Concluyendo la serie: Misión, destino y libre albedrío, hoy sale ¡el Karma!

Por Veet Pramad

 

El concepto de “karma” nació en una de las sociedades más rígidas y machistas del planeta: la hindú, estructurada en castas monolíticas, en donde quien nace paria va a morir paria durante decenas de encarnaciones. En el pódium evolutivo, la mujer solo estaría por encima del perro y, claro, por debajo del hombre. Tendría que ser una “buena mujer” durante incalculables encarnaciones para un día poder ascender hasta la categoría de hombre. Así, según esta visión, el karma es una cadena a la que hay que someterse, renunciando a cualquier sueño de mejora para, tal vez un día, ser premiado con algún cambio.

Cuando la idea del karma llegó a occidente fue sazonada con las doctrinas judeo-cristinas tomando la forma de un castigo merecido; de un destino inexorable; de una deuda contraída en el pasado, generalmente, por la desobediencia a las normas previamente establecidas por las élites y que debe ser pagada en innumerables vidas.

¿Cuántas veces hemos escuchado comentarios del tipo: “Mi matrimonio está horrible, pero alguien (tarotista, espiritista, astrólogo, etc.) me dijo que estoy pagando un karma, y que si me separo ahora estaré huyendo de mi karma y en la próxima vida tendré que aguantar de nuevo a mi pareja actual”? En realidad, si pasamos años aguantando a una persona, creamos un vínculo tan fuerte con ella que en la próxima vida lo más probable es que la primera persona que aparezca sea la pareja de la vida anterior.

Autores más modernos, como Madame Blavatsky, nos dicen que el karma no tiene nada que ver con premios y castigos, pruebas y sufrimiento; y nos remiten a la ley de causa y efecto, afirmando que el karma es la consecuencia de nuestras acciones y omisiones, tanto de la vida actual como de vidas pasadas. Como dice el dicho: “Cosechas lo que siembras”.

Sin embargo, se le continúa dando una connotación negativa a “karma” cuando se afirma que lo creamos cuando nuestras acciones no son las correctas, como si el karma fuese una acumulación de errores por los cuales, tarde o temprano, tendremos que pagar.

Cabe preguntarse en nombre de qué principios catalogamos algo como “correcto” o “incorrecto”, “cierto” o “errado”. Es importante entender que la ley de causa y efecto es una ley física y no una ley moral. Estamos cansados de ver personas que viven creando sufrimiento a diestra y a siniestra sin que les parta un rayo, así como personas que no le hacen mal a nadie y parece que solo atraen desgracias en sus vidas. La justificación de que, en el futuro, los primeros tendrán que encarar la ley de causalidad, y que los segundos ya la están encarando por errores cometidos en el pasado parece muy simplista y, en muchos casos, da lugar a correspondencias folclóricas que, incluso, pueden justificar situaciones inaceptables, por ejemplo: “Esta mujer debe dejar que el marido continúe golpeándola porque en la vida pasada fue un torturador”.

El karma no es ni bueno ni malo, simplemente es. En su significado más global y literal significa “acción”. El karma es la acción que nos coloca en la posición que nos corresponde en el camino de la evolución o si quieren, de la individuación, en función de lo que ya habíamos avanzado y de lo que nos faltaba por recorrer.

Este planeta es una escuela de consciencia en donde podemos pasar del 0% de consciencia al 100%. Para ello tenemos la oportunidad de encarnar un significativo número de veces, pero en el momento que alcanzamos el 100% ya no necesitamos volver a la escuela, pues ya hemos aprobado convenientemente todas las asignaturas y hemos cumplido nuestra misión al tornarnos seres completos.

Imaginemos que se trata de una escalera de cien peldaños y en una determinada vida hemos llegado hasta el peldaño 25, tenemos pues 75 peldaños por delante que todavía no hemos resuelto, peldaños que continúan en la inconsciencia y que desde la sombra nos han estado manipulando, sea a través de las proyecciones (ver la 1ª llave del bienestar), sea distorsionando nuestra percepción de la realidad, sea reviviendo automáticamente ciertos patrones de conducta.

