La maquinaria de la opresión

Por Ana de la Macorra

 

Una prensa libre puede ser buena o mala,
pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala.
Albert Camus

 

El que teme es un esclavo.
Séneca

 

Yo no sé qué opinen, pero yo he decidido dejar de escuchar noticias. Dejar de leerlas también. Me acabaron por hartar. Más que eso, me di cuenta de que, literalmente, me enfermaban. Les cuento porqué:

Todas las mañanas, subiéndome al coche para ir a trabajar, gustaba de escuchar un noticiero que, según yo, era buenísimo por ser muy revolucionario, ya que sus investigaciones resultaban ser profundas y valientes, denunciaba eventos vergonzosos, comunicaba arbitrariedades y abusos de autoridad, y desenmascaraba corrupciones, sobre todo de índole política, financiera y social. Mi sensación era que decían, en voz alta, lo que yo hubiera querido decir (gritar) también a mucha gente, pues, según yo, el que masivamente en la radio se dijera todo eso haría que se diera un cambio en la consciencia de mis cohabitantes y que, gracias a ello, habría una transformación (hablo en pasado porque de todas formas aunque no lo escuche yo, ese noticiero ya no es, corrieron a la comentarista).

En esa época (y todavía aún) no hay reunión de amigos, en el trayecto con el chofer del taxi, conversaciones entre compañeros laborales, y hasta memes en las redes sociales, en donde no se hable y se hable y se siga hablando acerca de la pésima situación en la que estamos. Situación que se refiere a creer lo que se escucha en los medios: injusticias sociales, casas de millones de dólares, corrupciones que no hay manera de detener, impunidades que no llegan a esclarecerse, aunque se prometa que “se llegará a las últimas consecuencias”, etc. ¿En serio? Recuerdo de niña escuchar a los adultos hablar y, es muy simpático que aunque los hechos sean algo diferentes, los comentarios, críticas y las quejas, hoy, siguen siendo ¡lo mismo que entonces!

Me pregunto: ¿Será cierto? ¿No lo será? ¿Serán noticias inventadas? ¿Exageradas? ¿Programadas? Sí, sí, todo puede ser cierto, pero ¿se sigue un libreto? Porque ¿por qué se repiten tanto? La información que recibimos a diario, ¿será una manera de manipulación fácil?  Lo ignoro.

Lo que sí sé es que todas estas horribles noticias van permeando la vida de todos y, sin darnos cuenta, influyen de manera negativa en el estado de ánimo de la población, nos opacan, nos bajan la energía, nos ponen de mal humor. Al menos, me di cuenta de que a mí sí me afecta, pues seguía con la esperanza de que quienes sí tienen la capacidad de hacer algo para resolver todos esos grandes eventos, lo hicieran.

Las noticias que “informan” generan sensaciones de frustración, de impotencia, de enojo y no hay un lugar saludable para liberarlas; todo se queda dentro de nosotros, y quizás esto sea una de las causas de tanta agresión que se ve en la calle. Alguien se te atraviesa y ¡bueno! las reacciones de la gente son extra-ordinarias, fuera de proporción. La población anda intolerante, enojada, raya en la depresión; y si le rascamos un poquito a estas emociones, encontraremos un común y sutil denominador: miedo.

Las noticias, además de generar todo lo comentado arriba, se basan en un sistema de miedo que oprime el corazón, los intestinos y el hígado. La mente se convierte en un mecanismo de defensa total; las actividades diarias se ponen al servicio de evitar la inseguridad, se intenta matizar el temor; la libertad se da la vuelta y se va; y todo esto se refleja en cansancio, apatía, incrementando la necesidad de evasión, ya sea hipnotizándote con más TV, enajenándote de tu sentir frente a un monitor, comiendo para llenar tanto hueco o compensando con sustancias de felicidad rápida y efímera. Claro, no podemos olvidar lo que los deportes benefician a toda esta masacre de la tranquilidad, pero este es otro tema, aunque parecido, solo mencionaremos aquí que deportes como el fútbol son el perfecto “lubricante” para que todo lo terrible que recibimos de los medios de forma tan pasiva se sienta hasta agradable y se viva la pasión… ¡JÁ!

Te sugiero hacer una prueba: Fíjate en lo que sientes al estar platicando lo que todos platican cuando hablan de política, ¿es relajante y divertido? O anota qué sientes al escuchar ciertas noticias, ¿hay algún cambio en tu interior? ¿Sonríes mientras te informan de tanto tragi-evento? Fíjate por unos segundos cómo se te pone el cuerpo, ¿respiras diferente? ¿Tu pulso se acelera?

La propuesta es simple: Date cuenta. Sé libre. Sé tú quien decide qué sentir dependiendo en qué o en dónde pones tu atención. Experimenta y elige.

Porque a mí se me aprieta el estómago y me dan ganas de bajar la cabeza… con desgano, con tristeza.

Todo esto es a lo que yo llamo “La industria del miedo”.

Ya basta… dejemos de una vez por todas, de consumirlo.

Ana de la Macorra

 

 

Acerca de Ana de la Macorra

Ana de la Macorra
Poeta, escritora y psicóloga clínica, Ana de la Macorra, ha dedicado su carrera al servicio del crecimiento humano y la expansión de la consciencia. Entre su extenso currículo, sobresalen sus más de 25 años de experiencia como psicoterapeuta; la autoría y publicación de los libros Hondos los Suspiros y DIOSOY: ser esencia y en presencia; así como su papel como directora, fundadora y editora del primer sitio integral en servicios de crecimiento humano www.serluna.com