Perdona a los demás y déjalos ser

Por Edgar Martínez

 

Las personas pasan la mayor parte de su vida sintiéndose ofendidas por lo que alguien les hizo. La sorprendente revelación que te voy a hacer hoy, va a cambiar tu vida: ¡Nadie te ha ofendido! Son tus expectativas de lo que esperabas de esas personas las que te hieren. Y las expectativas las creas tú con tus pensamientos; no son reales, son imaginarias.
Si tú esperabas que tus padres te dieran más amor, y no te lo dieron, no tienes por qué sentirte ofendido. Son tus expectativas, de lo que un padre ideal debió hacer contigo, las que fueron violadas, y tus ideas son las que te lastiman.

 

Si esperabas que tu pareja reaccionara de tal y cual forma y no lo hizo; tu pareja no te ha hecho nada. Es la diferencia entre las atenciones que esperabas que él o ella tuviera contigo y las que realmente tuvo, lo que te hiere. Nuevamente, eso está en tu imaginación.

 

¿Enojado con Dios? Son tus creencias de lo que debería hacer Dios, las que te lastiman. Dios jamás ofende y daña a nadie.
Un hábito requiere de todas sus partes para funcionar. Si pierde una, el hábito se desarma; y, el hábito de sentirte ofendido por lo que te hacen otros, cuando en realidad nadie te hace nada, desaparecerá cuando conozcas mejor la fuente de las «ofensas».
Cuando nacemos, somos auténticos; pero, nuestra verdadera naturaleza es suprimida y sustituida artificialmente por conceptos que, nuestros padres, la sociedad y televisión, nos enseñan. De esta manera, crean una novela falsa de cómo deberían ser las cosas en todos los aspectos de la vida, y cómo deberían actuar los demás. Una novela que no tiene nada que ver con la realidad.

 

Las personas son creaturas de inventario. A lo largo de su vida, coleccionan experiencias: padres, amigos, parejas, etc., y las almacenan en su inventario interior. Desafortunadamente, las experiencias negativas dejan una huella más profunda en nosotros que las positivas; y, cuando una persona es maltratada por alguien, deja esa experiencia en su «inventario». De tal manera que, cuando conoce a alguien, tiene miedo, y trata de ver si la nueva persona repetirá las mismas actitudes que la que la hirió. Entonces, saca una experiencia de su inventario negativo. Se pone los lentes de esa experiencia y ve a las nuevas personas y experiencias de su vida con esos lentes.
¿Resultado? Se duplican los mismos problemas y las mismas experiencias negativas. Así, el inventario negativo sigue creciendo y creciendo hasta convertirse en un obstáculo que no te deja ser feliz; y, a medida que se avanza en años, se es menos feliz.

¿Has visto a las personas de edad avanzada y a los matrimonios con muchos años? Su inventario es tan grande que parece que la negatividad es el centro de su vida. Una y otra vez sacan experiencias de su inventario negativo ante cualquier circunstancia.
Una de las mayores fuentes de ofensas es la de tratar de imponer el punto de vista de una persona a otra y guiar su vida. Cuando le dices a alguien lo que debe hacer y te dice «no», creas resentimientos por partida doble. Primero, te sientes ofendido porque no hizo lo que querías. Segundo, la otra persona se ofende porque no la aceptaste como es. Y así se crea un círculo vicioso.

Todas las personas tienen el derecho divino de guiar su vida como les plazca. Aprenderán de sus errores por sí mismos. ¡Déjalos ser!
De igual manera, nadie te pertenece. Cuando los colonos americanos querían comprarles sus tierras a los Pieles Rojas, estos les contestaron «¿Comprar nuestras tierras? ¡Si no nos pertenecen! Ni el fulgor de las aguas, ni el aire, ni nuestros hermanos los búfalos a los cuales solo cazamos para sobrevivir. Es una idea completamente desconocida para nosotros». Ni la naturaleza, ni tus padres, ni tus hijos, tus amigos o parejas te pertenecen. Es como el fulgor de las aguas o el aire. No los puedes comprar. No los puedes separar. No son tuyos, solo los puedes disfrutar como parte de la naturaleza. El cauce de un río no lo puedes atrapar, solo puedes meter las manos, sentir el correr de las aguas entre ellas, y dejarlo seguir. De la misma manera, las personas son un río caudaloso. Cualquier intento de atraparlas te va a lastimar. Ámalas, disfrútalas y déjalas ir.

 

Entonces, ¿cómo puedo perdonar?

1) Entiende que nadie te ha ofendido. Son tus ideas de cómo deberían actuar las personas y Dios las que te hieren. Estas ideas son producto de una máscara social que has aprendido desde tu infancia de forma inconsciente. Reconoce que la mayoría de las personas nunca van a cuadrar con esas ideas que tienes, porque son ideas falsas.

2) Deja a las personas ser. Deja que guíen su vida como mejor les plazca. Es su responsabilidad. Dales consejos, pero permite que tomen sus decisiones. Es su derecho divino por nacimiento: el libre albedrío y la libertad.

3) Nadie te pertenece. Todos formamos parte del engranaje de la naturaleza. Deja fluir las cosas sin resistirte a ellas. Ama y deja ser.

4) Deja de pensar demasiado. Ábrete a la posibilidad de nuevas experiencias. No utilices tu inventario. Abre los ojos y observa el fluir de la vida como es. Cuando limpias tu visión de lentes obscuros y te los quitas, el resultado es la limpieza de visión.

5) La perfección no existe, es un concepto creado por la mente humana que, a un nivel intelectual, se puede comprender, pero, en la realidad, no existe, porque es un concepto imaginario.
6) Intoxícate con la vida. La vida real es más hermosa y excitante que cualquier idea que tienes del mundo.

7) Imagina a esa persona que te ofendió en el pasado. Imagina que ambos están cómodamente sentados. Dile porqué te ofendió, escucha su explicación amorosa de porqué lo hizo y perdónala. Si se trata de un ser querido que ya no está en este mundo, utiliza esta dinámica para decirle lo que quieras. Escucha su respuesta y dile adiós. Te dará una enorme paz.

8) A la luz del corto período de vida que tenemos, solo tenemos tiempo para vivir, disfrutar y ser felices. Nuestra compañera, la muerte, en cualquier momento, de forma imprevista, nos puede tomar entre sus brazos. Es superfluo gastar el tiempo en pensar en las ofensas de otros. No puedes darte ese lujo.

 

9) Es natural pasar por un periodo de duelo al perdonar. Deja que tu herida sane. Descárgate con alguien para dejar fluir el dolor. Vuelve a leer este artículo las veces necesarias y deja que los conceptos empiecen a sembrar semillas de consciencia en tu interior. Aprende con honestidad los errores que cometiste, prométete que no lo volverás a hacer y regresa a vivir la vida.

 

10) Finalmente, como dirían los Beatles, Let it be! Deja al mundo ser y déjate ser a ti también.

Edgar Martínez

Fuente: serluna.com

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