El vínculo que sana

El apego es el vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres y que le proporciona la seguridad emocional indispensable para un buen desarrollo de la personalidad. Cuando una persona confía en contar con el apoyo o la presencia de la figura de apego siempre que la necesite, será mucho menos propensa a sentir miedos intensos que otra persona que no albergue tal grado de confianza. Cuando el niño percibe una lejanía con la figura de apego, tiende a la búsqueda de esa figura.

Los cambios de la cultura actual han creado un nuevo contexto, en donde los individuos han tenido que enfrentarse a nuevas maneras de vincularse en lo social con otros. Nos encontramos frente a un gran desafío como sociedad, ya que nuestros vínculos se encuentran cargados de ansiedad. Hoy en día formamos vínculos “autistas”, cada cual en su mundo, y como mediador un celular, ipad o cualquier otro aparato tecnológico. Observamos con tristeza familias enteras a la hora de la comida revisando sus teléfonos, parejas disfrutando una cena en la compañía de sus teléfonos o amigos conviviendo con la intervención de los teléfonos. Así, ciegos y sin darnos cuenta, nos sumergimos en una época en donde el vínculo está cargado de ansiedad o de neurosis.

¿Por qué de ansiedad y neurosis?

En una era en donde el yo se encuentra terriblemente saturado de estímulos: noticias, guerra, consumismo, corrupción, terrorismo, calentamiento global, etcétera, todos y cada uno de estos temas bombardean nuestros sentidos, llevándonos a un extremo de emociones que fluctúan entre el miedo y la ansiedad; y entonces reaccionamos desde ese lugar y nuestras relaciones, nuestros vínculos, comienzan también a neurotizarse. Un ejemplo muy claro de esto es el extremo ecologista o de la alimentación, tendencias sanas solo cuando se llevan a cabo desde el amor.

Te quiero compartir mi experiencia al respecto, porque gracias a ella pude analizar a profundidad en estos conceptos. Cuando comencé a descubrir el auge ecologista (separar basura, hacer composta, tener mi propio huerto, reutilizar toda la basura, eliminar de mi vida los empaques y plásticos, reducir al mínimo el papel, etcétera; aunado a cambios drásticos en la alimentación como quitar lácteos, azucares, incluir más comida cruda y finalmente convertirme en vegetariana) comencé a notar una fuerte incongruencia en mi vida: si bien me sentía contenta de poner en práctica todo este nuevo aprendizaje en pro del bienestar familiar, de nuestra salud y también de la salud de nuestro planeta, percibí que todos estos cambios estaban infundados desde:

  1. La culpa de ser partícipe de la destrucción de nuestro planeta.
  2. La culpa de ser partícipe de mi camino hacia el cáncer lleno de alimentos no orgánicos.
  3. El miedo a que mis hijos se enfermaran, o bien, crecieran como cualquier otro niño queriendo chocolates y televisión.

Pasé por miedo, culpa, ansiedad, a veces algún atisbo de conciencia y de amor. Afortunadamente, fue gracias al amor que me di cuenta de que estaba haciendo las cosas mal, de que todos mis intentos me estaban llevando a tener una mala relación con mis hijos y mi familia, una relación de juicios y de poca empatía, en donde prevalecía “la consciencia, el deber, lo correcto” por sobre la construcción de vínculos amorosos, verdaderos y presentes. Mi casa se volvió un caos, y el amor me rescato, recordándome la importancia de no perdernos en las “formas” y comenzar a atender los “fondos”, los corazones de los seres que me rodean, las miradas, las risas, y la complicidad de sentarte a comer un chocolate.

Hoy, voy de a poco, logrando integrar la alimentación con amor para mí y para mi familia. He logrado acercarme a una vida llena de amor y respeto por la tierra, pero me siento en paz, relajada, enfocada en lo que es verdaderamente importante.

Así te invito, querido lector, a recordar que no hay nada más importante en esta vida que los vínculos; te invito a revisar tus relaciones, tus juicios. Y a ser consciente de que en una era de enfermedad, adicciones, terrorismo, guerra, tecnología desenfrenada, etcétera, lo único que nos salvará, lo único que nos sanará, es la capacidad que tengamos de amar, y de relacionarnos desde el corazón.

Manifiesta tu cariño, juega, escucha con aprecio y aceptación, comparte, sé consciente de tu propia sombra, de tus sentimientos negativos y trabaja tu propia reactividad; habla de tus sentimientos, abre tu corazón, muéstrate tal cual eres con tu fuerza y también con tu vulnerabilidad; expresa tu afecto, alimenta tus vínculos y dedícales tiempo, ya que con ello vas construyendo un espacio de intimidad y de confianza necesaria para un apego sano.

La construcción de un vínculo adecuado implica expresar abiertamente el afecto que sentimos, hacer sentir a la persona querida y aceptada, tanto por las cualidades que nos gustan de ella, como por las que no, conlleva crear espacios de intimidad, dedicar tiempo e implicarnos activamente en conseguir el bienestar del otro, escucharnos, abrazarnos, mirarnos y tocarnos.

Cuando nuestras vidas se encuentran rodeadas de vínculos estrechos, profundos y verdaderos, entonces nuestros corazones danzan acompañados, sintiéndose seguros, amados y recobrando el sentido que tiene estar vivos.

Con amor

Claudia

Acerca de Claudia Sánchez Musi

Claudia Sánchez Musi
Profunda enamorada del Alma Humana, se gradúa en Piscología Clínica, complementando su preparación académica con una serie de herramientas para la sanación. Se especializa en psicoterapia corporal Integrativa, Psicoterapia Biodinámica Boyesen y Psicología Transpersonal. Desde hace 15 años a la fecha se dedica a la psicoterapia individual y grupal así como a la creación de diversos talleres y seminarios. Impartiendo en la actualidad el seminario “El lenguaje del Alma”. Creadora del Programa terapéutico la medicina del Adiós para acompañar a personas en su proceso de separación. En el camino Transpersonal encuentra la magia y la medicina de la tierra que la lleva a estudiar profundamente los diferentes estados de consciencia y las plantas ancestrales de poder cuyo uso aplicado a la psicoterapia ha dado resultados de transformación profunda y sanación en la psique y el alma humana. Especialista en el sistema homeopático-floral “Plantas ancestrales de poder del México antiguo”. Una de sus pasiones es la escritura, autora del libro Pacto de Amor: como construir una pareja saludable. Actualmente radica en san José del Cabo BCS, entre el mar y el desierto rodeada de magia e inspiración colaborando como columnista en diversas revistas y medios. También es mamá de dos hermosos Soles, curandera de almas, y corazones rotos, temazcalera, y amante de la Vida y de la Naturaleza.