Fíjate qué criticas y verás qué escondes en ti

Por Ana de la Macorra

 

Las relaciones entre seres humanos suelen ser un juego de espejos: reflejos y proyecciones; reflejos de todo tipo y, muy importante, de partes de nuestra personalidad e historia de alma, que evitamos ver como propias, pues las consideramos horribles y se las ponemos al Otro: actitudes de rencor, celos, envidia, ira, inseguridades de todo tipo, complejos y un gran etcétera.

Por ejemplo, ¿te has fijado que las personas tenemos rasgos de conducta que muchas veces chocan con los de otras personas? Casi siempre algún personaje, o varios, de nuestra vida cotidiana simplemente ¡nos chocan! y representan tantas cosas que no nos gustan: formas de hablar, de sentir, opiniones, actitudes, si se viste de tal o cual manera, si gasta, si no gasta, y etc. Así también, hay relaciones que nos llevan a vivir dolores profundos y agudos con sensaciones como de traer plomo en el cuerpo, o un gran miedo, desarrollando una necesidad extrema de que el otro se encargue de la vida, o de lo que sea.

 (Nota: En este texto, el enfoque estará cargado hacia la parte “negativa” de los seres humanos, pues se parte de la idea de que, las experiencias tipo “crisis”, son, precisamente, desde las cuales el ser se descubre a sí mismo ante su “sombra” (como lo llamó Jung) en cada quien. Todo lo positivo de la gente, que es muchísimo, lo dejaremos en pausa.)

Continuamos: Eso que detestas de ti, eso que tanto dolor te carga, esa vergüenza que parece asfixiar, ese miedo que pudre cualquiera de tus sueños y tu paz, esa ansiedad que paraliza tu quehacer, el Otro (que desprecias y quisieras evadir a como de lugar), ese Otro se convierte en un maestro para ti, pues te muestra justamente lo que necesitas mirar de ti, conocer de ti, y, al mirarte en ese espejo, saber qué es lo que tendrías que trascender en y desde tu interior.

Seguro has escuchado la frase “lo que te choca te checa” y te checa porque es parte de ti. Si te choca que alguien sea dominante, lo más seguro es que tú lo eres de igual manera, aunque lo escondas de los demás, y hasta de ti mismo. Si eres una persona celosa, lo más seguro es que te choque que tu pareja lo sea. Si eres medio tirano, asómate un poco a tu sentir y a tu pensar, descubrirás que en muchas instancias, también lo eres. Estos son solo unos cuantos ejemplos, tú podrás añadir a esta lista los tuyos propios.

La mayoría de veces, la persona (casi todas) la pasan quejándose y llorando por los rincones. Cuánta gente vive quejándose de su jefe, de su padre, de su pareja, de los hijos, del gobierno, de algún vecino, etc. Seguramente tú lo has hecho o lo haces, día con día, sintiéndote víctima de las circunstancias; de los malos o indiferentes tratos, de la injusticia de la cual eres víctima; de los años de sufrimiento… y no haces nada por cambiar la situación, solo te quejas y solo te deprimes, y vives enojado, y vives miserable.

Gente, circunstancias, actividades que te desagradan pero que nada más no sueltas… eso que te hace daño, eso que te desagrada, eso que te mantiene gris… y sin aprovechar que, es precisamente, esa otra persona quien te muestra justo lo que necesitas elaborar desde tu interno; para poder meterte dentro, pedir ayuda a un experto, escucharte y soltar todo aquello que evita que encuentres la manera de disfrutar tu día.

La propuesta es sencilla: escribe en un papel la lista de los “detalles” que tanto de mueven de otra persona y que tanto te quejas. Tárdate el tiempo que necesites en escribirla para que puedas darte cuenta, a lo largo de varios días, de lo que te roba tu alegría o te pone de mal humor: es decir, eso que otros te causan y con lo cual te la pasas mal. Escríbelo todo. Date cuenta de todo; y aprópiate de lo que te corresponde mirar de ti misma y de ti mismo. Una vez que hayas terminado tu lista, reflexiona y empieza, con mucha humildad y honestidad, a ver cómo todo eso habita también en ti. Es tu monstruo. Míralo, huélelo, tócalo, distingue cuando aparece y cuando se esconde. Conócelo. Y una vez logrado esto, abrázalo. De ahí viene tu fuerza y de ahí se expande más y más el genial autoconocimiento.

Es cierto, todos somos espejos de más y más espejos. Cuando comiences a integrar todos tus aspectos (los lindos y los que detestas), verás la fortaleza, la voluntad y el equilibrio que se estarán asomando desde tu interior, iluminando-te y todo lo que se te presente afuera.

In Lak ‘ech
Gracias

Ana de la Macorra

Acerca de Ana de la Macorra

Ana de la Macorra
Poeta, escritora y psicóloga clínica, Ana de la Macorra, ha dedicado su carrera al servicio del crecimiento humano y la expansión de la consciencia. Entre su extenso currículo, sobresalen sus más de 25 años de experiencia como psicoterapeuta; la autoría y publicación de los libros Hondos los Suspiros y DIOSOY: ser esencia y en presencia; así como su papel como directora, fundadora y editora del primer sitio integral en servicios de crecimiento humano www.serluna.com