No quiero tener la razón

Por Alicia Infante

Cuando nos enfrentamos a una discusión con alguien querido, inmediatamente buscamos en nuestro diálogo interno todos los motivos por los cuales tenemos la razón. Eso nos hace sentir bien y, por ese motivo, la discusión o desavenencia está justificada, lo que, en muchas ocasiones, crea brechas más profundas en las relaciones.

 

Tener la razón implica ver solo un lado de una situación y no nos lleva, de ninguna manera, a un crecimiento personal, todo lo contrario. Por lo mismo, en mi consultorio, siempre les digo a mis pacientes, sobretodo a los que vienen a terapia de pareja: “Si lo que quieres es tener la razón, busca otra terapeuta”.

 

En lo personal, yo trabajo mucho con el principio de “el otro no existe en terapia”, ya sea individual o de pareja, y lejos de analizar los actos o “errores” del otro, llevo a mis pacientes a ver solo hacia su interior; de esta forma el trabajo es mucho más profundo, sin importar lo que haya sucedido.

 

Hace poco, llegó a mi consultorio una pareja que se está separando. La queja de ella era que él no la había querido más que por su dinero, y una vez que el dinero se había acabado, se acabó el amor de él por ella. La queja de él era que ella era controladora, demandante, poco cuidadosa de su persona.

 

Al invertir el trabajo y preguntarle a ella por qué estuvo tantos años casada con un hombre que, desde su punto de vista, solo quería su dinero y no a ella, salieron temas muy profundos en los que ella se dio cuenta de la manera en la que se devaluaba a ella misma; de cómo no se sentía lo suficientemente buena como para que un hombre la quisiera por quien es y no por su dinero. Entonces pudo ver, con mucha claridad, que era ella quien le daba mucha importancia al dinero que había heredado de su familia, y como eso la ponía en un lugar más “alto” en relación a su pareja, esto la ayudó a darse cuenta de que era ella quien en realidad lo despreciaba a él por no estar a la altura y poderle dar la vida que ella siempre había tenido económicamente hablando.

 

Una vez que ella se dio cuenta de todo esto, viéndose y analizándose a ella misma y no a él, pudo separarse, tomando su responsabilidad en el desgaste de su matrimonio, lo que le dio una perspectiva más profunda de ella y de su forma de vincularse con su ex esposo.

 

Él, por su lado, pudo darse cuenta de cómo permitió ser controlado, ya que esta postura era más cómoda, pues el reto económico era muy grande para él y, a pesar de querer y apreciar a su esposa más allá de la parte económica, él nunca sentó su precedente en cuanto a lo que podía aportar, además de lo económico, para que hubiera más equilibrio en la relación. Él, de alguna forma, se despersonalizó al permitir ser controlado, y esto le dio una perspectiva diferente que, aunque dolorosa, lo hizo crecer mucho como persona, viendo a su esposa bajo una perspectiva diferente.

 

Ambos pudieron ver su responsabilidad al tomar la decisión de separarse sin querer tener la razón, y esto ayudó a que la separación fuera mucho más amable y pudieran llegar a acuerdos en relación a sus hijos y otros temas, de una forma más madura, sufriendo menos la ruptura final.

 

Querer tener la razón casi siempre nos lleva a separarnos del otro, y no nos ayuda a ver con claridad, desde una perspectiva diferente, volteando a ver hacia nuestro interior.

Acerca de Alicia Infante

Alicia Infante
Diseñadora de modas de origen, la inquietud por conocerme mejor, me llevó a estudiar psicología a una edad madura. Terminé la maestría en terapia de pareja y a lo largo de todos estos años de estudio he descubierto que somos seres con infinitas posibilidades. Son estas posibilidades que se han abierto en mi vida las que comparto día a día con mis pacientes en una mágica retroalimentación que sana nuestras almas. Al ser de corriente Junguiana, parte de esta magia ha sido aprender a reconocer todos los arquetipos que viven dentro de mí en su lado tanto luminoso como oscuro para ir, poco a poco, integrándolos en un proceso de mucha riqueza personal no exento del dolor que implica a veces el crecimiento espiritual.