Angustia existencial

Por J. Carlos Fernández

 

Se sabe que hay muchas personas que afrontan en su vida las pruebas que se generan por la angustia existencial. Lo importante es determinar qué es lo que la provoca, cómo afrontarla de tal manera que no origine problemas físicos, psíquicos y conlleve a comportamientos no deseados que afecten seriamente la conducta de las personas.

 

Definitivamente, es válido cuando se señala que, el hombre de nuestra época, vive en una permanente angustia existencial, producto de su vacío espiritual; pues en su autosuficiencia cree que no necesita de conectar con su interior, de conectar con su espíritu, y lo ha remplazado por otros «dioses», efímeros como la vida misma, que está a merced de los poderes económicos y políticos, manejado por la propaganda y otros factores que determinan su acontecer. De ahí que se ha escrito que, en la angustia existencial, generalmente, no hay un hecho traumático que la precede, es más bien el hecho de que el individuo se hace preguntas a sí mismo como por ejemplo: “¿Quien soy?, “¿Qué hago en este mundo?”,”¿Para que sirvo?”, “¿Qué he hecho de mi vida?”, “¿A dónde voy?”, etc.; es decir, esta enfrentándose con el significado de su existencia, lo cual es muy serio si se encuentra vació de significados y respuestas a lo anterior; y, como consecuencia, se deprime y, si no se atiende, se mata.

 

Curiosamente, hasta donde sabemos, el hombre es el único capaz de hacerse estas preguntas.

Yéndonos por edades, el primer signo de angustia existencial lo tendríamos cuando el bebé pierde a su madre y no hay un substituta que lo consuele y lo atienda. Su vida está en manos de ella, es decir, su mera existencia, en consecuencia entra en depresión analítica y muere. Cuando se ve la carita de un bebé en estas circunstancias es muy difícil olvidarse de ella, su mirada, su búsqueda, su desesperación indica que si su situación no se arregla muere.

 

La segunda ocasión es cuando, siendo pequeño aún, pierde alguno de sus padres ya sea o causas de la vida, un divorcio etc. El chico no sabe qué hacer, cuál será su futuro, si vivirá o será dejado a su suerte en fin. Si no hay un padre fuerte o parientes substitutos que lo apoyen, el chico se deprime, viene el desplome escolar, la mala conducta, las ideas de suicidio etc.; algunos pueden expresar muy claramente, «¿Qué será de mi?».

 

La tercera ocasión en que se presenta ya muy claramente la angustia existencial es durante la adolescencia, cuando el chico ya tiene la capacidad de pensamiento abstracto. Y entonces pregunta “¿Qué hacemos aquí?”, “¿Para qué estoy?”, “¿A dónde voy?”, “¿Qué voy a hacer en la vida?”, ahí es cuando un buen padre, un buen profesor, algún pariente querido lo guía, no solo con el ejemplo, sino con consejos y acompañándolo en sus angustias, diciéndole que él también tuvo estas preocupaciones, pero que, con estudio, la seguridad de que esté en la carrera o trabajo correcto, etc., esto pasa. De no tener el adolescente estas cuestiones apropiadamente resueltas, puede no encontrarle sentido a su vida, y entrarle al alcohol y las drogas que pueden echar a perder su vida, como muchos henos visto enfrente de nosotros sin poder hacer nada. Lo que este muchacho necesita es un tratamiento psiquiátrico si no puede sobreponerse a estas dificultades. Sin lo cual estaría en peligro de suicidio.

 

La cuarta ocasión en que la angustia existencial se presenta es alrededor de lo que llamamos media vida, y el hombre no encuentra que su vida ha tenido un significado, que le daría lo mismo no haber vivido, porque no le encuentra valor a lo realizado; quizás tenga familia pero quiere más, tal vez en otra trabajo hubiera sido mejor y más productivo, etc. Es decir, hay un vacío existencial, y, si no encuentra contestación adecuada a estas preguntas, se deprime y requiere de ayuda psiquiátrica que le ayude a encontrar su camino.

 

Finalmente, la última ocasión, o quizás no sea la última, en el que el hombre se cuestione a sí mismo qué sentido ha tenido para él su vida, es a la hora del retiro. Ahí, ha trabajado toda su vida, y a partir de una fecha tendrá que irse a su casa supuestamente descansar, a gozar de la vida y sin las preocupaciones del deber cotidiano. Muchas personas lo aceptan y lo resuelven bien, pero para otras representa un reto a lo desconocido; generalmente no saben que harán en su futuro, este se torna incierto, se preguntan si podrán sobrevivir al tedio, si encontraran alguna ocupación que les satisfaga etc. Ante este panorama no saben qué hacer, se angustian y se deprimen, y requieren de ayuda psiquiátrica.

 

Sobre esto, Víctor Frankl dice:

El vacío existencial se manifiesta enmascarado con diversas caretas o disfraces. A veces la frustración de la voluntad de sentido se compensa mediante una voluntad de poder, en la que cabe su expresión más primitiva: la voluntad de tener dinero. En otros casos en que la voluntad de sentido se frustra, viene a ocupar su lugar la del placer. Esta es la razón por la que la frustración existencial suele manifestarse en forma de compensación sexual y así, en los casos de vacío existencial, podemos observar que la libido sexual se vuelve agresiva.

 

El taoísmo ve la angustia existencial que existe en Occidente como la razón de los resultados y beneficios, o sea, que la existencia en este lado del mundo tiene un sentido práctico, productivo y útil, y todo se orienta hacia el cumplimiento de los objetivos. En Oriente, en cambio, su modo de ver la razón de ser de la vida les permite experimentar en cualquier momento el vacío de la existencia, como parte de ella, aceptándolo con naturalidad.

 

En Occidente, cuando emerge la nada de la existencia, la falta de sentido, se lo llama angustia. En Oriente en cambio, es parte de la vida.

 

La experiencia de vacío es vivida por el hombre occidental como algo verdaderamente doloroso, y en muchos casos, es como una puerta hacia la locura o el suicidio. Esta vivencia se experimenta, porque, tanto el vacío como el sentido de la existencia, no se viven como los opuestos necesarios y normales que constituyen la realidad y que siempre se resuelven en su contrario, sino como los extremos de la experiencia. Cuando somos conscientes de esta dualidad, los opuestos ya no luchan para imponerse.

 

En Occidente, el sentido procura imponerse al vacío de la existencia, que se trata de eliminar, destruir, pero el vacío no puede destruirse porque es inherente a la existencia y a la vida misma.

 

El vacío, la nada, es una experiencia que es fuente y origen de la angustia más profunda que se trata de mitigar con químicos.

 

El hombre occidental no puede coexistir con la angustia porque no la considera una parte esencial y necesaria de la existencia, sino como una amenaza que debe ser eliminada, y no sabe que, solo dejando ser a la angustia, esta naturalmente se disipa.

 

La angustia nace del ego como resultado de ver fracasados sus deseos.

 

Se cuenta que Alejandro Magno, aún habiendo conquistado el mundo antiguo conocido era muy desdichado, pues no se había conquistado a sí mismo.

 

Cada ataque de angustia es una posibilidad propicia para el crecimiento y para la expansión del ser, pero preferimos deshacernos de ella, porque todos queremos aliviarnos pero no encontrarnos. Si no pudiéramos sentir el vacío de la existencia tampoco podríamos saborear la plenitud de ver nuestros deseos satisfechos.

 

 

  1. Carlos Fernández en www.serluna.com

 

 

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