De viaje a tu infancia

Por Ana de la Macorra

Desde el nacimiento (algunas teorías dicen que desde la gestación), las personas vamos coleccionando un montón de experiencias, y todas ellas van formando lo que llamamos “historia de vida”. Las hay de todos los sabores posibles, unas son deliciosas, otras son equis y muchas otras horribles. Por lo general, las “horribles” se van acumulando en el armario interior de cada persona, porque se elige ignorarlas, y es casi seguro que, se queden ahí, guardaditas sin que salgan a la luz para poder ser liberadas; ¡claro! no son agradables para nada, duelen, dan vergüenza, enojan, perturban, dan miedo… y (dizque) mejor no verlas (ni sentirlas) y así es que se van quedando sin resolver y sin integrarse como una valiosa lección de vida.

Y bueno, si solo se quedaran ahí estaría bien, ¡pero no! No se quedan quietas. Las experiencias acumuladas ejercen una influencia bastante desagradable y totalmente inconsciente en la vida actual de cada persona. En primer lugar, ocasionan situaciones en las que lo “no deseado” se repite y se repite sin ton ni son, como si la vida gritara: “¡Date cuenta y deja ir, suelta, resuelve!”, pero lo común es no escuchar, y entonces, las depresiones, los sin-sentidos, el mal humor, las enfermedades y un gran etcétera de malestares se estacionan como quien llega para quedarse. Sobra decir que se vuelve imposible ser feliz, cargando todo esto…

Un ejercicio súper efectivo para resolver asuntos pendientes del pasado, es el siguiente:

Sentado cómodamente, de preferencia con la espalda naturalmente recta, en un espacio en el que sepas que nadie te va a interrumpir, comienza a realizar respiraciones profundas, tranquilas y pausadas, cuando lo sientas, cierra tus ojos. Continúa respirando, pero ya a un ritmo normal, y trae a tu mente a ese niño, a esa niña, que eres tú cuando fuiste pequeño. Imagina que lo ves, que te encuentras con él o ella; sabe con seguridad que sí estás ahí, que tu presencia le acompaña. Como lo vayas sintiendo, acércate a donde está. ¿Qué esta haciendo? ¿Está en un rincón, en su cama, debajo de una mesa? ¿En la calle? ¿Dónde?

Sigue respirando.

Ahora imagina que te acercas más y le preguntas cómo está, cómo se siente. Probablemente no te voltee a ver, o quizás quiera salir corriendo. Eso tú lo irás descubriendo mientras haces el ejercicio. A lo mejor te ve y dice algo. Escucha qué te dice. Quizás llore o quizás nada más se te quede mirando.

El punto es que, aquí es donde te corresponde a ti, ya adulto, vibrarle y darle a ese niño a esa niña TODO lo que le hizo falta: confianza, reconocimiento, respeto, seguridad, alegría, etc., etc., etc. Ya él o ella te dirá, y si no te dice nada, recuerda qué es lo que necesita (al final de cuentas eres tú).

Imagina que le abrazas y le dices con mucho amor, que ya creciste y que ahora y para siempre, siendo una persona adulta, estarás a su lado para darle amor, protección, seguridad, reconocimiento, juego… y todo lo que necesite.

Respeta si acaso tu niña o tu niño no quieren hablar contigo y ni mirarte siquiera. Podría ser que esté con mucho enojo, o con mucho miedo, o… tú sabrás.

Cuando ya quieras y sientas, despídete y hazlo con la consciencia de que tú y él o ella son una misma persona; y que estarás, real y literalmente, fundiendo tu corazón de adulto con su corazón infante, sanando todas las heridas, apaciguando todos los miedos, llenando todas sus carencias o aceptándolas como parte de la experiencia para seguir adelante.

Esto funciona muy bien ya que, como en el inconsciente no existe ni el tiempo ni el espacio, lo que sea que hagas hoy, lo estarás haciendo en ese entonces. El pasado vive en tu presente. Aprovecha pues la oportunidad de hacer magia contigo, en tu vida, y haz magia siempre que así lo quieras.

Crea una realidad diferente a partir de sanarte a ti mismo.

Ojalá lo disfrutes.

Ana de la Macorra

Acerca de Ana de la Macorra

Ana de la Macorra
Poeta, escritora y psicóloga clínica, Ana de la Macorra, ha dedicado su carrera al servicio del crecimiento humano y la expansión de la consciencia. Entre su extenso currículo, sobresalen sus más de 25 años de experiencia como psicoterapeuta; la autoría y publicación de los libros Hondos los Suspiros y DIOSOY: ser esencia y en presencia; así como su papel como directora, fundadora y editora del primer sitio integral en servicios de crecimiento humano www.serluna.com