Muerte

Por José López Guido

En este momento de mi vida hay un hecho desagradable e inevitable. Estoy alarmado, no sé cuándo, pero sé que vendrá en cualquier instante. ¿Será que siento cerca el frío aliento de la muerte? ¿Será que siento la negra noche cubriendo con su manto mi vida?

Todo comenzó hace unos días: fui sorprendido por un escalofrío y me pareció ver de reojo una pálida presencia, tan pálida como la cera, tan pálida como sin vida, tan pálida como la misma muerte. En ese instante comprendí que lo inevitable, lo único inevitable, se acercaba a mí, o yo me acercaba a ello. Entonces vi deslizarse ante mis ojos imágenes de otros tiempos, imágenes de navíos incendiándose en el mar y caballos con jinetes, y vi también a mujeres aterradas con sus hijos en brazos, corriendo… y vi a un anciano muriendo y cabezas rodando; muchedumbres vociferando; tanques de guerra rodando sobre escombros humanos, y vi ciudades arrasadas por el poder humano y sentí náuseas y un remolino oscuro me tragó.

En medio del remolino y de la oscuridad, escuché lamentos de miles de personas y sentí la mirada del reclamo y entre ellos vi caras conocidas y cosas que yo he vivido.

Desde entonces no duermo y pido a mis familiares que estén conmigo, con el pretexto de que no puedo dormir, que tengo frío, que tengo calor, que me duele aquí, que me duele allá. La verdad es que no quiero encontrarme a solas, porque, cuando estoy a solas, esa fría presencia viene y quiere que la escuche, pero yo no quiero escuchar nada.

Me siento atormentado, constantemente vienen recuerdos de mi infancia y me veo nuevamente viviendo cosas que ya viví. No puedo más, quisiera esconderme para no sentir todo esto, pero, ¿dónde? ¿En el regazo de mi madre? ¡No!, porque siempre prefirió a mis hermanos. ¿Cerca de mi padre? ¡Tampoco!, él siempre estuvo lejano. ¿Con Dios? ¡Cómo!, si he tenido una vida que no es ejemplo para nadie. ¿En el Templo? ¡Menos!, allí señalan mis errores y me amenazan con penas eternas. ¿Irme con la muerte y encontrarme con demonios incansables que me han de torturar? ¡Más torturas de las que he vivido! ¿Dónde podré estar en paz?

Mi cuerpo ya no me obedece, quiero moverme y no puedo, quiero hablar y mi lengua ya no responde. Luego, no entiendo lo que me dicen, siento en vez de sangre correr por mis venas un líquido helado que me hace alejarme de este cuerpo.

Pero, ¿a dónde voy? Ahí están mis familiares que ya murieron. ¿Qué es lo que me dicen?, ¡que no hay torturas eternas, solo las que yo mismo forjo en mi mente! ¡Que Dios no castiga! ¡Que el que se castiga soy yo por mis propios sentimientos de culpa!

Ya veo claro, el miedo que siento es producto de mis mismos resentimientos, por lo que debo perdonar para ser perdonado; que, mientras yo siga maldiciendo a los que me dañaron, me daño a mí mismo.

Ya entiendo, para sentirme bien debo permitir que todos estén bien, y entonces yo estaré bien. ¡Que debo perdonarme a mí mismo! Si yo me acepto estaré bien. ¡Así que todo depende de la forma en que me vea! Si me veo con amor, recibiré esa luz y este agradable calor.

Ahora comprendo: lo que tanto me aterraba, era proyectado por mis miedos y mis resentimientos; yo le doy la forma que deseo con mi aceptación o mi rechazo. Ahora es un luminoso ángel. ¡Tanto miedo a mi propio ángel guardián!

Qué tonto he sido, mis propios miedos me torturaban, no hay nada que temer, ya que con mis pensamientos creo las formas. Me permito dirigirme hacia la luz, me permito agradecer a mi madre y a mi padre por darme la vida. Agradezco a mis hermanos por convivir conmigo, a todos aquellos que me dieron su calor, a la Tierra que me permitió pisarla y a todos los que de una u otra manera tuvieron que ver conmigo en esta existencia; a mis guías y protectores espirituales, que dirigieron mis pasos; y a este bendito cuerpo, que es mi centro de vida y fuerza. Me permito entregar este marchito cuerpo. Me permito renacer nuevamente siendo luz y consciencia.

Soy eterno, como mi Padre.

Soy eterno, soy luz, soy parte de la creación, soy parte de Dios.

José López Guido

Extracto de su libro: La Magia del Amor. pág. 224-225

Si quieres contactar con José, escribe a hola@www.iosoi.la para enterarte de sus talleres.

Acerca de José López Guido

Avatar
José López Guido nació en la Ciudad de México. Investigador, discípulo de la Escuela Esénica, fundador del Centro de Estudios Metafísicos “Sir Arthur Conan Doyle”, autor de los libros El séptimo día y La magia del amor, ha desarrollado el modelo terapéutico de rápidos, efectivos y trascendentes resultados basado en la terapia de regresión y en el comportamiento de las leyes naturales, así como en las variadas corrientes de crecimiento, tanto orientales como occidentales, que van desde la aplicación de la energía de la kundalini o la meditación hasta la de los principios que rigen la alquimia, lo que comprende la psicología transpersonal. Actualmente radica en la Ciudad de México e imparte varios cursos de crecimiento personal estructurados por él mismo, como: Liberación interior, Crecimiento 1 y 2, Formación de terapeutas, instructores en relaciones humanas y desarrollo transpersonal, y Las sendas del Chamán.