“El odio, es el amor congelado”

Alguna vez pensé que eso del odio era de “personas malas”, hoy, con lágrimas en mis ojos y compasión en mi corazón, descubro que el odio se gesta cuando el amor ha quedado sin posibilidad de entrega o movimiento hacia el objeto de nuestro deseo. Movimiento que es desesperado para no sentir más dolor y así proteger al corazón. Sin embargo, el costo es caro y únicamente caro para aquel que lo siente, sobre todo porque, sin darse cuenta, continua alimentándolo.

La ira es un sentimiento que tiene por objeto la eliminación de algún obstáculo que impide el flujo de la libido; esta es la energía de vida, de amor, es la energía erótica. Aunque la ira pueda ser destructiva en su acción manifiesta, su finalidad es fundamentalmente constructiva. La ira no pretende destruir; es una marea de agresión desprovista de sentimientos de ternura. Tan pronto como se retira, los sentimientos tiernos fluyen de nuevo.

El odio es frío e inmóvil, es comparable al frío y la oscuridad permanentes en un desierto helado. El odio está relacionado con el amor. El uno puede transformarse en el otro, de ahí el dicho popular “del odio nace el amor”, y también la realidad de que el amor puede convertirse en odio. Según Alexander Lowen: “El odio es el amor congelado”.

A medida que el amor se enfría, surge el peligro de que se convierta en odio, o en indiferencia.

El odio es, con frecuencia, el resultado de una grave frustración en la vida adulta. Cuando el corazón se siente herido, traicionado o rechazado en su amor, activa su defensa y llega el orgullo, que viene a decir: “no te amaré, y de ese modo no podrás hacerme daño”.

Cuando estamos elaborando un duelo por la pérdida de una pareja es normal el odio, pues es parte del proceso que surjan sentimientos de ira o mucho enojo, que tiene una razón fundamental hasta biológica de supervivencia.

El enojo nos conduce a mirar el abuso y nos da la fuerza de poner límites a situaciones de humillación, abuso y desamor en general. La ira moviliza la energía y brinda fuerza para superar las adversidades, pero ¿qué sucede cuando nos quedamos atascados en la ira y metemos la razón a su favor? Se convierte en odio.

El odio es una emoción compleja y elaborada, cuyo condimento perfecto es el resentimiento (el resentimiento es un sentimiento añejo que viene a repetirse en el presente), es decir, traer una y otra vez la herida o traición de la otra persona cargado con nuestro juicio sin piedad hacia el otro, hacia aquel que nos ha lastimado.

Y, ¿qué le sucede a la persona que siente odio?

Si la energía de la ira no es utilizada o sublimada para crear nuevos espacios de amor, expansión o crecimiento; si no sirve de alimento a la creatividad, comienza a alimentar al odio. Entonces la persona recubrirá su corazón congelado y será incapaz de abrirlo de nuevo al amor que sí está ahí para ella.

Con el corazón congelado lo único que logramos es repetir la herida hasta ser capaces de mirarla de nuevo para perdonarnos y perdonar. Para recordar que esta vida es para los valientes que, aún con el corazón herido, entran a los submundos del dolor y del inconsciente a rescatarse, a sanarse para seguir aprendiendo lo que hemos venido a aprender: el amor verdadero.

La ira hay que moverla hacia afuera de forma saludable. Hay muchos ejercicios que pueden ayudarte a ell: golpear cojines, la cama, un costal de box, gritar, ¡¡sacar la voz con todo!! Luego, el alma se sentirá más libre y clara para integrar la enseñanza del enojo. Este también se debe sublimar, es decir nos da una fuerza grande para concretar proyectos personales, para cuidarnos mejor, para poner nuestra vida en orden.

Solo obsérvate y mira tu proceso para ser capaz de detectar si tu ira reprimida se ha convertido en odio. Si es así, disponte a sanar tu corazón. No porque los demás se merezcan tu amor, sino porque tú te mereces volver a amar y ser amado.

Un corazón herido, un corazón con odio será un corazón que a la larga lastime a los demás. Y cuando en el corazón habitan aún heridas sin sanar, se pasan automáticamente a nuestras siguientes relaciones. Sobre todo cuando hay odio en el pasado nos veremos intentando vengarnos, inconscientemente, aunque no sea la persona que causó el dolor.

¿Puedes amar a alguien, luego odiarlo y después volver a amarlo?

Sí, y de eso se trata. Una vez que te das cuenta de que el amor que sentías se ha convertido en odio, deberás comenzar un trabajo de sanación con tus emociones; llevar, de a poco y con amor, calorcito al corazón para que comience a derretir el hielo; emprender el viaje de amor incondicional hacia tu propio corazón, el viaje del perdón, que te llevará sin duda a volver a amar, primero a ti mismo, para después amar a quien te lastimó, en la consciencia de que ese ser ha sido tan herido que por eso acaba hiriendo. Esto no significa que tenga que volver a tu vida, pero sí, que en tu corazón pueda existir amor y solo amor.

Para acompañar este proceso es necesaria la gratitud y el saber que cada persona con la que nos topamos tiene una misión importante en nuestra vida, agradecer lo bueno y también lo malo nos ayuda a dar el paso para continuar nuestro camino con el corazón libre, libre de resentimientos, de odio, de amores congelados.

Con amor, Claudia

Acerca de Claudia Sánchez Musi

Claudia Sánchez Musi
Profunda enamorada del Alma Humana, se gradúa en Piscología Clínica, complementando su preparación académica con una serie de herramientas para la sanación. Se especializa en psicoterapia corporal Integrativa, Psicoterapia Biodinámica Boyesen y Psicología Transpersonal. Desde hace 15 años a la fecha se dedica a la psicoterapia individual y grupal así como a la creación de diversos talleres y seminarios. Impartiendo en la actualidad el seminario “El lenguaje del Alma”. Creadora del Programa terapéutico la medicina del Adiós para acompañar a personas en su proceso de separación. En el camino Transpersonal encuentra la magia y la medicina de la tierra que la lleva a estudiar profundamente los diferentes estados de consciencia y las plantas ancestrales de poder cuyo uso aplicado a la psicoterapia ha dado resultados de transformación profunda y sanación en la psique y el alma humana. Especialista en el sistema homeopático-floral “Plantas ancestrales de poder del México antiguo”. Una de sus pasiones es la escritura, autora del libro Pacto de Amor: como construir una pareja saludable. Actualmente radica en san José del Cabo BCS, entre el mar y el desierto rodeada de magia e inspiración colaborando como columnista en diversas revistas y medios. También es mamá de dos hermosos Soles, curandera de almas, y corazones rotos, temazcalera, y amante de la Vida y de la Naturaleza.