Media mujer o mujer a medias

Por Ruth Reséndiz

 

Para ejercer la misoginia, ciertas mujeres mexicanas se pintan solas. Basta con escuchar la lista de múltiples y tremendas predicciones o, más bien, maldiciones que escupen, sin pudor alguno, ante uno de los acontecimientos más placenteros de la vida femenina: la histerectomía.

 

Para este segmento de la población femenina, la pérdida del útero las reduce a un ser mutilado, desechable y sospechoso, sin más alcance que el de fregar platos y cocinar para otros. Su vida se divide en la más primitiva forma de existencia: antes de la reproducción y después de la misma.

 

Aquellas mujeres, con un gesto reprobatorio y mucho veneno, se yerguen para enumerar los efectos secundarios de dicha cirugía: depresión aguda, aumento de peso (que con ninguna dieta podrá ser eliminado), sueño letárgico que impedirá el desarrollo de las actividades cotidianas o bien, insomnio perpetuo; así como cambios radicales de humor, alopecia, exterminio de la vida sexual y, una de mis favoritas, “de ahí en adelante no querrás quitarte las pantuflas jamás”.

 

Si bien la susodicha “desmatrizada” podrá presentar uno o todos los síntomas arriba expuestos, la voz general dicta que de ahí en adelante esta mujer, antes fértil, entra a una nueva categoría: la media mujer.

 

¿Qué es una media mujer? ¿Cuál de sus partes la delata ante los demás como un simple “avatar” de sí misma? Si una fémina opta por no tener hijos ¿ha vivido a la mitad? ¿o es una persona no completa?

 

Debo confesar que cuando entré al quirófano para “quitarme la matriz”, las voces de este coro femenino cosquilleaban dentro de alguna de mis partes, y rogué al cielo que fuera en el pedazo a extirpar. No me gusta escuchar estos disparates dentro de mi cuerpo. Me ofenden, me asustan y creo, hasta me convierten en una mujer a medias.

 

Tras una breve convalecencia fui descubriendo el feliz bienestar de mi reciente despojo. Como dicen por ahí, de fábrica de muñecos, mi vida sexual pasó a ser un verdadero parque de diversiones. No solo la sexualidad fue más placentera, sino que mi calendario lunar no tuvo más baches; podía nadar el día que quisiera, se me olvidaron los cólicos, las toallas sanitarias, los accidentes en los pantalones, y mis noches antes “menstruosas” fueron anécdotas del pasado.

 

Al día de hoy puedo manifestar lo siguiente: mi peso sigue siendo el mismo, el humor está bajo control, duermo lo necesario, la cantidad de cabello no ha variado, uso pantuflas cuando se me da la gana y no hay quejas sobre mi vida sexual. Pero eso sí, sigo trabajando en ser una mujer completa. Desgraciadamente, me quedo con la eterna duda: ¿Habrá manera de remover quirúrgicamente a estas mujeres a medias?

 

Ruth Reséndiz

Acerca de Ruth Reséndiz

Ruth Reséndiz
Nací hace casi medio siglo en la región más transparente (como llamó Alejandro de Humboldt a esta bella ciudad), no me ha tocado cristalina, pero me sigue acariciando hasta el día de hoy. Tengo estudios en música, comunicación, literatura, cine y filosofía. Me ocupan, principalmente, las mini ficciones, pues me permiten trabajar con conceptos abstractos, referentes colectivos y emociones. Me fascina el género humano e irrumpir en lo más profundo de sus pulsiones.