La danza

Por Ana de la Macorra

 

Mujeres y hombres: dos manifestaciones distintas de ser humano; dos energías que se vuelven un entero cuando se ponen a danzar la vida. Las mujeres sabemos mucho de las mujeres, los hombres saben mucho de los hombres. ¿Será necesario que los hombres sepan mucho de las mujeres y las mujeres de los hombres? En lo meramente superficial y práctico, puede resultar muy útil saber ciertas características bastante concretas en la manera de ser de cada género, como formas de comunicación, tendencias en solución de conflictos, gustos y demás (para esto hay libros como el de John Gray que, de manera muy simpática, plantea estas diferencias).

En lo profundo, es indispensable tomar en cuenta que, así como los hombres y las mujeres manejamos la vida desde perspectivas diversas, de la misma manera, nuestras energías son esencialmente diferentes. Aprender a respetar estas diferencias, es justo lo que nos trae armonía al entablar relaciones tanto de pareja como laborales, o cualquier tipo de relación que se presente.

Con este respeto, se espera que los opuestos, así como se atraen, también se disfruten y se pueda aprender de ellos. Porque, ¿cómo se podría disfrutar aquello que se rechaza? En la eterna y obsoleta lucha de los géneros, que si bien puede ser divertida jugando adivínalo con mímica mujeres vs. hombres, históricamente, en la vida, esta lucha es y ha sido sumamente dolorosa y obstaculizante para ambos grupos. ¿De qué sirve una llave si no abre ninguna cerradura? O, ¿de qué sirve la luz si no hay oscuridad?

Los opuestos, además de atraerse, se comprueban uno al otro. Gracias a una el otro existe y viceversa. Lo sabemos. Entonces, ¿por qué pelear? ¿Cuál es la necesidad de someter a una mujer si al hacerlo se está sometiendo a una parte intrínseca de quien somete? ¿Por qué vivir en conflicto con los hombres, con las mujeres? ¿Por qué sentirse menos, o más?

Somos diferentes, eso es todo; y en la diferencia está lo valioso. Entre más diferentes somos, se vive más atracción, más interés; se adquiere más experiencia.

Ahora, surge la siguiente cuestión, ¿será también que, entre más rechazo sienta una mujer por el sexo opuesto, más rechazo se puede tener a sí misma, y por tanto a su energía masculina interna? Toda mujer es, en su interior, parte hombre, y cada hombre, una mujer. Jung lo plantea al hablar de los arquetipos anima-animus.

Si aprendemos a relacionarnos con los hombres que están afuera de nosotras, si observamos y nos dejamos llenar de su energía, podríamos empezar a reconocer dentro de nosotras esas energías masculinas, que permanecen como parte de nosotras, e integrarlas. Lo mismo es para los hombres, si se dan permiso de conectar con su energía femenina interna, podrían aprender a sentirse seres más completos y en paz consigo mismos, ya sin tener que demostrar cuán machos son, dejando ver una tremenda carencia e inseguridad.

Lo ideal es conceder libertad total al otro para ser lo que es y ser tú la que eres, de tal manera que, en lugar de tanto desgaste y competencia, podamos vivir la plenitud que habita en cada ser humano, mujer u hombre. Y, como mujeres, ser plenas y disfrutar de los hombres exteriores así como son, sabiendo que ellos a su vez, tienen una mujer dentro esperando a ser reconocida. Cuando esto se logra, se deja de luchar tanto con lo masculino dándole la bienvenida en ti misma.

Cada oposición le ofrece a su otro una oportunidad de crecimiento individual. Quien asimila, comprende y acepta el punto de vista de lo opuesto: se totaliza.

Y la danza se da.

Acerca de Ana de la Macorra

Ana de la Macorra
Poeta, escritora y psicóloga clínica, Ana de la Macorra, ha dedicado su carrera al servicio del crecimiento humano y la expansión de la consciencia. Entre su extenso currículo, sobresalen sus más de 25 años de experiencia como psicoterapeuta; la autoría y publicación de los libros Hondos los Suspiros y DIOSOY: ser esencia y en presencia; así como su papel como directora, fundadora y editora del primer sitio integral en servicios de crecimiento humano www.serluna.com