Lograr el amor en pareja desde las Constelaciones Familiares

Por Violeta Hernández

 

Para amar hay que estar dispuesto a asumir dos soledades,
la propia y la del otro.

 

Amar en pareja significa decirle a alguien: “Sí, te quiero tal como eres. Aunque no respondas a mis sueños o a mis esperanzas, el hecho de que existas me alegra más que mis sueños”.

 

Alguien muy sabio dijo: “Lo perfecto no ejerce ninguna atracción sobre nosotros. Descansa en sí mismo, lejos de la vida normal. Únicamente podemos amar lo imperfecto”.

 

Orden y amor

¿De qué dependen la felicidad y la sensación de plenitud en toda relación de pareja? Del amor, por supuesto. Bien, pero incluso contando con este amor (independientemente de lo que cada uno pueda entender bajo este concepto), existen relaciones que fracasan.

 

En la vida cotidiana de las parejas proliferan roces y luchas de poder, heridas y desilusiones; para al fin, dejar la relación de pareja, pues por lo visto “no se trataba de la mujer o del hombre ideal”. ¿Será el próximo, el hombre de sus sueños? ¿Vendrá la felicidad con la próxima mujer? Parece ser que el amor solo no es suficiente para que una relación sea duradera y feliz; naturalmente, se necesitan, además, los buenos modales. El amor de pareja se trata de ser abierto y sincero, de cuidar el hábito de la conversación, de enfrentar juntos los conflictos, etc., pero ¿aún hay algo más? ¿Qué se puede opinar de alguien que en relación con el amor pronuncia también la palabra “orden”?

 

Amor y orden: ¿una contradicción?

Un antagonista del amor romántico parece ser el orden, ¿no es el orden un estorbo para el amor? ¿No se intenta, mediante el orden, encasillar a los sentimientos? ¿Es correcto construir diques ordenados para poder resistir la marea de los sentimientos?

 

Pensar en conceptos opuestos como “correcto” y “falso” no nos lleva muy lejos. La vida es un movimiento dinámico entre polos opuestos y entre contrastes. La verdad nunca puede encontrarse exclusivamente en un lado. Ambos polos (y otros tantos más) son verdaderos. Aquel que únicamente mira un lado, excluyendo el otro, acaba siendo ideológico, independientemente de la fachada que encubra esta ideología. Si hasta ahora en la propia vida prevalecía un polo determinado, se recomienda, como contrapeso, tener en cuenta también al otro.

 

Si el orden pudiera servir de contraste válido para el amor, ¿de qué tipo de orden se está hablando? Seguramente no de aquél que, en caso extremo, obligaba a nuestros antepasados a seguir viviendo el uno al lado del otro, incluso sin quererse, simplemente porque la sociedad y su orden así lo exigían. Ese orden antiguo está cayendo en pedazos. Basta con mirar las relaciones a nuestro alrededor: reina la confusión bajo muchas formas, y la estabilidad se encuentra cada vez menos; y nosotros, los hijos de este caos, vivimos en medio de esta inseguridad, recibimos heridas y se las causamos a otros, continuando nuestros experimentos sin cesar.

 

Entonces, ¿cómo puede lograrse el amor? Con un conocimiento profundo de un orden del amor en la familia y en las relaciones de pareja.

 

El orden bueno es un orden antiguo que actúa en nuestro interior. Este orden nos determina mucho más de lo que conscientemente sabemos.

 

En las constelaciones familiares, los representantes reaccionan espontáneamente, mostrando los sentimientos que provienen del lugar que ocupan. Experimentando con diferentes posiciones y expresando sentimientos y mensajes claves, se puede averiguar si algo corresponde a la dinámica reinante en la constelación. Solo si un paso sirve para apaciguar el sistema entero, solo si todos los miembros de la red relacional se sienten aceptados y acogidos, se puede hablar de un orden bueno.

 

Un orden impuesto desde fuera permanece en la superficie, mientras que un orden que emana del interior también actúa en lo profundo.

 

Por su gran importancia quisiera repetir este punto: ¡Este orden no es ninguna base ideológica!, exige, en cada caso concreto, una comprobación basada en las reacciones de los participantes.

 

Así pues, mediante este trabajo, una y otra vez se logra traer a la luz lo oculto y a hacer visibles las causas de determinados conflictos. La realidad aceptada es liberadora, disuelve las implicaciones en viejas ilusiones y abre el paso a la reconciliación. De esta manera, la perspectiva se amplía y, con ella, también la responsabilidad.

 

Estas constelaciones no solo explican y resuelven casos individuales. Aquello que en muchas constelaciones resulta igual o similar nos permite deducir las estructuras generales que rigen en nuestras relaciones.

