La Inteligencia del Corazón y la Programación Neurolingüística

 Por Marcela Infante Fernández

Mi interés por la psicología comenzó desde muy joven. Con menos de 18 años caí en la cuenta de que la vida cambiaba constantemente, y de que las habilidades de la mayoría de las personas para mantener el balance y manejar el cambio eran tan limitadas como las mías o, pensaba con temor que, quizá más. Me preguntaba cómo podría distinguir lo que deseaba de lo que deseaban otros para mí y, sobre todo, si sería capaz de hacer realidad mis sueños una vez que los tuviera claros.

Buscando respuestas incursioné en la religión, la meditación y, finalmente, me incorporé a la licenciatura en psicología. Cuatro años después, me sentía con más dudas y cuestionamientos que cuando comencé a estudiar, pero también tenía más recursos, el mayor de los cuales fue una convicción total de que la esencia de la vida era el crecimiento, y de que mi vocación estaba en el servicio a los otros.

A partir de ahí, mi camino se convirtió en una aventura de aprendizajes. Participé en talleres, diplomados, retiros y conferencias. Estudié una maestría y varias especialidades. Medité, oré, hice yoga y practiqué tai chi; y, de todas las herramientas que adquirí en el transcurso de esos años, hubo dos de las que me enamoré profundamente: la meditación y la programación neurolingüística (PNL). La primera me enseñó que mi mayor reto era abrir mi corazón, aprender a escucharle y entregarme a la vida con mayor compasión. La segunda me dio las herramientas para compartir este descubrimiento con otros y, especialmente, puso a mi alcance técnicas sencillas, pero eficaces, para lograrlo y enseñar a otros a hacerlo también.

En un mundo donde la prisa y la demanda externa son temas de todos los días, muy pocas personas tienen el compromiso necesario para dedicarse, de manera constante, a prácticas de consciencia y crecimiento que requieran demasiado tiempo. Pero, a través del estudio y la práctica de la PNL pude aprender, diseñar y transmitir estrategias de transformación personal que toda persona puede aplicar en su vida diaria de forma sumamente rápida, incluso en tan solo unos minutos.

Siendo una persona con inclinaciones intelectuales y sumamente racional, mi objetivo de abrir el corazón comenzó básicamente con el intento de contactar con mis emociones y aprender de ellas. Con el tiempo descubrí que en el corazón existe mucho más que un mundo emocional, hay toda una profunda sabiduría y una manera muy especial de percibir y de pensar. Es decir, entendí por fin que mi corazón era inteligente de una manera única y particular. Emocionada con esta idea, me dediqué a corroborarla en el mundo de la ciencia. En esa búsqueda realicé aprendizajes apasionantes que no solo me abrieron los ojos al tremendo alcance de la sabiduría del corazón, sino corroboraron que mi trabajo realizado a través de la PNL estaba bien encaminado y me permitieron entender (¡por fin!) porqué sus estrategias resultaban tan eficaces.

Existe en la actualidad un claro entendimiento sobre el corazón que va más allá de la filosofía, la psicología y la espiritualidad. La ciencia ha descubierto que el corazón posee una inteligencia dinámica, conectada y creativa. Muchas culturas antiguas, incluyendo Mesopotamia, Egipto, Babilonia y Grecia, se referían al corazón como la fuente de la inteligencia y de la guía interna. Pero fue hasta 1990, cuando se fundó el Instituto de Investigación HeartMath que se comenzó a comprender de forma más clara el papel del corazón en la inteligencia, la experiencia emocional, la intuición y la autoregulación.

Explorando lo más actual en los campos de las neurociencias, la psicología, la fisiología, la bioquímica y la neuro-cardiología, el instituto descubrió que el corazón se comunica con el cerebro en formas que afectan la manera en que percibimos y reaccionamos al mundo. En 1991 el neuro-cardiólogo, J. Andrew Armour, introdujo el término heart brain (corazón-cerebro) cuando descubrió en el corazón un sistema nervioso propio sumamente complejo que funciona como un cerebro, y cuya función es la de pensar de forma independiente al cerebro de la cabeza.

Este corazón-cerebro percibe, procesa y codifica la información que recibe y, actualmente, hay evidencia de que posee la capacidad de aprender e incluso presenta tener memoria a corto y largo plazo así como neuroplasticidad.

Se ha visto que, las señales que envía el corazón al cerebro, continuamente influyen y modifican la actividad del cerebro en sus centros cognitivos y emocionales. Es decir que, a través de su extensiva comunicación con el cerebro, nuestro corazón está íntimamente involucrado en cómo pensamos, sentimos y respondemos al mundo. Sin la influencia reguladora del corazón-cerebro nuestra mente cae fácilmente presa de emociones reactivas como la inseguridad, la ira, el miedo y la culpa, así como otras emociones y conductas desgastantes y destructivas.

