Expresar tu verdad

Por Ana de la Macorra

Vivir con una alta autoestima es vivir tu verdad en cada palabra, en cada acción, en cada idea o pensamiento, en cada sentir… sin embargo, esto no quiere decir que haya una sola verdad, pues verdades hay tantas como humanos hay. Cada ser humano tiene su verdad, por lo que muchos encuentran el sentido de su vida al intentar descubrir qué es la verdad para sí. Siendo así, que cada quién descubra su verdad y la viva. Cada quién que se aboque a dejar de vivir de la manera en la que otros le enseñaron (o condicionaron) para descubrir qué es lo que es su verdad. Más aún, cada quien que se aboque a dejar de vivir las mentiras de otros, que a su vez aprendieron de otros y así sucesivamente.

Si bien nuestros padres, en su afán de educarnos y hacernos personas íntegras y “de provecho”, nos programaron para ser como ellos querían que fuésemos, que de hecho, es de la manera en que sus padres les condicionaron a ser a ellos. El caso es que la verdad —ser quien realmente somos— quedó enterrada entre polvo de miedos, deberes, necesidades de quedar bien para recibir cariño, creencias de otros, etcétera, sin darnos cuenta de que, desde la infancia, vendimos nuestra verdad a cambio de recibir caricias, cuidado, aceptación y protección; o, lo peor de todo, que la abandonamos para evitar regaños, castigos, gritos, golpes o amenazas; ya que a veces, este era el único camino para sentir un poquito de amor.

Así crecimos: con miedo y domesticación, desarrollando en el camino una gran habilidad para adivinar lo que el otro esperaría de nosotros, hasta que finalmente llegamos a creer que “eso” éramos: buenas niñas/ buenos niños, obedientes, nada egoístas, serviciales, sonrientes. De esta manera se nos condicionó a no expresar lo que sentíamos: nada de lloriqueos, nada de reír fuerte, nada de opinar… todo nos fue condicionado; y el resultado fue un alejamiento paulatino de la esencia, adoptamos identidades intercambiables, según lo pida la situación o circunstancia. Cuando esto sucede, la resbaladilla de la auto-mentira es tan sutil que ni siquiera se siente el vértigo; de hecho, simplemente dejamos que se adueñe de nuestro día a día.

¿Cómo no va a ser espantoso vivir negando nuestra esencia, aunque esta sea de la manera como nuestra madre o padre jamás imaginaron? ¿Cómo no nos vamos a sentir sin rumbo en muchos momentos de la vida porque no sabemos si complacer a la mamá enojona, al esposo macho, a los hijos demandantes, a amistades necesitando atención, a la autoridad exigente, a Dios para que no se enoje y nos mande al infierno, etcétera? Lamentablemente, con todo esto en la cabeza, dejamos como última opción de complacencia a nuestro ser, todo con tal de sentirnos medianamente queridos, con tal de no vivir soledad, con tal de no recibir juicios o rechazo, con tal de no tener problemas.

…Y así, las mentiras se instalaron en nuestro andar.

Con esto, no me refiero tanto a las mentiras que aprendimos a decir como a las que aprendimos a vivir. Las primeras son nefastas para nuestra autoestima, pero las segundas son devastadoras. Vivimos en la mentira cuando distorsionamos y falseamos la realidad de nuestra experiencia o la verdad de nuestro ser.

