Mi corazón es mi Maestro

Por Alex Slucki

 

 

En el año 2000, viajé a una comunidad en Virginia, Estados Unidos, para conocer a quien creí que sería mi Gran Maestro. Me lo habían presentado, si bien telefónicamente, dos personas muy cercanas a mi corazón en quienes confiaba y aún confío plenamente, y que estaban siguiendo muchos de los lineamientos del que llamaremos su Gurú. Este Gurú, a su vez, había heredado gran parte de sus conocimientos de otro Gran Maestro de la India, Swami Muktananda, a quienes muchos podrían reconocer por una de sus discípulas más populares, la famosa Gurumayi.

 

La cadena de herencias en torno a la sabiduría que brinda una esperanza de iluminación a nuestro planeta podría ser muy extensa; sin embargo, el maestro de Virginia, quien había adaptado los conocimientos de Oriente a la tecnología de Occidente, lejos de darme la bienvenida con brazos abiertos a su comunidad, me puso a trabajar de inmediato en una oficina, y tuve que dedicarme por días enteros, hora tras hora, a tachar fechas y errores con un marcador pestilente en un ambiente que estaba muy lejos de sugerir algún avance positivo en dirección de mi aprendizaje espiritual.

 

Si bien me adapté a la situación lo mejor que pude, me sentía desconcertado: este Gurú Moderno quería que me olvidara de mi trabajo de canalización con los ángeles; hacía comentarios burlones del Reiki (“Reiki… Shmeiki”, decía), descartando cualquier disciplina que no se acomodara a sus lineamientos en el contexto de su comunidad, y descalificando toda técnica o experiencia externa, en cuyo esquema no cupiera lo que él intentaba inducir en sus alumnos.

 

La visita de cinco semanas no fue todo incomodidad: se practicaba una meditación deliciosa y estimulante; la alimentación era más que sana y sugería una dieta recomendable para cualquiera que busque la vitalidad. Despertarse temprano, caminar en el bosque, asistir a los seminarios y escuchar sus conferencias: todo formaba parte del mismo entramado con el cual se generaba una aparente armonía en la comunidad. Sin embargo, muchos de los que formaban parte de su staff no parecían ni claros, ni satisfechos. Es muy común que una persona deje de respetarse a sí misma a los pies de su Gurú.

 

Sin lugar a dudas, reconozco que estos lugares ofrecen oportunidades fuera de serie para alejarse de la civilización, entrar en el necesario estado de silencio interior, concentrar también la energía y enfoque en el crecimiento propio. Sin embargo, cuando el líder de esta realidad aparte comienza a ejercer un control excesivo sobre su gente, y a impedir que se cuestionen sus métodos o se practiquen técnicas alternativas que llaman nuestra atención, es tiempo de revisar si no hemos perdido la brújula y al maestro que habita en nuestro interior.

 

Nadie, NADIE, repito, puede ni debe atentar contra el llamado de nuestro propio corazón. Si el Maestro o Gurú es el reflejo de nuestro desarrollo consciente, podemos disfrutar de su influencia y compañía, y también de los lineamientos mediante los cuales intenta ayudarnos a encontrar nuestro verdadero ser. El riesgo que observo es la infelicidad y el miedo que se respiraba de forma muy velada en esta comunidad, al tener a un líder que gustaba de vanagloriarse, arrojar frases al aire con tintes de manipulación y, como él mismo confesara una década después, le convirtiera en un Terrorista Espiritual.

 

¿De verdad es tan complicado escuchar a nuestro propio corazón? Si yo hubiese hecho caso omiso del mío, es probable que me hubiese mudado en ese entonces a la comunidad de Virginia.

 

“Ya de por sí, estás muy grande para hallar la iluminación”, me dijo aquel Maestro, pero mi corazón deseaba y me decía algo muy distinto. La confusión de esos tiempos fue breve pero suficientemente intensa para decidir, de una vez por todas, que mi verdadero y único Gurú sería mi corazón.

 

¿Mi sugerencia? Escucharte primero, sobre todas las cosas e identificar tu estado de ánimo como el termómetro perfecto de lo que anhelas, de lo que necesitas, lo que tu esencia rechaza o a lo cual se siente atraída. De ese modo, jamás tendrás que buscar referencias externas cuyo criterio supere lo que tú sabes de ti. Pues tu verdad resulta insustituible. ¿No crees, entonces, que vale la pena prestarle la atención que siempre ha merecido? Te lo digo yo, que estuve a nada de ser rehén de un falso Maestro: no tendrás mejor guía que la que reside en tu interior.

 

Alex Slucki

 

 

Acerca de Alex Slucki

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Mi pasión es trabajar con los Arcángeles y Maestros Ascendidos de quienes he aprendido la mayor parte de lo que sé. A lo largo de 20 años sus enseñanzas se han convertido en todo un sistema para el desarrollo Integral del ser humano, abarcando todos los temas universales que comprenden una vida en la Tierra y también en conexión con el Cosmos. Busco a través de mis técnicas elevar la consciencia del Ser, incrementar la vibración de amor, luz, prosperidad y bienestar de nuestra propia frecuencia y del planeta y lograr la Interconectividad de todos los seres con las otras dimensiones. Los Mensajes de los Arcángeles y los Maestros Ascendidos son la base para lograr un continuo crecimiento y, ya sea de forma paulatina o espontánea, experimentar nuestro máximo potencial y también nuestra iluminación. Al lado de Jorge Medina Velten, hemos fundado el proyecto Cielo-Tierra mediante el cual ofrecemos salud integral de cuerpo, mente, emociones y alma. Jorge me complementa dando masajes para que la energía que se mueve en las sesiones quede bien integrada y aterrizada. Hemos realizado este trabajo juntos por cerca de 13 años y en varios países como: México, EU, Canadá, España, Guatemala y Holanda.