Llorar

La muerte es la feliz conclusión de una experiencia

 –la experiencia de ser humano.

Es dejar la materia des-animada en un expirar y,

como mariposa que deja el capullo,

 volar a realidades alternas en las que la vida continúa.

Una sonrisa se expande

 se eleva  hacia lo azul y es Sol.

Es todo.

Es un despertar a otros planos de existencia,

desde el yo-somos al Yo-Soy.

Solo aquellos que no saben soltar y se aferran,

le temen.

 

Ana de la Macorra

 

El llanto es un acto noble y valiente; es una muestra del alma y está llena de profunda sabiduría. Llorar es dejarse vibrar, permitir que la emoción aflore y se libere a través de su expresión.

Hay que bajar la compuerta y desahogar pues, permitirte llorar es tan necesario para la salud emocional y la de tu cuerpo como necesario es alimentarlo de manera adecuada, hidratarlo con agua fresca y llenarlo de Sol.

Acabas de perder a una persona, un hombre, una mujer; alguien que existió y fue parte de tu andar en esta vida, alguien que estuvo y compartió experiencias contigo. Se fue. Se fue y se llevó parte de ti, o al menos así se siente: como si te hubieran arrancado algo tan tuyo… Se llevó tus planes, tu confianza, algunas esperanzas y… se llevó tus sueños. Ya no está. Eso duele… y si duele, solo queda aullar el dolor en silencio o a grito libre… solo queda, por un rato (de la duración que te sea necesario), llorar.

Llorar la pérdida, tu pérdida.

Sentir confusión, vértigo, miedo, es parte del dolor que no se desea sentir… pero se siente. Se siente y si se libera, luego… pasa.

Dejar salir el dolor o la tristeza, que la muerte, real o metafórica, de alguien significativo para ti genera, es indispensable. Hay que dejar a tu cuerpo y a tu alma que se expresen y se vayan liberando en cada llanto, en cada gemido, en cada suspiro, un poquito del dolor de la pérdida. Hay quienes requieren de estar en solitud para llorar, otras personas prefieren acompañarse de más seres queridos, otras lloran mientras limpian su casa… mientras ven una película o van a algún templo; donde sea y cuando sea, pero hay que llorar.

Es común que si no se deja salir la tristeza esta encuentre salida de otra manera; por ejemplo, vía otro estado de ánimo, como estar irritable, de pésimo humor, con insomnios interminables, cansancio, sin apetito o con grandes ansiedades por comer o solo porque sí, y hasta con la presencia de alguna enfermedad física.

Todas las emociones son energías de distinta densidad, unas más sutiles que otras, pero son energías al fin. No se puede guardar una emoción por mucho tiempo sin que esta, al no ser liberada, se transforme en otra que sí sea expulsada. Puedes revisar tus estados de ánimo, si últimamente has estado de mal humor o extra sensible, quizás lo que necesitas hacer sea llorar. En cuanto lo hagas, tu equilibrio emocional y el de tu cuerpo regresa y la calma empieza a manifestarse más seguido en tu vida diaria.

Pareciera que, cuando uno está en pleno duelo, toda la vida que queda por delante va a ser así de triste y pesada. Así se siente, pero no lo será. El pasar del tiempo y al ir dejando salir el dolor, este irá haciendo un espacio en tu interior que será llenado por la aceptación. Ella llegará, un día… Cada persona tiene su propio ritmo y su propio momento para arribar a la etapa de la aceptación, y con ella de la mano, llega la paz.

Psic. Ana de la Macorra

Acerca de Ana de la Macorra

Ana de la Macorra
Poeta, escritora y psicóloga clínica, Ana de la Macorra, ha dedicado su carrera al servicio del crecimiento humano y la expansión de la consciencia. Entre su extenso currículo, sobresalen sus más de 25 años de experiencia como psicoterapeuta; la autoría y publicación de los libros Hondos los Suspiros y DIOSOY: ser esencia y en presencia; así como su papel como directora, fundadora y editora del primer sitio integral en servicios de crecimiento humano www.serluna.com