En el círculo de mujeres

Por Susana Gracida

El aroma de copal llenaba el ambiente en semi penumbra que estaba listo para recibir a un grupo de mujeres que yo había convocado. Yo estaba sentada en el suelo, sobre una alfombra circular y, en el centro de esta alfombra, había unas figuras de barro femeninas sentadas, formando también un círculo, y en su parte media, el espacio para una veladora pequeña. Observándolas, recordé el camino que me había motivado para convocar a estas almas femeninas a compartir.

Mi historia, como la de muchas mujeres, fue de lucha en contra de los hombres, siempre compitiendo por lograr reconocimiento, por demostrar que yo era igual a cualquiera de ellos. Algunas veces lo lograba, otras muchas, no. Pude construir un cuerpo fuerte y retador para no demostrar el miedo que lo masculino me provocaba; miedo que, como ahora bien sé, provocaba, a un nivel energético, más de lo mismo, ya que en todos los lugares en los que yo estaba, me encontraba con una gran cantidad de agresión masculina, convirtiendo esto en un círculo vicioso.

Pasé por muchas experiencias dolorosas que contribuyeron a que yo desconfiara de esta energía y, por lo tanto, la rechazaba. No me daba cuenta de que era yo quien la creaba en mí cada vez más.

Asimismo, fui resistiéndome a abrazar mi parte femenina por considerarla débil, sin fuerza, minimizando todo lo que tuviera que ver con ella y, aunque poco a poco, le fui dando poder a la parte masculina en mí. Obviamente, en mí habitaba un desequilibrio. Inclusive, en una época de mi vida, usaba botas de hombre y algunas otras prendas, en un intento de ponerme en un lugar que, según yo, me daría fuerza.

Cuando comencé a dar terapias y me encontré con varios hombres que me consultan y me hablaban de sus miedos profundos y de las exigencias que también les tocaba enfrentar, fui entendiendo que todos, hombres y mujeres, pasamos por diferentes retos que tienen que ver con nuestra dualidad. En ese mismo periodo conocí hombres muy amorosos que hacían honor a la parte masculina protectora. Poco a poco fui entendiendo esta danza en el drama divino.

A la par, entré a un grupo tolteca en donde me enseñaron del poder que tiene el hecho de usar falda, y descubrí cómo, al querer ser como hombres, nosotras mismas hemos tapado esta conexión. Me explico: nosotras, como mujeres, tenemos desde nuestra anatomía una conexión profunda con la Tierra. Nuestra vagina se abre a ella y el usar falda ayuda a esta conexión, además de que la protege.

Fue así cómo entendí que, el círculo tenía que ver con lo femenino, también con el principio y fin, y un nuevo principio… El eterno juego cósmico.

También, poco a poco, fui aceptando los aspectos de esta parte femenina que tiene que ver con el acto de recibir, de tener paciencia, intuición, magnetismo y hasta de obscuridad (como el día y la noche). Así como del vientre materno, donde se gesta la vida, entendí cómo gestamos también las mujeres: amor, sostenimiento, fuerza. Fue entonces que pude comprender y aceptar la fuerza femenina.

Cuando al fin pude reconocer este poder en mí, me dí cuenta que no necesitaba ocupar espacios diferentes a lo que yo soy. Lo que necesitaba era reconocerme e integrar esta fuerza femenina muy mía, diferente y complementaria a la masculina. Comprendí que no tenía que pelear más con nada de lo masculino ni lo femenino, todo tiene su lugar, su espacio, su función; y supe que estas dos energías danzan eternamente, complementándose, integrándose, fusionándose.

Desde el día que integré este conocimiento, los círculos de mujeres han sido constantes en mi vida. Mi visión y mi misión es ayudarme y ayudar a otras mujeres a empoderarnos desde el amor, desde la plena aceptación de lo que somos.

Los círculos no son nuevos, las mujeres se reunían de esta manera cuando los hombres se ausentaban de la tribu. Entre ellas se cuidaban, platicaban, se unían para cuidar a los pequeños y más débiles. Compartían recetas, comida, risas y amor.

¿De dónde salió ese dicho que versa “mujeres juntas ni difuntas”? No lo sé, lo que sí sé es que parte de mi objetivo (que hasta ahora se ha logrado), es recuperar este amor por lo femenino, reconocer y valorar esta gran fuerza y amor que tenemos, este poder caminar juntas, compartiendo lo que sale desde nuestro corazón, con risas, cantos, recetas mágicas y trabajo profundo.

Este es un trabajo que se inicia por la noche, a la luz de las velas, desde la intuición, desde el recibir y desde asumir lo que sí somos; protegiendo este conocimiento mágico y profundo; compartiéndonos con la otra sin miedo, cantando y bailando, con alegrías y tristezas; apoyándonos desde una hermandad profunda, generada desde tiempos ancestrales, y que nuestras células recuerdan a la menor provocación.

Otro de mis propósitos ha sido dejar de pelear con el hombre y permitir que la fuerza masculina forme parte de nuestra vida desde el amor; invitándolo a integrarse en equilibrio a nuestra energía.

Ha habido veces en las que algunos hombres se unen al círculo para compartir sus miedos y sus experiencias. Sobre esto, he de decir que, antes de que entraran, realmente estaban con mucha incertidumbre y nerviosismo. Uno de ellos me comentó, “Las mujeres no tienen ni idea de su fuerza”. Y, efectivamente, es muy importante que las mujeres nos miremos de frente y nos despojemos del miedo a conocer de nuestra fuerza para asumirla y compartirla.

Iniciamos nuestro círculo haciendo un compromiso de “no juicio” entre nosotras y atando un cordón rojo en nuestras cinturas, uniéndonos una con la otra, después encendemos una luz pidiendo lo que necesitamos ese día e iniciamos el viaje. Tenemos diferentes cierres, pero siempre desde el amor y la alegría.

¡Es un privilegio poder sentir nuestras energías fluyendo desde lo que somos!

 

Acerca de Susana Gracida

Susana Gracida
Estudié comunicación y relaciones públicas, y la maestría en psicoterapia Gestalt. Doy clases de desarrollo humano e inteligencia emocional para diferentes instituciones como Seguridad Pública, Instituto Politécnico Nacional, PEMEX entre otras. Soy terapeuta holística, así que manejo diversas técnicas como: Cromoterapia, Flores de Bach, Aromaterapia, Cuencos Tibetanos, EMF, EFT, Thetahealing, Masaje Atlante, Cristales de Cuarzo... Todas estas las agrupo en una técnica que llamo "Terapia Bio-psicoenergética" y he creado una técnica para reconectar con la fuerza femenina. Asimismo, escribí un pequeño manual de trabajo personal llamado “Liberaciones”, del cual imparto un curso cada 3 meses. También estoy compartiendo al mundo un Oráculo Alquímico.