Astucia, inteligencia… ¿o sabiduría?

Por Alex Slucki

Existe una línea invisible que divide claramente las tres palabras que son objeto de este artículo. El ser astutos, inteligentes o sabios implica habitar tres niveles de evolución completamente ajenos que influyen en nuestro modo de entender la vida. ¿Cuáles son sus diferencias, qué esconden las inquietudes detrás de la necesidad de expresar cada uno de estos niveles y cómo podemos lograr un camino evolutivo que realmente valga la pena, pasando de la astucia a la sabiduría? Las respuestas vienen a continuación.

ASTUCIA. En las antiguas fábulas, animales como la serpiente, el zorro y el cuervo se definen como astutos. Esto supone que se valen de artimañas para sacar ventaja de cualquier situación, con tanta frecuencia como les resulte posible. De manera inconsciente, quien practica la astucia ha llegado a la temprana conclusión de que no existe manera de obtener lo que se desea o necesita “por las buenas”, sino que hay que arrebatarle a la vida lo que no estará dispuesta a darnos de forma natural. La inseguridad de los astutos se transforma en un placer distorsionado al creer que “sacar ventaja” es equivalente a “reír al último” aun cuando esto acarree consecuencias negativas y muchas veces irreversibles.

El astuto es como un pescador que mantiene a los demás atrapados como peces en las redes de su gran ilusión. En realidad, no hay que ser demasiado brillantes para darse cuenta que los chascos pueden durar poco y sugieren un estilo de vida falto de libertad esencial: se manchan las reputaciones, el círculo social se empequeñece y el esfuerzo de mantener tantas mentiras implica un serio desgaste físico, mental y emocional. Para sobrevivir, el astuto necesita escapar del entorno donde se ha creado el engaño; y tras el exilio… debe volver a empezar.

INTELIGENCIA. La inteligencia nos abre a la magia de nuestra propia mente; nos permite aprender destrezas en materia de cultura, deporte, ciencia, tecnología, el arte y otras fascinantes áreas de desarrollo. Aquí descubrimos que no es necesario recurrir al engaño a fin de obtener resultados positivos. Se dice que el 90% de los niños nacen con el potencial para ser genios pero, con la deficiente educación de hoy en día, este porcentaje se reduce gravemente rebasando los diez años de edad.

Sin embargo, quien defiende la inteligencia como valor exclusivo, vive en el fondo una inseguridad latente: el riesgo de no obtener suficiente reconocimiento y validación. De ahí que, sin importar cuánto se sepa, cuánta razón se pueda tener, ni cuántos talentos podamos expresar, el fantasma de la inseguridad provocará una sensación de que nada es realmente suficiente, y que el status se puede perder si no estamos al corriente en todos los niveles posibles. Quien confunde inteligencia con sabiduría vuelve a tropezar en el camino y deriva, normalmente, en un falso sentido de superioridad. No se requiere de inteligencia para ser compasivo, ni para expresar la profundidad de nuestro humano corazón. Ser inteligentes, pero no sabios, puede conducirnos a una soledad mayor.

SABIDURÍA. La magia del sabio es que, sin distinguir raza, credo, procedencia, preferencia, género, nivel social, económico o cultural, aparece en donde menos se le espera, sin aguardar sediento a que llegue el reconocimiento. De los tres niveles, este podría resultar el más deseable por la sencilla razón de que utiliza sus facultades para el mayor bien común, pues toma en cuenta la interacción y la unicidad de toda la existencia.

En el corazón del sabio se manifiesta, naturalmente, la compasión y la expresión del sentido común, obtenido por su experiencia en el mundo y por la madurez de su alma. El sabio se libera de las pretensiones para cumplir el reto más grande jamás imaginado: el conocimiento de sí mismo a plenitud, a fin de participar en el mundo desde un lugar orgánico de armonía y virtud. Al sentirse cómodo en su propia piel, quien es sabio acepta sus propios errores, se observa y se comprende cada vez mejor sin pensar que existe una meta determinante; aquí se mantiene la consciencia de que la experiencia puede adquirirse en todas partes y prácticamente bajo cualquier circunstancia. Su recurso es el Universo inagotable de posibilidades para evolucionar, que sabe, se le presentarán constantemente sin necesidad de recurrir al artilugio o defender la inteligencia como el valor primordial. Ciertamente quien es sabio no parte de la falsa noción de estar llenando un vacío o el miedo a que la vida le arrebate lo más preciado. Lo que necesita ya lo tiene pues se trata de la sensibilidad madura que ha ido adquiriendo y la plenitud que pre-existe en la médula de su Ser.

La sencillez acompaña a quienes realmente saben, de forma tan natural como aparece la sombra al atardecer. Curiosamente, Astucia e Inteligencia se burlan del sabio pues ignoran el valor de sus procesos y se convencen de que pierde su tiempo aceptando a los demás tal cual son, expresando su gentileza (que oculta una fuerza torrencial, si bien invisible a los ingenuos), su carisma que no ha sido construido a base de miedos e incertidumbres, sino como un subproducto de transitar el mundo de forma más relajada y tomar la cosas como son, cuando son y porque son. Quizá la única meta que pudiéramos reconocer del sabio es su disposición a seguir creciendo de acuerdo a los valores que son parte de su eterna investigación, como un vagabundo cósmico que ha descubierto, por libre voluntad, que “se hace camino al andar”.

¿En cuál de los tres niveles te desearías situar?

Alex Slucki

 

Acerca de Alex Slucki

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Mi pasión es trabajar con los Arcángeles y Maestros Ascendidos de quienes he aprendido la mayor parte de lo que sé. A lo largo de 20 años sus enseñanzas se han convertido en todo un sistema para el desarrollo Integral del ser humano, abarcando todos los temas universales que comprenden una vida en la Tierra y también en conexión con el Cosmos. Busco a través de mis técnicas elevar la consciencia del Ser, incrementar la vibración de amor, luz, prosperidad y bienestar de nuestra propia frecuencia y del planeta y lograr la Interconectividad de todos los seres con las otras dimensiones. Los Mensajes de los Arcángeles y los Maestros Ascendidos son la base para lograr un continuo crecimiento y, ya sea de forma paulatina o espontánea, experimentar nuestro máximo potencial y también nuestra iluminación. Al lado de Jorge Medina Velten, hemos fundado el proyecto Cielo-Tierra mediante el cual ofrecemos salud integral de cuerpo, mente, emociones y alma. Jorge me complementa dando masajes para que la energía que se mueve en las sesiones quede bien integrada y aterrizada. Hemos realizado este trabajo juntos por cerca de 13 años y en varios países como: México, EU, Canadá, España, Guatemala y Holanda.