Carta a un niño con cáncer

En el año de 1978, la renombrada médico-psiquiatra y pionera en los cuidados paliativos a enfermos terminales en diversos hospitales, Elisabeth Kübler-Ross, recibió una carta de Dougy, un niño de nueve años con cáncer terminal, en la que le hacía tres grandes preguntas:

-¿Qué es la vida?

-¿Qué es la muerte?

-¿Por qué deben morir los niños pequeños?

Ante tales cuestionamientos, la Dra. Kübler-Ross escribió una emotiva carta que reproducimos a continuación:

Esta es una historia sobre LA VIDA y las tormentas, sobre las semillas que plantamos en primavera, las flores que florecen en verano, y las cosechas del otoño; sobre LA MUERTE que a veces llega demasiado pronto y para alguna gente llega tarde y, sobre lo que significa todo esto.

Piensa en el principio de la vida y en Dios, que creó todas las cosas: el Sol que brilla sobre el mundo y nos calienta, que hace crecer a las flores con sus rayos que siempre cubren la Tierra, incluso cuando las nubes no nos dejan verlos. Dios siempre nos ve. Su amor brilla sobre nosotros, y esto no cambia, seamos grandes o pequeños.

Cuando nace la gente, son pequeñas semillas, como las del diente de león, que soplamos en verano. Algunas caen en la cuneta, otras en las rocas y otras sobre el prado verde delante de una casa rica. Lo mismo nos sucede a nosotros: empezamos nuestra vida en una casa rica, o en una familia pobre; otras empezamos la vida con unos padres que nos querían mucho y a otros los adoptaron unos padres, escogiéndolos personalmente en un orfelinato.

Algunos pueden llamarlo “el arriesgado juego de la vida”. Pero recuerda que Dios también se ocupa del viento, y se ocupa tanto de aquellas semillas como lo hace con todos los seres vivos, especialmente los niños. ¡No hay casualidad! Dios no distingue, nos quiere sin condiciones, comprende, no juzga, es todo amor.

Tú y Dios escogieron a tus padres de entre muchísimos que había. Los escogiste, pues querías ayudarlos a crecer y aprender; ellos también pueden ser tus maestros. La vida es una escuela donde se tiene la oportunidad de aprender muchas cosas como: de qué manera tratar a la gente, cómo entender nuestros sentimientos, cómo ser sinceros con nosotros y con los demás.

También podemos aprender a dar y recibir amor y cuando hayamos pasado por todas las pruebas, como en el colegio, nos licenciaremos, esto es, se nos dejará volver a nuestra casa verdadera, a Dios, de donde venimos todos y donde encontraremos a todos los que amamos, como sucedió en la fiesta de fin de curso. Esto es el momento de la muerte, cuando dejamos nuestro cuerpo, cuando hemos hecho los deberes y podemos volver a casa.

Algunas flores solo florecen unos pocos días y todos las admiramos y las queremos por ser señal de la primavera, de la ESPERANZA. Luego mueren, ¡pero ya han hecho lo que tenían que hacer!. Otras flores, florecen durante muchos días, y entonces la gente no se fija en ellas, esto es también lo que pasa con los viejecitos, se los ve sentados en un banco en el parque, hasta que no se les ve más, pues se han ido para siempre…

Todas las cosas en este mundo son un círculo: el día sigue a la noche, la primavera sigue al invierno.

Cuando un barco desaparece en el horizonte, no es que se haya “ido para siempre”, es que ya no está a la vista. Dios cuida todo lo que ha creado: la Tierra, el Sol, los árboles, las flores y la gente, que tiene que pasar por la escuela de la vida, antes de que los licencie.

Cuando hemos acabado con el trabajo en la Tierra podemos dejar nuestro cuerpo que encierra nuestra alma, como el capullo de seda a la mariposa. Y cuando llegue el momento, dejaremos el cuerpo y nos liberaremos del dolor y del miedo; seremos libres como una mariposa, y volveremos a Dios, a nuestra casa, donde nunca estamos solos y donde podemos crecer, cantar y bailar… donde encontraremos a todos los que amamos (a los que dejaron sus cuerpos antes que nosotros) y donde estaremos rodeados de todo el Amor que podemos llegar a imaginar.

Elisabeth Kübler-Ross

Con esta carta, la Dra. Kübler-Ross le dio valor al pequeño Dougy para seguir su camino hasta llegar a un final feliz a los 12 años; y nos enseñó, al resto de los seres humanos, que los niños son capaces de enseñarnos tanto como nosotros a ellos.

Fuente: Elisabeth Kübler-Ross, Carta para un niño con cáncer. Editorial Luciérnaga.

 

Acerca de Editorial ioSoi

Editorial ioSoi
Equipo editorial de iosoi.