El azúcar blanco, el dulce veneno

Es curioso cómo uno de los alimentos más nocivos para nuestra salud es también uno de los más consumidos por nuestra sociedad actual: el azúcar blanco.

Este producto, que se puede encontrar en productos que van desde las golosinas hasta las ensaladas, es el resultado de numerosos procesos químicos en los cuales, aquel producto obtenido de la caña de azúcar, pierde todas sus vitaminas y minerales, convirtiéndolo en un alimento vacío, con un importante aporte calórico y un mínimo aporte nutricional.

El problema con el azúcar blanco va más allá del asunto de las calorías, el gran problema es que su consumo produce un terrible desajuste en nuestro sistema nervioso pues, cuando lo ingerimos, se produce un pico de hiperglucemia en nuestro organismo, lo que aumenta rápidamente la glucosa en la sangre; entonces, nuestro hígado y páncreas tienen que esforzarse para volver a la normalidad, lo que nos lleva a una hipoglucemia, es decir, un rápido descenso de la glucosa en la sangre, por lo que tendremos que volver a comer algo con azúcar para volver a los niveles normales. Este círculo vicioso nos puede llevar a sufrir problemas de diabetes, obesidad y colesterol.

El asunto no termina ahí pues, según varios estudios realizados en los EEUU (el país con mayor número de casos de osteoporosis), la ingesta continua de azúcar blanca puede causar que nuestro cuerpo elimine parte del calcio que consumimos, lo que pone en peligro la salud de nuestros huesos. Esto se debe a que el azúcar, aunque químicamente sea sacarosa pura, es un producto artificial que al entrar a nuestro sistema, busca inmediatamente unirse con las sales minerales que le faltan y que encuentra en nuestra sangre, particularmente el calcio. De esta manera se forma el sucrato de calcio, sustancia que el organismo no puede aprovechar, siendo entonces eliminado por el intestino, riñones, etcétera.

Además, se ha observado que, ante el consumo continuo de azúcar, los glóbulos blancos se ven afectados y se vuelven menos eficaces en su trabajo, lo cual nos hace más vulnerables a la infecciones, sobre todo por bacterias. De hecho, se ha observado que el consumo de azúcares simples afecta especialmente a las infecciones vaginales, pues el exceso de azúcar en la mucosa crea el escenario ideal para el crecimiento excesivo de bacterias y levaduras.

Lo peor de todo es que el azúcar blanco es altamente adictivo, ya que nuestro cerebro necesita de los azúcares para realizar gran parte de su trabajo y, como los azúcares simples son de fácil acceso, nos es muy sencillo consumirlos en forma de golosinas, refrescos, postres, etcétera. El problema es que cuanto más azucares simples comamos, más necesitaremos en el futuro, cayendo, una vez más en peligroso círculo vicioso.

Dejar el azúcar blanco no es fácil, pero tampoco es imposible. Existen opciones más saludables para darle a nuestro cuerpo los azúcares que necesita para funcionar, la clave está en consumir hidratos de carbono complejos, como los que obtenemos del arroz integral, el azúcar de coco, la miel de agave, la avena, el centeno, etcétera, cuyos azúcares se van liberando poco a poco, evitando esos picos que tanto afectan nuestra salud.

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