El laberinto del sapo

Por Susana Gracida

Siempre me he considerado la mujer de las mil historias, por lo que, aprovechando la invitación para ser parte de IOSOI.la, contaré algunas en este espacio.

Siempre he creído que cosas mágicas pasan a las personas que creen en la magia, y yo me considero una ferviente creyente de ella. Concuerdo con Einstein cuando decía que hay dos maneras de ver la vida: “todo en la vida es milagro o no todo en la vida es milagro”. Y así las cosas con la magia cotidiana: hay que elegir una postura.

La magia es esa que pasa desapercibida, porque es tan sutil que ni siquiera la integramos del todo y, sin embargo, en cada momento, se está manifestando en situaciones, cosas, personas que aparecen y desaparecen; todo en un intrincado entramado que se confabula para ayudarnos a desarrollar dones y aprender de las experiencias en este planeta-escuela.

Mi historia es la siguiente:

Un día fuí a visitar a una amiga chamana a su espacio de medicina ancestral. Ella me recibió con la noticia de que tenía un laberinto que había llamado “El laberinto del sapo”, honrando al protector del lugar. Yo lo vi y no me pareció nada espectacular: todos los caminos estaban formados por piedras rojas y azules, simulando una rana con sus cuatro patas.

Para entrar al laberinto teníamos que hacerlo usando respiración de fuego y caminando de puntitas para llegar al centro, recapitulando nuestra vida, y ahí, la chamana nos esperaría con una taza de barro llena de agua para beber. Debo decir que ella estaba realmente deseosa de que yo lo experimentara, así que decidí entrar junto con otras personas que estaban también de visita.

El camino de ida al centro fue muy suave. Yo me sentí bastante fuerte y poderosa para hacerlo, ya que, en los últimos años, había crecido mucho. La chamana me recibió en el centro y me dijo —Todo lo que has vivido te ha traído hasta acá. Es hora de que revises tu camino. Y me tapó los ojos con un paliacate. Yo me sentí muy tranquila, pensando que si el camino de ida había sido fácil y sin contratiempos, el de regreso debía ser igual; después de todo, ¿qué tan difícil podría ser el regreso con unas cuantas piedritas por ahí?

Me preparé para comenzar a caminar el regreso, ya con la advertencia de que, si acaso me iba hacia el lado contrario, mi amiga solo me tocaría el hombro. —Esta mujer está mal ubicada. ¿Al revés? ¿Cómo puede creer eso? —pensé. Les recuerdo que, para ese “regreso”, yo iba con los ojos tapados.

Inicié mi camino de vuelta, con mi mano derecha puesta sobre mi centro-corazón y la izquierda haciendo de antena Wi-Fi celestial. Nada podía fallar. Di unos seis pasos con una seguridad envidiable y, de pronto, sentí un toque en mi hombro. —¡¿Qué?! ¿Cómo? ¿Qué significa eso? No, no puede ser —pensé. Entonces corregí, como ella me dijo, y seguí mi camino, y sin esperarlo, volví a sentir el toque en mi hombro. —Pero, ¿cómo? —pensé.

Después de ambos toques, continué caminando, claro que ya no con tanta seguridad y, de hecho, a cada paso, la seguridad se esfumaba, ya que por lo menos me tocó el hombro unas cuatro veces más.

Rendida, de plano quité mi antena Wi-Fi y la mano del corazón, y me puse más humildita y real, ya consciente de mis pasos y de las piedras con las que me topaba. Curiosamente, en ese momento choqué con una chica y ella, muy enojada, me empujó. Yo pensé que le estaba estorbando y decidí moverme de ahí: ¡MOVIMIENTO EQUIVOCADO! Me salí del rumbo y me costó mucho trabajo retomarlo; además, cuando lo hice, fue para el otro lado.

