Los piratas

Pensando en los hombres que tocaron mi vida y mis sentimientos… y mi cuerpo; momentos especiales para mí en los que, creyendo que el amor era eso, me inspiraba a enamorarme, a creer en sus palabras, en sus sentimientos. Algunas veces acerté y tuve experiencias muy plenas y, en otros, me desilusioné, dándome cuenta de que solamente era por  ego que querían poseerme, para luego olvidarse de mí, y claro, por otro lado, mi ego romántico actuaba, creyendo que mi vida era una novelita rosa.

Pero bueno… (suspiro) los hombres…
los piratas, los he llamado y, generalizando, confieso que muchas veces los desprecié, los ignoré, los condené.
Al fin, esas heridas, cicatrices de otros tiempos, fueron sanando y hoy investigo de nuevo, esas maneras “mías” de relacionarme, bajo nuevos ojos de inocencia y compasión, dándome cuenta de que también hay hombres muy buenos y nobles. Mi hijo, es uno de ellos.

He visto muchas cosas, ninguna me ha impactado tanto como ver las maneras en que se ha educado a los varones de mi generación. Ya todas lo sabemos: los hay desordenados, desinteresados, muchos de ellos también muy egoístas. Ellos quieren ser los que mandan, los que tienen la razón, esperando que las mujeres los amemos hasta la muerte, y que les sirvamos en todo, siempre.

Este paradigma, antiguamente, tenía sus razones, mas ahora, en estos tiempos en los que las mujeres podemos estudiar, ser independientes económicamente y compartir con ellos los gastos, es ya la hora de que encontremos nuestra soberanía. Está bien llevar nuestras relaciones a ser partners, “compadres”, amigos, amantes, compañeros… ¡Al fin!, luego de centurias de malas historias, podemos.
No obstante, todavía hay “chavos” (a propósito, no les llamo hombres) que se las creen con el machismo y todo lo que eso conlleva. Así que la pregunta es: ¿Cómo podemos, nosotras mujeres, ayudarlos? Porque, en realidad, en el fondo, ellos necesitan quien los ayude, quien los eduque, para lograr redimirse, para poder sanar. Claro que sin caer en el rol de mamás, porque lo hemos hecho, y en absolutamente nada nos ha ayudado.

Ante lo anterior, sugiero atrevernos a expresar todo lo que sentimos, de manera respetuosa, amable, con amor y humor; y allí es donde necesitamos sanar nosotras, dándonos permiso de hablar, de ser claras, íntegras y maduras y, además, llenarnos de compasión, pues ¿de dónde vienen esas actitudes? ¿Por qué será que nuestros hombres necesitan controlarnos? ¿Qué será lo que se esconde debajo de esa coraza dura que nos muestran? Y ¿Cómo podemos ayudarles a quitarse la armadura y
hacerles saber que no necesitan probarnos nada, que pueden abrir su corazón y ser vulnerables, aceptarse a sí mismos y, sobre todo, a ser verdaderos? 
Borrar paradigmas obsoletos…
Dime tú.

Acerca de Aumrak Sapper

Aumrak Sapper
Mi camino espiritual comenzó muy temprano en mi vida con
una niñez muy bella en el campo y una familia amorosa y creativa. Parte de mis procesos formativos y educacionales fueron mis estudios en Europa, en Pedagogía y Psicología, en Graz, Austria. En mi vida he viajado más, leído mucho y he tenido experiencias que disfruto compartir como cuentacuentos.
Mi servicio inició cuando me decidí a ser parte del proceso de transformación de nuestro planeta hacia una octava superior de consciencia. Mis maestros son todos ustedes, en todos lados. Mis guías espirituales me permiten escucharlos claramente. La Naturaleza me habla y me pide ayuda. Vivo hoy. Mi maleta contiene todo lo que necesito en 25 kilos. Tengo una preciosa familia espiritual que se extiende en muchas partes y compartimos, en Ceremonia, los espacios sagrados para sanar a la Madre Tierra y a nosotros y a todos. Doy siempre lo mejor de mi Ser, sabiendo que la Inspiración viene en el momento apropiado y lo que digo es lo que hay que decir. Sigo el Calendario maya y ya cumplí 91.36 años. Me encanta compartir con el Oráculo Maya porque resuena en el corazón y ayuda a recordar a la persona quién es su Ser Interno. Doy todo de mí en los talleres que organizamos, pues sé que cada persona que viene, está lista para la Gran Transformación. Ahora leo poco, escribo más. Busco la creatividad, la espontaneidad y la integridad a cada paso. Siempre bendecida por la Gracia Divina, recorro el mundo, sembrando.