Mi encuentro con Ávalon

Por Susana Gracida

Había escuchado de este lugar mítico entre películas y lecturas sobre Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda, Merlín , la maga Morgana y el Hada del Lago; y claro, la Espada Excalibur. Era tanta mi pasión por estas historias que cada mascota que tenía se llamaban como alguno de estos personajes. Mi corazón se agitaba con la esperanza de conocer este espacio lleno de leyendas, magia y amor. Y yo solo sabía que dicho lugar se encontraba en algún punto en el eterico del cielo de Glastonbury .

Mi encuentro con esta leyenda se dio cuando fui a ver a mi maestra Nina Llinares en España. Durante mi viaje, la acompañé en algunas de sus clases a través de España, y asistí con ella a una meditación guiada en Terragona, en donde teníamos que contactar con la triple diosa Bridget.

En dicha meditación, se suponía que la diosa nos tenía que dar un medallón de oro, pero a mí me dio un medallón de abulón. Cuando nos preguntaron cuál había sido nuestra experiencia, yo, un poco avergonzada, le respondí que a mí no me había dado un medallón de oro, sino de abulón. Ante tal respuesta, Nina me miró sorprendida y me dijo, “La diosa te está llamando, el abulón es su símbolo en Ávalon. Te tengo que llevar ahí”. Mi corazón se quería salir de mi pecho. Por fin se cumpliría mi gran sueño.

El día en que llegamos a Glastonbury pasé toda la noche soñando con diosas y hadas, brujas y sacerdotisas; y, sin embargo, a la mañana siguiente no sentía el no haber dormido; al contrario, tenía una vibración en todo el cuerpo que me producía la excitación de por fin estar ahí.

El primer lugar al que fuimos fue al Thor, estructura que se puede observar desde muy lejos, pues es una torre muy grande que parece ser una gran antena. Nina me comentó que ahí convergen siete líneas ley, y que ese montículo, en tiempos ancestrales, era el lugar en donde las sacerdotisas de la diosa se reunían para sus rituales.

Antes de subir, mi maestra me llevó a una calle angosta, en dónde sacó un artefacto que resultó ser un vaso que se desdoblaba. Me miró y me dijo, “Para subir, como parte del ritual, debes de tomar de las dos aguas, la blanca y la roja. Te pido, por favor, que la roja, que te sabrá a sangre por su gran cantidad de hierro, la tomes con respeto y no con asco”. Después de la advertencia, me acerque a ella, olvidando la palabra sangre, la bebí y, efectivamente, sabía mucho a hierro; de hecho, el grifo de donde salía esta agua estaba pintada de rojo por esta misma razón. Después, me atravesé al otro lado de la calle y bebí del agua blanca. Me llamó la atención que en la pared donde estaba este grifo había cristales incrustados, haciéndola una pared llena de colorido.

Después del ritual del agua, nos dirigimos a subir al Thor. Pasamos por una puerta de madera, que era una especie de trampa para que no pasaran los borregos que andan por ahí, y empezamos a subir. Nina iba delante de mí, abriendo camino. Me había dado un par de plumas para usarlas cuando llegáramos a la cima.

En un punto me detuve a leer en el piso una frase que alguien pinto muy certeramente: “¡Sigue adelante!”. Cuando faltaban unos metros, mi guía me dijo, “De aquí sigues tú primero, yo te sigo”. La vi, agradeciendo este gesto, y me paré ante los escalones que estaban enfrente de mí. A cada lado vi dos grandes borregos flanqueando las escaleras. Estos borregos parecían ser los guardianes, pues me voltearon a ver con cierta autoridad, por lo que les pedí permiso para seguir. Después de hacerlo, en perfecta sincronía, ambos volvieron a comer el apetitoso pasto, y yo seguí mi camino.

Al llegar a la cima, Nina me pidió las plumas, me abrazo por la espalda y pidió al viento que limpiara mi energía y mis emociones. Ella lo hacía con la pluma blanca y yo con la pluma negra. Entonces me pidió que las tomara con ambas manos y las alzara hasta que llegara un golpe de viento y se las llevara. Así lo hice, y un gran soplo de viento se llevó ambas plumas. Me sentí liberada, y al ver al otro lado de la colina, donde Nina me marcaba que estaba Ávalon, me sentí conectada desde otra realidad. Aún no me iba y ya quería regresar.

Cuando Nina vio que estaba experimentando todo tipo de emociones, me miró y me preguntó: −¿Qué estás pensando justo ahora? −a lo que yo respondí: −Estoy pidiendo regresar. Ante mi respuesta, Nina sonrió y me dijo, −Yo creo que ya te lo concedieron, porque acaba de pasar un avión justo arriba de nosotros, y eso es muy raro por aquí.

Poco después fuimos al Chalice Well, en donde, según dice la leyenda, José de Arimatea escondió el Santo Grial. Aquí, Nina me dijó: “Este es un lugar de peregrinación, y no hay nadie aquí ahora. La diosa te está permitiendo estar sola. Yo te espero en la entrada”. Me quede a meditar en ese hermoso lugar, observando cada espacio que estaba ahí. Justo enfrente de mí estaba una banca en donde se dice que existe una sacerdotisa que te contacta. A mi izquierda estaba una pequeña estatuilla de una madre con su hija, y el imponente Chalice Well. Entonces, me dirigí hacia la banca de la sacerdotisa, y orando pedí a la diosa que me permitiera estar a su servicio. Quería quedarme ahí, pues sentía que pertenecía a ese lugar, pero, poco a poco, una certeza me invadió: podría regresar cuando quisiera. Ya no correspondía que me quedara ahí, pues mi camino en esta vida ya era otro.

No muy conforme, pero aceptando esto, me di cuenta, después de una hora de estar sola ahí, que estaban llegando peregrinos, y supe que era hora de despedirme del lugar. Agradecí el que me permitiera el universo estar ahí, y me fui en busca de Nina, quien ya me estaba esperando.

En mi recorrido también visité otros lugares, como la iglesia de María Magdalena y la tumba del Rey Arturo; sin embargo, el Thor y el Chalice Well robaron mi corazón, pues en estos lugares recibí muchas señales de la diosa, con varios animales de poder.

Agradezco el poder compartirlo con ustedes.

Acerca de Susana Gracida

Susana Gracida
Estudié comunicación y relaciones públicas, y la maestría en psicoterapia Gestalt. Doy clases de desarrollo humano e inteligencia emocional para diferentes instituciones como Seguridad Pública, Instituto Politécnico Nacional, PEMEX entre otras. Soy terapeuta holística, así que manejo diversas técnicas como: Cromoterapia, Flores de Bach, Aromaterapia, Cuencos Tibetanos, EMF, EFT, Thetahealing, Masaje Atlante, Cristales de Cuarzo... Todas estas las agrupo en una técnica que llamo "Terapia Bio-psicoenergética" y he creado una técnica para reconectar con la fuerza femenina. Asimismo, escribí un pequeño manual de trabajo personal llamado “Liberaciones”, del cual imparto un curso cada 3 meses. También estoy compartiendo al mundo un Oráculo Alquímico.