Aprender a quedarnos en el conflicto

Por Nina Ortega

Aprender a quedarnos en el conflicto es la clave para tener una buena pareja, una pareja viva y sana, en la que ninguno de los integrantes “sacrifique” su individualidad, autoexpresión, verdad o necesidades, en pos de la estabilidad, seguridad, armonía.

Hay una falsa creencia social de que, para estar en pareja, “tienes que aprender a ceder”, y eso, a la larga, crea muchos problemas, y además no es necesario. Estar en pareja no significa tener un “vale” para que el otro te resuelva, te de, te vea, te reconozca y atienda tus necesidades como nunca antes nadie lo hizo. Si lo piensas bien, de ser así, tú tendrías que “ser” eso mismo para el otro; de tal manera que tu labor sería darle, proveerle, apapacharle, adivinarle, aplaudirle, reconocerle, ad infinitum… ¿Estás dispuesto a eso?

No estoy diciendo que no sea rico dar y recibir todo tipo de expresiones de cariño, pero cuando está de por medio tu propio ser (o el del otro), entonces empieza a haber un costo muy alto.

Recuerda que no eres la nana de nadie. No adquiriste una responsabilidad sobre alguien (solo con tus hijos). No te comprometiste a hacerte cargo del otro. Asimismo, el otro tampoco es un esclavo al servicio de tus necesidades. Por esto, es necesario elegir un lado (a veces nos ponemos en los dos, alternando).
Si estamos hablando de dos adultos, la propuesta de este modelo es que cada adulto se haga responsable de sí mismo y que podamos, desde ese lugar, acompañarnos, cuidarnos, escucharnos, pero siempre a voluntad y desde el corazón, cuando realmente esté bien para nosotros; cuando seamos capaces de poder decir: “en este momento no puedo hacerlo”, y poder sostener el conflicto, si este aparece para defender TU necesidad.

Es muy importante desarrollar la capacidad de poder tolerar el conflicto. No estamos hablando de provocar conflicto, de pelearse por todo y  vivir una vida de gritos y sombrerazos; estamos hablando de la capacidad de “quedarnos” frente al conflicto, sin salir corriendo, sin tratar de apachurrar al otro, ni dejarnos apachurrar. Debemos desarrollar la capacidad de solo sostenernos con todo lo que sentimos, nombrándolo si es posible, para poder poner nuestra verdad sin que el conflicto tome toda la atención, y que nuestras reacciones, actitudes y decisiones solo vengan de buscar que el conflicto se acabe.

El tema es muy grande, es fácil describirlo, pero es enorme porque nadie nos “enseñó” a sostenernos en el conflicto. Desde niños hemos oído, “no te pelees”, “el que se enoja pierde”, “ya dáselo, no es para tanto”, “no quiero verlos enojados”, etc., etc… Y entonces, cuando hay conflicto, todas nuestras alarmas se disparan porque “eso” no debería estar sucediendo. Sin embargo, SUCEDE; y si no queremos que suceda, tenemos que guardar nuestra verdad, esconder y reprimir nuestra energía vital, al grado que, a veces, ya ni siquiera sabemos qué necesitamos, porque nos perdimos de estar en contacto con lo que es tuyo a base de ceder tantas veces.

De esta manera, la relación se va muriendo, nos vamos alejando del otro, pero también de nosotros mismos (lo que es aún más grave), y nos resentimos y no encontramos salida, y nos decimos tantas cosas para “mantenernos ahí”, sobre todo si hay hijos, un patrimonio, una estabilidad… Y eso no es vida.

 Hay una opción de tener una pareja viva sin tener que sacrificarnos: aprender a mantenernos frente al conflicto, sosteniendo nuestra verdad.
Lo que nos detiene a menudo es que, ante el conflicto, se nos detona el miedo de la energía del otro; sentimos ganas de matarlo (y por lo tanto, sentimos miedo de nuestro propio enojo y de lo que este pueda detonar en el otro); sentimos miedo de que haya una ruptura irremediable, etc., etc., porque, además, cuando dejamos salir todas estas emociones (después de guardarlas tanto), salen con mucha intensidad y eso nos asusta, y eso nos lleva a querer guardarnos de nuevo.

Es difícil enfrentar esto solo, sin un contenedor, porque necesitamos desaprender todas las respuestas automáticas que aprendimos y que están instauradas en nuestro cuerpo como una verdad irremediable y absoluta. Pero se puede, para eso tenemos los talleres que brindan un espacio de seguridad y contención a partir de las herramientas que aporta la terapia psicocorporal. Así que, lo que hay que aprender es a sostenernos, acompañándonos a nosotros mismos, con todo ese miedo y demás emociones que estamos evitando sentir al escapar del conflicto.

Mucho decimos, “no me gusta el conflicto”, cuando en realidad queremos decir, “me da miedo el conflicto”. Empecemos por ahí, por reconocer eso. Ese es el principio de empezar a acompañarnos en lo que nos pasa; el principio de aprender a sostener mi verdad y recuperarme a mí en el contexto de la relación.

Acerca de Nina Ortega

Nina Ortega
Psicoterapeuta Individual y de Pareja desde 1998. Terminé la especialidad de Psicoterapia Corporal Individual en 2011 e hice un Posgrado en 2012 en: Corpore (Core Energetics México). Más adelante, cursé la Especialidad en Grupos de Radical Aliveness en 2013 (Corpore con Ann Bradney la directora de Core Energetics en California). También tomé junto con mi marido, Miguel Bracho, la especialidad de Exceptional Marriage Mentoring, que es un trabajo de Parejas, con el enfoque PsicoCorporal en 2014. Dirijo “Experiencia en Grupos” desde 2013, además doy consultas individuales y de pareja (que son en coliderazgo con Miguel Bracho). Mi búsqueda se ha enfocado en aquello que me aporte herramientas para el autoconocimiento y la búsqueda de consciencia. Recorriendo el camino primero, para luego poder acompañar a otros en él. Mi Práctica Profesional (desde 1991) como Astróloga Evolutiva en consulta de Terapia individual y de pareja, NO es una práctica predictiva, se centra en el autoconocimiento y exploración de los patrones que atoran a un individuo en su crecimiento. El principal objetivo es despertar consciencia.