Los súper poderes del placer

Por Krista Kujat

El placer es un golpe deslumbrante de vida derritiéndose en tus células, causando que, por un momento, te desconectes de tu cerebro, recordando que naciste para ser feliz y no para sufrir pena o culpa o dolor. El placer está ahí para recordarte que naciste para trascender tus limitaciones humanas, no para ser atrapadas por ellas.

El placer es la suma de todos tus súper poderes reunidos como en una cumbre de la ONU, validando tu felicidad única en el planeta Tierra, y celebrando lo que tu cuerpo nació para ser.

El placer no se trata de escapar sino de ser real.

El placer es más que tu identidad, tu educación, tu inteligencia, tu valor, tus calificaciones, tus gustos, tus planes, tu memoria, tus especulaciones, tus opiniones, tus buenas acciones y tu determinación, tus afirmaciones positivas y tus negaciones negativas. Es más que tu necesidad de ser vista y que tu necesidad de anonimato. Es más grande que tu tribu, tu vibra y tu automóvil. Es más grande que las camadas que das a luz, los súbditos que has reinado y la aprobación que has conseguido.

El placer es la danza de tu alma en forma humana: alegría pura.

El placer es un río. No lo puedes controlar. Solo corre por tu paisaje pre construido y activa la creencia de que debes tener el control para sentirte segura. Te da las armas para saber que hay más en la vida que sobrellevar las cosas, que sobrevivir el día. Te recuerda que hay mucho más que acumular logros, que buscar algo, que ser incansablemente todo aquello que aprendiste a ser. Te recuerda que hay más en la vida que hacer planes o maquinar trampas para erradicar los descuidos de tu mente. Es la solución para todas tus nociones conflictivas de lo que debería y no debería ser. Es el extirpador de tu pena. El placer es tu agente, tu detective privado, tu guía hacia el reconocimiento último de merecer lo que mereces.

El placer es la aurora boreal de tu psique bailando a través del cielo, siempre cambiando y transformando el momento. Así como la aurora boreal necesita un cielo frío y limpio para aparecer, tú necesitas desconectar tu cerebro y dejar de “hacer” cosas para sentir placer.

El placer te desconecta del hacer y te conecta con el ser.

El placer no requiere hojas de cálculo, horarios, transporte, caminos rápidos, pasaporte, licencias de manejo, seguro social, nombres, roles, títulos, direcciones, contraseñas, direcciones IP, códigos, programas, procesos o talleres.

El único sistema operativo requerido para el placer es estar ahí, prestar atención y sentir.

El placer triunfa sobre tus planes, tus diarios, tus aparatos para medir, tus enseñanzas, tu síndrome de niña buena o niño malo; sobre tu resuelta resolución, tus cólicos, tus antojos, tus ahorros o tu necesidad de sofocar tus nervios. El placer triunfa sobre el inmortal deseo de tu madre de protegerte y la inmortal necesidad de tu padre de proveerte de algo valioso.

El placer te regresa a ti misma. A la versión completa. La versión no editada. La versión no apologética. La versión no disuelta. La versión no rota. La versión “claro que es así”. A la versión pura.

El placer es el vínculo entre la expresión pura de tu alma y la expresión pura de tu cuerpo.

El placer es la llave de la compuerta en tu represión.

Y, aún así, hace mucho tiempo…

Las fechorías del placer fueron mal juzgadas por las mal construidas nociones que fueron robadas por la pena, por las necesitadas nociones de “no es suficiente” y los gritos chillones de “no es adorable”. Entonces, la gente huyó del placer para ganar una sensación de redención; para aferrarse a la validación de que eran o son o han sido merecedores de algo. La gente luchó como cucarachas buscando placer, para así llenar el vacío: un pozo tapado o un túnel oscuro. La gente huyó en masas buscando el placer a través de la fuerza, a través del consumismo, por intercambio, por medio de un pago, un crédito, un favor… y simplemente olvidaron. Igual que caminar hacia un prohibido snack nocturno, caminaron hacia la cámara del placer, como sonámbulos hambrientos, esperando y deseando ser complementados. Y, en lugar de llenar sus venas con gratitud por el placer, esto validó su deseo adictivo por algo más. Porque estaban muertos por dentro.

Cuando, en realidad, siempre estuvo ahí. El placer ya estaba viviendo y respirando dentro de sus células. Pero, en su olvido, buscaron el placer como una droga, como una dosis de heroína, o una botella de Jack Daniel’s. El deseo sexual fue consumido en lugar de ser conseguido. Se le tomó como una descarga, una descarga de adrenalina, una fuerza, como una compulsión en un momento fugaz de estimulación excesiva. Fue abusada en lugar de ser apreciada. Se volvió insaciable, en lugar de satisfactoria. Fue maltratada, en lugar de saboreada.

 

Si tan solo respiraran profundamente y escucharan el deseo de su corazón, entonces, cada encuentro con el placer se volvería un acto de iniciación, acercándose a algo más divino, más completo de lo que hayan conocido antes.

Entonces, podrían apreciar el placer. Se deleitarían en él.

Y sabrían que el placer es su guía para sentirse vivos, plenos y completos.

Traducción para diosoy.com Anabel López Molina

Acerca de Krista Kujat

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Krista Kujat, fundadora de Permission Sessions. Como autora, conferencista y evangelista apasionada por los deseos, el placer y la sanación de las mujeres, Krista ofrece un profundo cambio de perspectiva sobre la sexualidad y la sensualidad, guiando a las mujeres para empoderarse a sí mismas con placer y para alcanzar su máxima expresión.