De esta manera se vive una mentira al decir que “sí” cuando se quiere decir que “no”; cuando se aparenta una felicidad que no se siente, cuando se finge ser una persona muy linda y comprensiva, pero para manipular; cuando alguien finge un orgasmo; cuando una madre o padre se sacrifica por sus hijos, y lo que se busca en realidad es comprar un diploma de bondad o una expiación de culpa; cuando alguien se hace la víctima y se tapa los ojos ante la realidad de que en él o ella está la responsabilidad de lo que vive; cuando se pretende ser quien no se es; cuando alguien se siente menos que otra persona o más que otra; cuando se es amable con todo el mundo menos con quien se supone que es un ser querido; cuando se simula un amor que no se vibra; cuando una persona simula ser tonta; cuando se aparenta ser una familia feliz; cuando se permiten agresiones con tal de no experimentar abandono; cuando alguien traiciona con tal de ganar simpatía o aceptación; cuando se envidia a alguien y, en lugar de reconocerlo, se mal habla e inventan chismes; cuando se le coquetea al jefe o a algún hombre con tal de sentir algún tipo de valor; cuando se pavonean por maravillosas conquistas sexuales; cuando en realidad se opina una cosa y con el silencio se implica estar de acuerdo con lo que otro opina; cuando alguien ríe y lo que necesita es llorar… etcétera, etcétera, etcétera.

Si nos preguntamos el porqué de todo esto, la respuesta se puede reducir a una sola frase: “No sabemos quiénes somos”, y por ende, no nos amamos, no nos conocemos, no nos apreciamos, no nos valoramos, no nos sentimos capaces y no tenemos la menor idea de qué queremos, qué es valioso y qué no.

Dicen que la verdad no duele pero incomoda… Pues las mentiras que nos decimos y vivimos sí que duelen, de hecho, representan una experiencia sumamente dolorosa.

¿Hasta cuándo seguiremos viviendo esta gran mentira o conjunto de mentiras? ¿Hasta cuándo seguirás siendo víctima de tu propia creación de mentiras? ¿Hasta cuándo seguirás dependiendo de la ceguera de otros para verte y reconocerte como un ser humano valioso por el hecho de SER, sin necesidad de hacer o decir lo que no quieres hacer o decir, sin necesidad de tener o prescindir, siendo fiel a ti misma, a ti mismo? ¿Hasta cuándo te darás cuenta que vales por el simple hecho de ser tú? Ésa es tu verdad.

En Así hablaba Zarathustra, Nietzche propone que llegar a ser quien se es puede ser una de las tareas más importantes para el ser humano. Entonces, ¿por qué no simplemente ser quien eres? Quítate el polvo de la auto-negación, los miedos y expectativas de otros. Descubre quién tú eres, atrévete a expresarlo y disfruta de tu verdad.

La verdad os hará Libres

Si se te antoja

Tómate un rato de soledad en silencio y en paz e intenta lo siguiente:

  • Reflexiona sobre las mentiras que estás viviendo hoy en día. Por supuesto, no se trata de que te regañes, se trata de abrir los ojos ante ti y tus mentiras, de una manera comprensiva y transparente.
  • Platícate cuáles son esas mentiras y elige una de ellas
  • Pregúntate y respóndete porqué la vives y qué ganas o has ganado viviendo esa mentira.
  • Ahora pregúntate si necesitas seguir viviéndola o si ya puedes convertirla en verdad.
  • Imagina qué harías, qué dirías o en qué situación estarías si decidieras vivir auténticamente.
  • Después de esto, visualízate y siente los beneficios de ser una persona auténtica, satisfecha, que confía en sí misma y vive en paz.
  • Quédate un ratito sintiendo esa paz y abre los ojos.
  • Repite este ejercicio tantas veces sea necesario hasta acabar con esas mentiras que llevas dentro.

¡Que lo disfrutes!

Ana de la Macorra

Publicado por primera vez en la revista Fernanda

Acerca de Ana de la Macorra

Ana de la Macorra
Poeta, escritora y psicóloga clínica, Ana de la Macorra, ha dedicado su carrera al servicio del crecimiento humano y la expansión de la consciencia. Entre su extenso currículo, sobresalen sus más de 25 años de experiencia como psicoterapeuta; la autoría y publicación de los libros Hondos los Suspiros y DIOSOY: ser esencia y en presencia; así como su papel como directora, fundadora y editora del primer sitio integral en servicios de crecimiento humano www.serluna.com