Del poder personal y el amor

Por Alex Slucki

 

Durante años me he prestado a la escucha sensible y atenta como parte de mi trabajo, a un tema que no deja de llamarme la atención: se trata de una confusión básica entre nuestro anhelo de entregar amor y, en lugar de ello, terminar entregando nuestro poder personal. Parecen cosas diferentes, pero, en mi experiencia con tanta gente, la distinción no le resulta tan clara a aquellos a quienes acompaño en el proceso de sanación.

Conozco a varias mujeres extraordinarias, independientes, guerreras de luz y creatividad que se han derrumbado en cuestión de semanas o meses, porque dejaron de pensar en sí mismas; porque al mirar a esa fuente de luz que parecía el concepto ideal de pareja, confundieron la entrega de todo el cariño, entusiasmo, la ternura, la sensualidad, la creatividad que habita dentro de ellas, con un sacrificio no solicitado, dando energía de más y esperando que todo eso que el Universo nos regala de forma abierta e inabarcable ahora dependa de una sola persona.

Sin darse cuenta, estas hermosas almas comenzaron a generar una expectativa de que, en la medida en que lo diesen todo por la pareja, serían correspondidas equitativamente y en todos los niveles, saciando una sed repentina que abarcaba desde lo físico hasta lo espiritual pasando por emociones, sentimientos, pensamientos donde se buscaba una afinidad por demás imposible, por la sencilla razón de que “cada cabeza es un mundo” y lo mismo aplica con el corazón.

¿En qué momento exactamente se filtró en ellas la noción de que “el otro” representaba el Todo y estaba llamado a entregarlo de la forma en que se espera de ellos? Sé que, en alguna parte del hilo conductor del enamoramiento, se dio marcha a un proceso palpable de cambio en su percepción… una transformación nociva, cuando el pensamiento pasó por los filtros de la fantasía y de pronto el objeto del amor se convirtió en un personaje ficticio, casi heroico, que debía ser puesto a prueba y también renunciar o alinearse con las demandas que resultarían imposibles de cumplir porque se trataba de una renuncia del poder personal.

¿Es que alguien en su sano juicio tendría la voluntad de desistir a lo que construye el amor propio?

Dicha expectativa, es fácilmente percibida por el otro: se da cuenta de que algo ya no marcha ni fluye; algo está echando a perder la natural inocencia del amor: él o ella demandan más tiempo, ponen a prueba, resienten la distancia, cuestionan las acciones que antes parecían cotidianas, reprochan la falta de ganas o esfuerzo para que la dinámica “funcione”. La relación se ha vuelto una telaraña gigantesca en donde la complejidad de pensamientos y sentimientos generan un mayor enredo, y es entonces que nace el deseo de huida y se rehuye al compromiso que ha dejado de ser enteramente voluntario.

“Pero es que yo me estoy sacrificando. Yo le estoy echando ganas. Yo estoy haciendo todo lo posible porque esto funcione.” Dichas declaraciones vienen acompañadas de una profunda y sombría tristeza; la felicidad de hace días, semanas o meses ya no parece viable. Y es que se ha dejado la luz del poder personal en manos de otro, y esto es una responsabilidad demasiado grande.

Este modelo de entrega del poder, mezclado con la esencia del amor, tiende a producir un alto nivel de insatisfacción, desconcierto y frustración, que agravan los síntomas de la dependencia: obsesión, llanto, miedo, dudas, celos, exigencias cuando nada es ni será suficiente, son los muchos hijos de este amor desempoderado y nada recomendable.

Para amar realmente, resulta esencial seguir brillando desde adentro y nunca perder de vista el trono de luz que es el amor a uno mismo. Lejos de ser interpretado como egoísmo, sucede que la salud de la pareja depende, casi de forma íntegra, que ninguno pronuncie un renunciamiento a su propio ser: eso que se ama de uno mismo, las actividades que nutren el placer, las personas y lugares que enriquecen la experiencia de quién uno es. Todo ello es condición necesaria a fin de evitar el confinamiento del espíritu a las cuatro paredes de una relación que corre el riesgo de ahogar el bienestar que ese amor es capaz de brindar universalmente, y que, al ser libre, puede fluir en cualquier momento. Jamás es necesario deshabitarnos a fin de que otro nos descubra o comparta nuestro espacio. Todo lo contrario: si aceptamos ser primero nuestro mejor aliado, la única compañía que tendremos realmente desde el nacimiento hasta el momento sagrado de nuestra muerte, podremos amar de forma más auténtica y agradecer los regalos que el Amor con A mayúscula es capaz de brindarnos como un manantial eterno.

Alex Slucki

 

Acerca de Alex Slucki

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Mi pasión es trabajar con los Arcángeles y Maestros Ascendidos de quienes he aprendido la mayor parte de lo que sé. A lo largo de 20 años sus enseñanzas se han convertido en todo un sistema para el desarrollo Integral del ser humano, abarcando todos los temas universales que comprenden una vida en la Tierra y también en conexión con el Cosmos. Busco a través de mis técnicas elevar la consciencia del Ser, incrementar la vibración de amor, luz, prosperidad y bienestar de nuestra propia frecuencia y del planeta y lograr la Interconectividad de todos los seres con las otras dimensiones. Los Mensajes de los Arcángeles y los Maestros Ascendidos son la base para lograr un continuo crecimiento y, ya sea de forma paulatina o espontánea, experimentar nuestro máximo potencial y también nuestra iluminación. Al lado de Jorge Medina Velten, hemos fundado el proyecto Cielo-Tierra mediante el cual ofrecemos salud integral de cuerpo, mente, emociones y alma. Jorge me complementa dando masajes para que la energía que se mueve en las sesiones quede bien integrada y aterrizada. Hemos realizado este trabajo juntos por cerca de 13 años y en varios países como: México, EU, Canadá, España, Guatemala y Holanda.