Fue entonces que entendí que ahí había una enseñanza: ¿Cuántas veces he perdido mi camino por no estorbar al otro? Así que seguí con esta reflexión y, una vez más, me volví a topar con la misma mujer que, obviamente, me empujó de nuevo. —¡Agh! Tengo que hacerlo distinto —pensé. Así que le dije —Mira, aquí estamos las dos atascadas, no me voy a quitar por más que me empujes, así que vamos pensando cómo le hacemos las dos para destrabarnos y poder continuar. Se hizo el silencio. La mujer se detuvo y me dejó pasar. ¡¿Qué tal?!

Empecé a integrar esto para aplicarlo en mi vida diaria y dije —me parece que esta es una nueva manera de hacer las cosas.

En otro momento, no podía salir de un lugar. Chocaba y chocaba con las piedras. Escuchaba los cantos de la chamana. Estaba ya desesperada y me pregunté en qué se parecía esto a mi vida. No encontraba la respuesta y seguía chocando con las piedras sin poder salir. Me sentía a punto de llorar, así que me hinqué en el camino y pedí ayuda a los ancestros —Por favor díganme, ¿qué tengo que aprender? —grité. En ese momento, en mi mente aparecieron mis hijos, y entonces supe que tenía que soltarlos por completo. Me levanté, respiré y ¡pude salir! Esa era la respuesta.

Seguí caminando, respirando, chocando, integrando y pensé en llorar a grito pelado, cuando, de la nada, oí la voz de mi amiga chamana diciéndome que ya había llegado. No podía creerlo. Grité de felicidad. Ella me aconsejó meditar y reflexionar sobre la experiencia. Después de hacerlo llegué a las siguientes conclusiones:

  • Aunque parezca que conoces el camino, las situaciones pueden hacer que lo desconozcas. Sé humilde y conecta con tu sabiduría interior para salir de donde estás.
  • Cuando tienes todos tus sentidos en “el ahora”, el camino puede ser más fácil; aunque no necesariamente te darás cuenta de ello.
  • Siempre existe una guía que, aunque parezca que solo está regañando, está guiando. La guía siempre está ahí, el problema es darte cuenta para hacerle caso.
  • Una piedra en el camino puede hacerte retroceder y tomar un camino equivocado.
  • Un obstáculo, si lo permites, puede sacarte de tu camino. Este obstáculo puede ser una piedra, un pensamiento o una persona. Puedes chocar con otras personas y elegir quitarte del camino, con el riesgo de perderte en tu caminar, o puedes decidir cómo caminar en el sendero cuando alguien te bloquea el paso.
  • No debes perderte de tu camino por nadie.
  • A pesar de que pienses que no avanzas y que no sabes cuánto más falta por recorrer, estás más cerca de lo que crees.
  • Cada paso difícil te recuerda cosas no resueltas de tu pasado. Es una oportunidad de hacerlo diferente.
  • Tu camino es solo tuyo, no importa el tiempo que te tome, no hay comparación con los otros.
  • Cuando no sabes qué hacer, rendirse ante la voluntad divina y parar por un momento, puede hacer que escuches la respuesta correcta.

Susana Gracida

Acerca de Susana Gracida

Susana Gracida
Estudié comunicación y relaciones públicas, y la maestría en psicoterapia Gestalt. Doy clases de desarrollo humano e inteligencia emocional para diferentes instituciones como Seguridad Pública, Instituto Politécnico Nacional, PEMEX entre otras. Soy terapeuta holística, así que manejo diversas técnicas como: Cromoterapia, Flores de Bach, Aromaterapia, Cuencos Tibetanos, EMF, EFT, Thetahealing, Masaje Atlante, Cristales de Cuarzo... Todas estas las agrupo en una técnica que llamo "Terapia Bio-psicoenergética" y he creado una técnica para reconectar con la fuerza femenina. Asimismo, escribí un pequeño manual de trabajo personal llamado “Liberaciones”, del cual imparto un curso cada 3 meses. También estoy compartiendo al mundo un Oráculo Alquímico.