Enfoque de los Órdenes del amor

Por Violeta Hernández

 

Las ideas principales de los Órdenes del amor, se ubica imaginariamente ante sus padres. Puede hacerlo solamente con su imaginación o, de forma más física, utilizar algo o a alguien que los represente (fotografías, personas que se presten a representarlos, etc.), y les dices:

Les doy las gracias. Lo tomo todo de ustedes.
Ustedes dan, yo tomo.
Ustedes son los grandes, yo soy el pequeño.
Siempre serán para mí los primeros.
Y dedicaré mi vida a sacar provecho de lo que me han dado.

 

Cabe destacar que, al repetir estas palabras, no se trata de una comunicación verbal que tenga que decirse “en vivo” a sus padres. Se trata, simplemente, de una expresión que define una actitud interior. Son palabras que, en este caso, sirven solo para exteriorizar de forma consciente una toma de posición “ordenada” ante los padres.

 

Asimismo, tampoco se trata de una expresión literal. Cabe, en su lugar, cualquier otro tipo de palabras o frases que mantengan el mismo significado o definan la misma actitud.

 

Por último, tampoco se trata de “afirmaciones positivas” en el sentido usual de “pensamientos positivos”. En otras palabras: si la actitud que así se expresa resulta forzada, no se recomienda la técnica de repetir o machacar hasta que “suene” natural; más bien cabría sospechar algún tipo de dificultad que podría requerir abordaje terapéutico, de modo idóneo a través del método de Constelaciones Familiares.

Esta actitud respecto de los padres resulta igualmente apropiada en relación con otros antepasados (abuelos, bisabuelos, etc.), con los matices pertinentes. Así, por ejemplo, en relación con los abuelos, la expresión podría ser:

Me inclino ante ustedes como mis anteriores.
Y doy las gracias por mis padres.
Gracias a ustedes yo los tengo.
Lo tomo todo de ellos, y todo lo que viene de ustedes a través de ellos.
En memoria vuestra le sacaré provecho.

 

Incluir expresamente a otros antepasados produce, normalmente, una experiencia de mayor fuerza para encarar la vida.

Puede que en el pasado hayan sucedido acontecimientos trágicos; puede que uno de los padres, o cualquier otro antecesor, haya tenido un destino difícil: pudo haber perdido temprano a uno de sus padres, haber perdido un hijo, haber tenido una enfermedad dolorosa, una muerte trágica o violenta; o lo contrario: puede haber sido perpetrador de desgracias ajenas. En tales casos, es importante dirigirse a él expresando, de una u otra forma, lo siguiente:

Ahora te veo, y te doy un lugar en mi corazón.
Respeto tu destino y la forma como lo llevaste.
Y también tomo lo que de ti viene.
Le sacaré provecho en tu memoria.
Por el momento me quedo en la vida, y te ruego me mires con buenos ojos si me va bien.
Y ahora me retiro, y te dejo con los tuyos.

 

Si dos antepasados han sido infelices juntos, o han tenido conflictos importantes entre ellos, se puede incluir:

Me inclino ante ustedes y no los juzgo.
En mi interior son uno.

 

Un aspecto importante en este enfoque es que los vínculos de sangre que conforman el alma familiar no son solo los de vida, sino también los de muerte. Dicho de otra forma: entre perpetradores y víctimas (asesinatos, violaciones, hechos de guerra, etc.) se crea un vínculo tan fuerte que los incluye igualmente en el alma familiar; y, como vimos en el artículo anterior, el alma no tolera exclusiones. Por ello, en los hechos trágicos que mire en relación con sus antepasados, es necesario incluir a las otras personas afectadas, sean víctimas o perpetradores, de la siguiente forma:

Te veo a ti, y te veo también a ti.
Me inclino ante ustedes, y no los juzgo.
Respeto su destino y la voluntad superior que los condujo a él.
Y también puedo verlos reunidos en la muerte.

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Por favor, miradme con buenos ojos si me oriento a la vida y en ella me va bien.
Y ahora me retiro y los dejo en paz.

 

Solo es posible lograr la paz cuando, más allá del cualquier esquema de buenos y malos o de culpables e inocentes, o cualquiera de nosotros, podemos confiarnos a la vida y a sus, a veces, inexplicables vericuetos.

 

Violeta Hernández

Acerca de Violeta Hernández

Violeta Hernández
Hace tres años inicié mi camino como terapeuta y, a la par, inicié mi desarrollo en la técnica de Constelaciones Familiares; esto me cambió la vida, mi forma de mirar el mundo que nos rodea, y lo más importante: es que me enseñó (y me sigue enseñando) a conocerme, a saber quién soy y de dónde vengo. Esto ha modificado mi calidad de vida emocional, y con ello, mi convivir día a día con mi familia y los que me rodean. Para consultas me puedes escribir a violeta.herami@outlook.com o también llamar al teléfono: +52 (55) 73131833 y al whatsapp 52 55660704443