La inteligencia del corazón provee a la mente de una perspectiva más amplia que le permite considerar la mejor opción para sí mismo como parte de un todo integral. Esto sucede, de forma fluida, cuando el corazón-cerebro se encuentra en un estado de alineación y armonía, pero si entra en un estado de estrés y desbalance, esta regulación falla y la mente racional queda abandonada. Esta armonía tan necesaria para nuestro bienestar es un estado conocido como “coherencia del corazón” y es el estado que le da soporte a la sociedad e interacciones que existen entre la mente, las emociones, la fisiología y el corazón. Estar en un estado de “coherencia del corazón”, implica estar integrado y ser consistente, es una relación de armonía de todos nuestros aspectos y una forma de vivir que parte de la estabilidad y de la eficiencia. En términos de la PNL, es estar en el mejor estado con nuestros mejores recursos a la mano, o podríamos expresarlo como lo hace la psicología humanista, y decir que es “Ser todo lo que podemos Ser”.

Pero, ¿cómo alcanzar y mantener un estado de “coherencia del corazón” en un mundo que nos abruma, nos llena de ruido, nos vende creencias falsas y destructivas, y nos arrolla con estereotipos inalcanzables, mensajes manipuladores y demandantes expectativas, haciéndonos creer que nuestro valor está en el “tener” y no en el “ser”?

Naturalmente existen tantos caminos y respuestas a esta pregunta como personas existen en el mundo. Pero una que yo misma probé hace mucho tiempo, y que por 20 años llevo compartiendo con un sinnúmero de generaciones de estudiantes, es la Programación Neurolingüística (PNL). Con una sencillez que a veces hace a muchos dudar de su eficacia, provee a quienes la estudian de herramientas muy útiles para manejar sus pensamientos, para tener el poder sobre sus emociones y para dejar atrás las conductas reactivas y automatizadas que tanto daño hacen. Cuando a través de la PNL se logran estados de excelencia, las personas activan su propia “coherencia del corazón” y son capaces de resolver conflictos internos, cambiar creencias limitantes, sanar antiguas heridas y escuchar la voz de su sabiduría guiándoles por el camino más correcto. Siendo un modelo de comunicación avanzado, quienes aprenden a utilizarlo, recuperan la habilidad, muchas veces perdida en la niñez, de hablar con su propio corazón, de conectarse con su creatividad y de escuchar la voz de su intuición.

La PNL te regala el “como” de los objetivos de crecimiento y salud que la ciencia y la psicología nos plantean y lo hace de tal manera que la vida no tiene que detenerse, simplemente se ve transformada con suavidad, permitiendo a la persona hacer cambios a su propio ritmo.

El objetivo de la PNL es aprender de las mejores personas en sus mejores momentos, y poner esos aprendizajes al alcance de todos aquellos que deseen utilizarlos. Por ello es que los creadores de la PNL empíricamente crearon un maravilloso camino para alcanzar la “coherencia del corazón”, porque partieron de observar a personas que activaban ese estado en sí mismas y en otros de forma intuitiva. Lo que observé, hace ya más de 30 años, sigue siendo cierto el día de hoy: las habilidades de la mayoría de las personas para mantener el balance emocional-mental y fluir por los cambios de la vida son limitadas, pero ¡no debieran serlo! Vivir en armonía, integración y estabilidad es nuestro estado natural y, regresar a él, nuestro derecho como seres humanos.

Solo recordando quiénes somos realmente podremos dejar atrás el mundo de caos y violencia que hemos creado. Reconectarnos con nuestra naturaleza amorosa y compasiva es ya no un deseo, sino una necesidad, y la PNL nos ofrece una gran alternativa para lograrlo.

Mtra. Marcela Infante Fernández

Acerca de Marcela Infante Fernández

Marcela Infante Fernández
Me especializo en Psicoterapia clínica humanista y transpersonal así como Programación Neurolingüística (PNL), Hipnosis, Psicología de la alimentación y Manejo del Stress. Estudié la Licenciatura en psicología clínica en la UIA y la Maestría en PNL en la UAG. Trabajé como instructora y coordinadora de proyectos en la UIA y el ITAM así como en varios Institutos de psicología y Desarrollo Humano. Soy entrenadora, nivel Master, de PNL e Hipnosis y Socia-fundadora de Reencuadre, S.C. un Instituto de PNL y Coaching. Actualmente Dirijo el Proyecto Renástere, dedicado a promover el aprendizaje, la transformación y la salud humana. Me dedico a la psicoterapia individual y de grupos y a la supervisión de casos. Para consultas y/o información de talleres me puedes escribir a marcelarenastere@gmail.com