Lo que no fluye… arde

El dolor de estómago causado por gastritis, además de ser sumamente molesto, es un malestar que parece ser muy difícil de erradicar, sobre todo porque la pobre calidad de los alimentos que ingerimos, el estilo de vida que llevamos y, lo más importante, las ideas que nos obsesionan y las emociones atoradas que no elaboramos, son excelentes causas para que el pobre estómago sufra las consecuencias.

Se dice que, en la mayoría de los casos, la gastritis es ocasionada por una bacteria llamada helicobacter pilori, y que para tratarla son necesarios largos tratamientos con antibióticos que, cabe destacar, generan la pérdida de flora intestinal, lo que, a su vez, resulta en una severa irritación de la mucosa de los órganos del sistema digestivo; irritación que, eventualmente, ¡culmina en gastritis!

Todo indica que para sanar una gastritis habría que tomar en cuenta otro tipo de acciones; acciones más armoniosas con nuestro cuerpo. No cabe duda de que al mejorar nuestra alimentación podríamos reducir el exceso de ácido en el estómago. Sin embargo, es muy común que la causa de la gastritis tenga que ver con el estado emocional de la persona, ya que entre más estrés viva alguien, más jugos gástricos segregará, quemando, literalmente, la capa que recubre al estómago por dentro. Más aún, si la persona estresada hace un berrinche o un fuerte coraje, segregará jugos biliares extras que pasarán directo al tracto intestinal, irritando (todavía más) la mucosa; esto causará reflujos gástricos tan molestos que la persona se doblará del ardor, pues todo esto quema el interior del estómago de una manera muy aguda.

Así que, si los síntomas de gastritis tienen su origen en la actitud y vida emocional de una persona, ¿qué se podría hacer? ¿Cómo saberlo? Lise Bourbeau, en su libro Ámate: Obedece a tu cuerpo comenta que, además de sentir mucho enojo, la persona con gastritis presenta una gran dificultad para digerir o aceptar alguna situación o persona; además de que se caracteriza por ser una persona intolerante y temerosa ante lo que no le agrada de la vida. Es decir, la persona con gastritis se resiste ante ideas nuevas y tiene dificultad para adaptarse a algo que no va con su manera de pensar.

Ante esto, Bourbeau recomienda cambiar de actitud y dejar de querer controlarlo todo, buscando ser más flexible y confiando en los demás, de la misma forma en que se ha de confiar en que el estómago será capaz de digerir los alimentos.

El mensaje que da el estómago es muy claro: acepta a todos con amor, acepta las diferencias y fluye con el devenir de las cosas. Respira profundo y, al exhalar, suelta el enojo guardado y armonízate.

Sin embargo, si en este momento tu estómago te tiene en un grito de dolor, mientras cambias de actitud ante la vida y liberas tus emociones guardadas, prepárate lo siguiente:

En un litro de agua fresca, mezcla el jugo de tres o cuatro limones con 1 cucharada sopera de bicarbonato de sodio y bébela a lo largo del día. De inmediato sentirás alivio ya que todo el ácido en tu estómago se alcalinizará, mitigando el ardor y curando las paredes internas de tu estómago ya tan irritadas.

Asimismo, si quieres, a media mañana y a media tarde, prepárate un té de camomila con anís, el sabor es delicioso y también te cura… despacio, pero cura.

Sobra decir que tendrías que ayudarte también evitando ingerir grasas, comida picante o muy condimentada (al menos durante un par de días).

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