Despréndete de lo viejo como los árboles de sus hojas

Continuamos con el importante tema del acto de “soltar”. En el artículo anterior, habíamos platicado algo sobre el deshacernos de las cosas que tenemos guardadas en casa o en la oficina que no usamos ni sirven ya, que solo ocupan un lugar y que generan sensaciones de estancamiento, ya que la energía del lugar se detiene, se atasca.

Pues lo mismo le hacemos con nuestras emociones, resentimientos y rencores que almacenamos en nuestro interior, igual que con los “cachivaches” rotos e inservibles que tenemos acumulados por años, este tipo de emociones densas se nos atoran y nos producen sentires que, si tuvieran un aroma, este sería horrible.

Parece metáfora sin serlo, porque las emociones que guardamos del pasado ¡sí apestan! Y se manifiestan en comportamientos y estados de ánimo pesados, crónicos y a veces imperceptibles para la persona que los carga, no porque no sean malestares importantes, sino por la costumbre de andar trayendo la cara tiesa y la boca fruncida por años.

Las emociones, como lo hemos leído en muchos ámbitos, son energías creadas por cada pensamiento que tiene una persona. Estas energías emocionales se sienten en el cuerpo y por lo general no sabemos qué hacer con ellas, y cuando se detienen en un área del cuerpo, por no saber cómo expresarlas para dejarlas fluir, o porque decididamente no se quiere prescindir de ellas, ya que acariciar rencores a veces da placer (retorcido pero placer al fin). Y si se fijan, después de mucho tiempo de atore, el o los órganos que habitan el área emocional específica, se enferma. Esto ya es de los últimos avisos que grita el cuerpo para que hagas un alto en tu rutina y te pongas a mirarte dentro para descubrir qué tanto enojo, por ejemplo, has acumulado a lo largo de tu vida que te trae ya con una enfermedad gástrica severa o con dolores de cabeza diarios.

Una de las mayores razones por la que una persona no logra liberarse de sus emociones viejas es la ignorancia. En su mayoría, la gente puede creer que lo que siente será así por el resto de sus días y solo espera, pasivamente, a que el olvido llegue, para sentirse un poco mejor; o también, algunas personas se sientan a esperar a que el tiempo pase, ya que “el tiempo lo cura todo”, dicen, y no necesariamente esto es cierto. El tiempo pasa y la atención se va depositando en otras situaciones, relaciones o circunstancias, lo que hace que la emoción guardada se vaya más adentro, en el inconsciente de la persona y pareciera que ya no está, pero solo falta vivir algún evento (digamos de abandono) para que a la persona se le destape la herida anterior y el dolor que se vive se vuelva casi inhumano.

Reconocer lo que se tiene atorado es el primer paso, luego habrá que ayudar al cuerpo a liberarse de la carga emocional. Lo único que “sana” las emociones es la expresión de ellas. Es decir, que si hay tristeza, habrá que llorar. Si hay dolor, aullar y llorar muy fuerte, si hay enojo gritar, patear un colchón… gruñir. Decir en voz alta: ¡Estoy muy enojado! Siento mucha tristeza… Me duele el alma por mi pérdida… y permitir que el cuerpo haga el resto.

La cosa sería perderle el miedo a las diversas expresiones de cada emoción, por ejemplo, mucha gente evita el llanto por los tontos prejuicios que dicen que llorar es de débiles. El llanto es absolutamente liberador y natural al ser humano. Lo mismo pasa con la expresión de otras emociones, como enojarse o brincar de felicidad, que no está nada bien visto.

Es tiempo ya de que las personas nos zafemos de tanta represión absurda y permitamos que nuestro sentir sea tan valioso y digno como para poder manifestarlo en la forma que más salud y armonía nos brinde.

Es momento de darte permiso y sacudirte de todo lo viejo.

 

 

Acerca de Ana de la Macorra

Ana de la Macorra
Poeta, escritora y psicóloga clínica, Ana de la Macorra, ha dedicado su carrera al servicio del crecimiento humano y la expansión de la consciencia. Entre su extenso currículo, sobresalen sus más de 25 años de experiencia como psicoterapeuta; la autoría y publicación de los libros Hondos los Suspiros y DIOSOY: ser esencia y en presencia; así como su papel como directora, fundadora y editora del primer sitio integral en servicios de crecimiento humano www.serluna.com