Cuando morimos, el cuerpo vuelve a la Tierra y el espíritu, libre del peso de la inconsciencia, asciende hacia las estratosféricas regiones del nirvánico, 100% de consciencia pero en algún lugar llevamos un sello que dice 25%. Así cuando nos toca encarnar de nuevo vamos a sentirnos irremediablemente atraídos para hacerlo a través de una pareja que también esté vibrando a 25% y, aunque, salvo graves problemas intrauterinos, cuando nacemos somos seres perfectos, integrados y potencialmente completos, independientemente de si fuimos un Pinochet o un Ghandi, esa pareja nos va a colocar exactamente en el punto de evolución que estábamos en la última vida. La programación infantil que transforma seres amorosos, espontáneos, verdaderos, alegres, inocentes y perceptivos, en candidatos a esclavos de patrones y normas de conducta, seres falsos, miedosos, carentes y frustrados, es la concretización fundamental de nuestro karma.

Así pues, la familia, ayudada por los medios de comunicación, las religiones y en menor grado la escuela, nos “karmatiza” hasta colocarnos en el mismo punto de evolución que estábamos en la encarnación anterior, dándonos así la oportunidad de encarar y resolver aquellas cuestiones internas, miedos, heridas de abandono o de rechazo, patrones autodestructivos, auto-invalidación, necesidad de imponerse, síndrome de Peter Pan, etc., que veníamos arrastrando de vidas anteriores.

No podemos culpar a nuestros padres por la “educación” que nos dieron, pues era necesaria para que dar continuidad a las cuestiones internas que estamos cincelando, obligándonos a encararlas. Eso no quiere decir que los padres no sean responsables de la programación infantil, pues podrían haberlo hecho diferente, pero carece de sentido acusarlos por nuestras dificultades internas que limitan nuestro vivir. Finalmente, tenemos todo el resto de la vida para continuar avanzando en la escalera evolutiva ampliando la consciencia de lo que somos, o permanecer en el mismo sitio o dar marcha atrás.

Mientras no ampliemos nuestra consciencia nuestras acciones continuarán siendo las mismas, por lo tanto, es más funcional entender el karma, no como la ley que nos obliga a encarar las consecuencias de nuestras acciones u omisiones, cosa que nos puede llevar a interpretaciones extravagantes, sino como el principio que nos posiciona en el punto exacto de evolución de nuestra consciencia, desde el cual podemos arribar a niveles más profundos.

Para acabar diré que, siendo los padres el elemento de conexión entre varias vidas (a través de la programación infantil), son ellos quienes incorporan en el niño el karma que trae de vidas anteriores, de tal manera que, será justamente en la infancia cuando asumiremos nuestro karma, aunque tengamos el resto de nuestra vida para administrarlo.

Veet Pramad

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Acerca de Veet Pramad

Veet Pramad
Soy Veet Pramad (Enrique Amorós Azpeitia). Nací en Casablanca (Marruecos) de una familia española que se exilió en dicho país huyendo de la dictadura de Franco y de los nazis. Estudié, aunque no acabé Ciencias Químicas en la Universidad Complutense de Madrid. Estudio y trabajo con el Tarot desde 1980. En 1987 creé y desarrollé el concepto de TAROT TERAPÉUTICO a partir de varias escuelas – Osho, bioenergética, proceso Fisher-Hoffmann, etc. y de mis experiencias con diferentes culturas y tradiciones espirituales en diez años de viajes en Oriente (Afganistán, Pakistán, India, Nepal, Tailandia, Hong Kong, Japón), México, Centroamérica, Colombia, Perú, Bolivia, Chile y Brasil donde viví haciendo música, y lecturas y cursos de Tarot. Sistematicé mi visión del Tarot en 1989 en el libro “Curso de Tarot. Y su uso terapéutico” editado en español por la editora Yug de México DF y en portugués por Editora Madras de São Paulo (Brasil) y Dinalivro de Lisboa. Integrando la Numerología y el Tarot Terapéutico, acuñé el concepto de Desafío y desarrollé el de Lección de Vida proporcionando una nueva herramienta de autoconocimiento para calcular, compreender y aprovechar los ciclos numerológicos de cada persona. Con el título de “Tarot y Numerología. Desafíos y Lecciones de Vida” está editado en México y Brasil y en Portugal como “Resuelva sus desafíos de vida.”. Fundé la Escuela Internacional de Tarot Terapéutico con alumnos en España, Portugal, México, Colombia, Chile y Brasil, donde doy consultas y proporciono una formación en cuatro módulos para los candidatos a profesionales del Tarot Terapéutico. Publiqué en edición bilingüe dos cuentos infantiles “Viaje a Arreit” y “La verdadera historia de Papá Noel” que pueden leer en mi página web www.tarotterapeutico.info y una serie de videos “Cinco llaves para el bienestar” que pueden encontrar en mi página de youtube y actualmente estoy trabajando en una novela autobiográfica.