Espejo

Por Jorge Mercado Velarde

Nada más doblar la esquina de la vida, sorpresivamente me topo con un espejo de cuerpo entero donde mi figura resalta en casi todo el marco, figura que me atrae y apresa pues cierra el camino y no hay vuelta atrás; ahí, frente a mí, está la imagen que no quiero ver, lo sé, la vi tantas veces que ya me conozco de memoria, sé de mis defectos y supongo de mis virtudes. ¿Qué de nuevo me puede mostrar?

Me molesta el pensar siquiera en volver a contemplar mi imagen vista hasta el hartazgo. Lucho contra la irresistible fuerza que me atrae poderosamente a verme, a saber: ¿Quién soy yo? No, no lo quiero, es mejor continuar con lo que creo que soy. ¿Para qué abrir heridas y decepciones? Cierro los ojos en un instinto de auto defensa y trato de alejarme cautelosamente pues temo abrir los ojos y mirar eso que no quiero ver ni saber.

¿Temo ver mis defectos o lo que me disgusta de mi figura? ¿Tal vez me asusta descubrir la mentira en la que vivo y tener que despojarme de esa piel que muestro ante los demás?

¿Qué hay detrás de ese reflejo de mi yo? Atrás y detrás del YO está el velo sutil y transparente que insinúa pero no muestra el fin de mi comienzo; un susurro llamado “intuición” sugiere: no temas ya no eres lo que fuiste, comprende que es precisamente este cambio el que te proyecta a través de su imperfección hacia la perfección de la vida.

Cautivo de esa visión indomable siento que me obliga a echar un vistazo a lo que soy o pretendo ser, a tener la fibra y capacidad de ingresar al plano del amor y la eternidad, a abandonar esta dimensión circunstancial e imperfecta.

De la mano de mi alma amiga buceo en el tiempo construyendo la existencia que ansío lograr, necesito obedecer el mandato que musita mi ser interior.

Contemplo los ancestrales giros de mi vida, considero todo este tiempo que, asentado en la tierra, pude edificar la fuerza para trascender los infiernos que mi mente creadora traducía en miedos, siento la urgente presión de transmutar esas circunstancias a través del fuego y entregarme a la bienhechora acción purificadora del agua; entonces con todos mis triunfos, feliz propagarlos en el aire.

Dueño del fruto logrado dentro de mí, siento, alma mía, que ningún infierno me hará olvidar que juntos empezamos esta empresa llamada vida.

Un relámpago explosiona en mi mente y en el tiempo; físicamente siento cómo el tiempo se detiene en asombrosa quietud, ya no trasciendo, mis ojos se abren y con las pupilas dilatadas al máximo contemplo en este espejo mi pasado, veo mis errores y los atravieso con amor y comprensión. Así tenía que pasar, así tenía que actuar, no me pesan ni alcanzo a juzgar, todo fluye con tanta armonía que, mi pecho, mi cuerpo entero no logra contener esa sensación; parece que voy a explotar y allí nacen las cataratas arrolladoras de lágrimas que brotan con impetuosa felicidad, incorporándome a esa plenitud que conmociona mi ser.

Entonces, veo la vida con una intensa luminosidad, luz que no daña la vista, pero ilumina intensa y brillantemente; esto es inigualable, no hay palabras que expresen el momento que estoy viviendo. La vida en la plenitud de su belleza convertidas en una gama de continuos estremecimientos incontenibles, veo la eternidad… veo mi destino sin límites… veo mi cuerpo universal, veo la conexión, veo… la causa primordial, veo… el alfa y el omega de mi existir, veo…

¡¡¡EUREKAAA!!! Este no es un espejo, es… es… ¡¡¡Un grandioso portal dimensional!!!

 

Jorge Mercado Velarde

Acerca de Jorge Mercado Velarde

Jorge Mercado Velarde
Originario de La Paz, Bolivia, es un eterno admirador de la vida. Escritor de varios libros, conductor de medios y filósofo de la belleza y del amor.