Los ángeles y el Velo del olvido

Por Alex Slucki

Olvidar quiénes somos dista mucho de significar

“dejar de ser quienes somos”.

Alex Slucki

 

Los ángeles me han pedido esta mañana escribir sobre el Velo del Olvido. Bien lo conocen ellos: todo ser humano vive bajo su influjo en mayor o menor medida y esto afecta ampliamente el espectro de realidad que hemos de experimentar. Aún si no comprendemos del todo su significado, este velo ocurre durante el momento de inserción a la realidad de la Tierra: cuando dejamos de ser esencia, alma sin cuerpo o luz radiante y elegimos proyectar nuestra energía en un plano más denso y material como resulta ser este planeta.

 

El Velo del Olvido es la forma que asimila nuestro estado de amnesia temporal: de no ser así, resultaría casi imposible habitar las frecuencias de la Tierra y escribir nuestras historias sobre de ella. Cuando somos almas, en estado puro y sin cuerpo, nos encontramos libres de las limitaciones impuestas por las leyes que operan, principalmente, en la tercera dimensión (al igual que el astronauta maravillado cuando desaparece la ley de la gravedad). El sentido de Unidad con el Cosmos se convierte en una experiencia continua hasta ese momento en que la curiosidad por aprender “cómo funcionan las cosas” o el deseo amoroso de contribuir a la narración colectiva en una esfera como la nuestra, nos invita a pasar de un estado luminoso a uno más denso; intercambiamos una sensibilidad capaz de percibir el Todo, por una que voluntariamente estrecha su visión a fin de representar un papel explícito, con una serie de determinaciones que enfocan sobre un aspecto de la verdad, pero que se encuentran lejos de ser la Totalidad que muchas veces anhelamos. El estado de perfección se pierde temporalmente a fin de sumergirnos en la oportunidad de discernir uno o varios temas particulares. Resulta que nos adentramos en un tiempo, un espacio, una cultura, una sociedad, una familia con ciertas características que marcan nuestro andar sobre la Tierra.

 

Dicen los ángeles que, si acaso siendo humanos, recordáramos de golpe el sentido de Unidad y de procedencia de nuestro Ser más allá de nuestro cuerpo, tiempo y espacio; si de pronto nuestra memoria individual, con su ego protector, rebasara el espacio de la individualidad y se fusionara con la perspectiva del Cosmos (como la percepción del Todo que narrara alguna vez Jorge Luis Borges en su relato El Aleph) podrían suceder una serie de eventos inquietantes: perderíamos, por ejemplo, el sentido de identidad y nos costaría mucho más trabajo el poder operar coherentemente con las reglas y restricciones del planeta. Quizá anhelaríamos de tal forma esa “vuelta a casa”, el fusionarnos nuevamente con la Gran Unidad de Todo lo que Es, que correríamos el riesgo de invalidar el sentido de estar aquí y en algunos casos podría desearse abortar la misión, por decirlo de algún modo. El Velo del Olvido puede parecer una mala broma por parte de la Divinidad; sin embargo está diseñado, de hecho, para protegernos: el poder concentrar nuestra atención en la labor que venimos a realizar, dada la brevedad de nuestra existencia en este plano.

 

Los grandes filósofos que, desde tiempos inmemoriales, se preguntaron por nuestro propósito aquí, seguramente habrán constatado el impacto de este Velo… una inquietud por saber, comprender, dilucidar, brindar un esquema a la perfección inalcanzable, sin vislumbrar del todo que más allá de esta amnesia colectiva prevalece la perfección intrínseca de la que estamos hechos: más allá de este Olvido temporario seguimos siendo la divinidad conociéndose a sí misma en todas las escalas, frecuencias y aspectos del amor que organizan al cuerpo eterno de la Esencia. Somos, colectivamente, la suma de las piezas de una consciencia que establece un diálogo consigo misma, como lo hace nuestra mente a manera de espejo de nuestro sentir todos los días. Y parte del juego, irónicamente, es olvidar para recordar… pues cuando recuperemos la noción de nuestro potencial más allá de este sueño con un principio y un fin determinados, lograremos mirar el viaje en retrospectiva y comprender su significado y su inmensurable grandeza.

 

Alex Slucki

 

Acerca de Alex Slucki

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Mi pasión es trabajar con los Arcángeles y Maestros Ascendidos de quienes he aprendido la mayor parte de lo que sé. A lo largo de 20 años sus enseñanzas se han convertido en todo un sistema para el desarrollo Integral del ser humano, abarcando todos los temas universales que comprenden una vida en la Tierra y también en conexión con el Cosmos. Busco a través de mis técnicas elevar la consciencia del Ser, incrementar la vibración de amor, luz, prosperidad y bienestar de nuestra propia frecuencia y del planeta y lograr la Interconectividad de todos los seres con las otras dimensiones. Los Mensajes de los Arcángeles y los Maestros Ascendidos son la base para lograr un continuo crecimiento y, ya sea de forma paulatina o espontánea, experimentar nuestro máximo potencial y también nuestra iluminación. Al lado de Jorge Medina Velten, hemos fundado el proyecto Cielo-Tierra mediante el cual ofrecemos salud integral de cuerpo, mente, emociones y alma. Jorge me complementa dando masajes para que la energía que se mueve en las sesiones quede bien integrada y aterrizada. Hemos realizado este trabajo juntos por cerca de 13 años y en varios países como: México, EU, Canadá, España, Guatemala y Holanda.