 

 

Dar y tomar

A la larga, una relación únicamente puede ir bien si en ella existe un equilibrio entre dar y tomar. Siempre que solo es una parte la que da, se crea un desequilibrio y una tensión que nos apremian a buscar la compensación. En cuanto el otro devuelve algo, la tensión puede cesar. Si este último da un poco más de lo que recibió, se mantiene una tensión buena en la relación.

 

La felicidad en una relación depende de la medida en que se toma y se da. Un movimiento reducido solo trae ganancias reducidas. Cuanto más extenso sea el intercambio, tanto más profunda será la felicidad. Sin embargo, existe una gran desventaja: la vinculación resulta aún más fuerte. El que quiera la libertad, tan solo puede dar y tomar muy poco y tan solo puede permitir un intercambio muy reducido entre ambas partes.

 

Aquellas relaciones en las que únicamente uno da, mientras que el otro tan solo toma, corren el peligro de fracasar. En algún momento, uno de los dos ya no soporta el desequilibrio – ¡y puede ser muy bien aquél que recibió demasiado! – y se va.

 

Lo que vale para la compensación del bien, también es válido para la compensación del mal. En cuanto uno comete una injusticia con el otro, hiriéndolo, se desarrolla la misma necesidad de compensación. El autor debería ofrecer un sacrificio o algún tipo de satisfacción que aproximadamente corresponda a lo que hizo; así favorece la relación.

 

También es correcto exigir la compensación. Para la compensación del mal resulta especialmente provechoso exigir algo menos que el otro hizo. El que se considera demasiado noble para exigir la compensación, por ejemplo, perdonando generosamente, daña la relación, ya que no resuelve la necesidad de compensación de una manera humanamente comprensible. Todo lo contrario, agrava el desequilibrio aún más, ya que, por una parte, él es la víctima y, por otra parte, se pone por encima del otro, perdonándole. El que parece ser el bueno, en realidad es el malo.

 

 

La vinculación

Frecuentemente, las constelaciones ofrecen una imagen fascinante en cuanto se configuran las relaciones con parejas anteriores, especialmente con un primer amor. Aunque dicha relación haya sido hace veinte o treinta años, los representantes se miran radiantes, mostrando claramente la fuerte atracción que sienten. Es un vínculo sorprendente que aquí aparece y que la persona que configura la constelación no conocía conscientemente en toda su profundidad. Tampoco hay ninguna diferencia si la relación, hacia fuera, estaba legalizada o no. Por lo tanto, en las constelaciones es correcto hablar de «tu marido» o de «tu mujer» siempre que se trate de un vínculo serio.

 

¿Cómo puede darse esta vinculación? La sexualidad unida al amor vincula. En cuanto dos personas hacen el amor – con amor – se crea un vínculo, independientemente de si lo quieren o no, de si tenga sentido, corresponda, sea socialmente aceptable, o no. Este vínculo tiende a una unión duradera, es decir al matrimonio. Si uno quiere el matrimonio, pero el otro se niega, esta negación se vive como una herida que puede llevar al fracaso de la relación.

 

Es importante recordar que el vínculo es más fuerte en la primera relación, es decir que con cada separación y cada nueva relación decrece. El que muchas veces se separa, poco a poco pierde la fuerte vinculación original con una pareja. Sin embargo, hay que distinguir claramente entre vínculo y amor.

 

La teoría en constelaciones familiares dice que «La segunda relación ya no tiene la misma profundidad que la primera. No puede tenerla, ni tiene por qué tenerla. Sin embargo, no quiere decir que será menos feliz o que habrá menos amor. Incluso puede ser que el amor en la segunda relación sea más grande y más profundo. Solo una vinculación, en el sentido original, como en una primera relación, se les niega.»

 

No existe la pareja única y verdadera; todo lo contrario: el que convierte a su pareja en la única, exige demasiado de la relación. Esta dependencia corresponde a la relación de un hijo con sus padres, pero no entre adultos. En cambio, hay que decir: «El mejor hombre y la mejor mujer raras veces se encuentran. Por regla general, el hombre bueno y la mujer buena son suficientes.».

 

Violeta Hernández

 

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Acerca de Violeta Hernández

Violeta Hernández
Hace tres años inicié mi camino como terapeuta y, a la par, inicié mi desarrollo en la técnica de Constelaciones Familiares; esto me cambió la vida, mi forma de mirar el mundo que nos rodea, y lo más importante: es que me enseñó (y me sigue enseñando) a conocerme, a saber quién soy y de dónde vengo. Esto ha modificado mi calidad de vida emocional, y con ello, mi convivir día a día con mi familia y los que me rodean. Para consultas me puedes escribir a violeta.herami@outlook.com o también llamar al teléfono: +52 (55) 73131833 y al whatsapp 52 55660704443