Confesiones de un serie-adicto

Con cierta frecuencia me imagino a los ángeles observándonos del mismo modo en el que yo disfruto de ciertas series de la televisión. Y no me refiero, a los programas de manufactura barata y predecible, sino a esas series modernas que están marcando la diferencia, el nuevo estilo narrativo que rompe los esquemas y propone, de manera inteligente, sensible y muy vanguardista, una forma más completa de sentir, mirar, pensar y percibir nuestra profunda y misteriosa humanidad.

La manufactura de algunos nuevos programas actuales raya en lo exquisito; son auténticas piezas cinematográficas que narran historias con las que, humanamente, tenemos todo motivo para identificarnos. Los personajes de ahora, son más complejos; sus sentimientos navegan las aguas del cambio; y sus anhelos, filosofía de existencia y la forma en la que resuelven los conflictos que nutren sus historias generan una transformación, no solo en el personaje ficticio, sino en nosotros, sus testigos y aliados, sus compañeros televidentes quienes soñamos con un desenlace positivo, particularmente para aquellos personajes con quienes sentimos una identificación en particular.

Leí alguna vez, no recuerdo dónde, que la narrativa visual ha suplido el contenido de muchos libros (de hecho, muchos de éstos se han convertido en series y películas), pero mantienen su función no solo de entretenimiento, sino también de reflexión de quiénes somos como individuos y como especie. La magia de estos nuevos contenidos es que pueden situarnos, con mayor realismo que nunca, en alguna época y lugar sin importar cuán remotos sean.

Tomo como ejemplo de lo anterior a Downtown Abbey, serie que continuamente enfrenta a los personajes con los conflictos de clase y de credo, y que, además, los enfrenta con su capacidad de aceptación de los repentinos cambios que aceleraron el proceso evolutivo de Inglaterra (y del mundo), comenzando con el hundimiento del Titanic; pasando luego por la Primera Guerra Mundial; la disolución de los modelos sociales mediante la asimilación de las clases emergentes; la inquietud femenina por lograr la equidad de derechos; la aceptación de los matrimonios interculturales e interraciales, etcétera. Todo lo anterior acompañado de una fotografía y músicas que convierten, a mi juicio, a Downtown Abbey en una serie casi perfecta.

Con series como esta, no es de sorprenderse que surjan términos como “serie-adicto” y que una conversación con mis amistades dedicadas a la terapia, a la astrología, a la meditación, también deriven en este fenómeno cultural de las nuevas, revolucionarias e inteligentemente narradas series televisivas.

Y luego… pienso en nosotros, los actores protagonistas del siglo XXI, e imagino a los ángeles mirándonos del mismo modo en que nosotros observamos a nuestros personajes favoritos: con amor, con curiosidad; esperando que tomemos las decisiones que mejor convengan a nuestros destinos. Yo sé de antemano que los ángeles anhelan que nosotros evolucionemos tanto como lo hacen estos personajes entrañables a lo largo de nuestras vidas. Lo he dicho antes y debo insistir en que nuestros guías de luz promueven la idea de que vivir es un arte.

En esta “Temporada Siglo XXI” de la increíble Serie que yo llamaría Planeta Tierra, ¿en qué nos queremos convertir los participantes del gran drama planetario? ¿Cómo abordaremos los retos que enfrentamos en el proceso de escribir nuestros propios guiones, nuestros destinos individual y colectivo? ¿Qué nivel de madurez alcanzaremos en el proceso de integrar, más allá de cualquier duda, las increíbles oportunidades que nos brinda la interpretación de un rol en esta estrella que navega el espacio infinito?

No nos perdamos nuestro próximo capítulo…

Alex Slucki

Acerca de Alex Slucki

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Mi pasión es trabajar con los Arcángeles y Maestros Ascendidos de quienes he aprendido la mayor parte de lo que sé. A lo largo de 20 años sus enseñanzas se han convertido en todo un sistema para el desarrollo Integral del ser humano, abarcando todos los temas universales que comprenden una vida en la Tierra y también en conexión con el Cosmos. Busco a través de mis técnicas elevar la consciencia del Ser, incrementar la vibración de amor, luz, prosperidad y bienestar de nuestra propia frecuencia y del planeta y lograr la Interconectividad de todos los seres con las otras dimensiones. Los Mensajes de los Arcángeles y los Maestros Ascendidos son la base para lograr un continuo crecimiento y, ya sea de forma paulatina o espontánea, experimentar nuestro máximo potencial y también nuestra iluminación. Al lado de Jorge Medina Velten, hemos fundado el proyecto Cielo-Tierra mediante el cual ofrecemos salud integral de cuerpo, mente, emociones y alma. Jorge me complementa dando masajes para que la energía que se mueve en las sesiones quede bien integrada y aterrizada. Hemos realizado este trabajo juntos por cerca de 13 años y en varios países como: México, EU, Canadá, España, Guatemala y Holanda.