te preguntara: “¿Qué ropa traías puesta hace una semana?” o “¿Qué comiste el miércoles pasado?”, ¿lo recordarías?. A menos que haya habido un evento particular, lo más probable es que no te acuerdes. Esto se debe a que nuestra mente va liberando recuerdos de cosas que no requiere; sin embargo, cuando hablamos de nuestros recuerdos dolorosos creemos que la historia que tenemos en la memoria es cierta al cien por ciento.

 

Alguna vez escuché que, cada vez que “sacamos” de la memoria un recuerdo, al platicarlo o recordarlo, lo volvemos a guardar, pero con una modificación. Como en el juego del teléfono descompuesto en el que, después de varios “oyentes”, el mensaje se va modificando radicalmente. De igual manera, cada uno de nosotros construye una historia basada en pedacitos de memoria, y luego aseguramos que la historia es exactamente como decimos que fue; sin embargo, si no somos capaces de recordar con certeza eventos de hace unos pocos días, ¿estás seguro de que la historia que mantienes con respecto al dolor es exactamente así?

 

Mucho se dice de que el dolor es inevitable, está implícito en tener un cuerpo físico; sin embargo, el sufrimiento es opcional.

 

Sufrir es mantener en la memoria eventos que no están sucediendo ahora; por lo tanto, es dejar de ver lo que sí hay, lo que sí sucede a nuestro alrededor. Sufrir es sostener la postura de víctima, cuando las cosas pasaron hace ya mucho tiempo, cuando hace mucho que ese evento dejó de existir. Sufrir es, a veces, querer que los demás nos vean con conmiseración, y por tanto, cedemos nuestro poder al victimario o a la circunstancia del pasado. Sufrir es vivir a medias, estar dormido y continuar en la pesadilla del pasado.

 

¿Te atreves a cuestionar tu pensamiento?

 

Si vuelve a aparecer en tu memoria un evento sorpresivamente doloroso, te invito a cuestionar tanto la verdad de su existencia en este momento, como la razón por la que sostienes todavía esa historia en tu vida.

 

Lucrecia Villanueva Struck

lucrevi@yahoo.com

 

Acerca de Lucrecia Villanueva

Lucrecia Villanueva
Psicóloga experta en Regresiones a vidas pasadas, con la convicción de que cada ser humano puede ser feliz y pleno en su vida. Por lo tanto, su ámbito de acción es acompañar  a los demás a descubrirse a través de psicoterapia, conferencias y cursos, para lograr el desarrollo de su potencial. Actualmente trabaja en Regresiones a Vidas pasadas; Psicoterapia individual y de Pareja; en el ITAM, AMETEP y es entrenadora certificada de Siete Semillas de Amor y de Abundancia.