¿Adicción al queso?

Por Lourdes Plata

Debería subir a Instagram fotos de los rostros de mis amigos y seres queridos cada vez que pido una pizza sin queso, o cuando brinco antes de que le pongan queso parmesano a mi spaghetti. El mesero suele repetirlo mil veces: “Me dijo sin queso, ¿verdad?, emmm… la pizza, ¿verdad?”. Mi hijo hace los ojos para atrás, y los más osados me dicen que entienden “mi asunto” con la protección a los animales, y que un día de estos hasta se animan a respetarlos un poco, pero, ¿sin queso? ¡Eso sí no!, ¿eh? Jamás podrían vivir sin queso… dicen.

Muchas personas genuinamente convencidas de hacer su transición hacia una dieta vegana, y sinceramente deseosos de acabar con la crueldad que se vive hoy en día hacia los animales, sucumben ante la idea de renunciar al queso.

No ocurre igual con la leche ni con el yogurt, ya que muchos adultos son intolerantes a la lactosa, así que fácilmente podrían imaginarse viviendo sin estos productos. Sin embargo, psicológica y culturalmente, el queso está instalado en el paladar, en el inconsciente y hasta en la médula de mucha gente en casi todos los países: quesadillas (mexicanas), pizza (italiana), hamburguesas con queso (americanas), mil tipos de quesos franceses para tomar con vinito, etc., etc.

Podríamos preguntarnos si esta obsesión con el queso es solamente una adicción psicológica fortalecida por factores culturales, o si, en realidad, es por placer o por necedad que, aun personas muy conscientes de su alimentación o muy conscientes del sufrimiento animal, no puedan renunciar al queso.

La respuesta es sencilla, la razón es física: debido a su alto contenido de casomorfinas (sí, leíste bien, la palabra termina en morfina), el queso crea una adicción. La leche tiene una proteína llamada caseína que, al digerirse, se transforma en casomorfinas, las cuales tiene un efecto opioide (sí, leíste bien, la palabra comienza por opio).

Como buen opioide, las casomorfinas producen:

  1. Dependencia.
  2. Resistencia.
  3. Reacción adversa si se retira bruscamente.

Y, por cierto, las casomorfinas liberan histamina, la cual es una de las causas de que muchas personas desarrollen alergia a los lácteos. Además, la beta casomorfina provoca la inflamación de los vasos sanguíneos, y se asocia selectivamente a las células de nariz y garganta, provocando exceso de mucosidad.

¿Cuántas casomorfinas consumimos a través del queso?

Para responder esta pregunta basta con imaginarnos qué cantidad de leche se necesita para producir queso, pues, para hacer un kilo de queso duro, se necesitan 10 litros de leche, o 7 litros si es un queso blando. Esto significa que, en cada porción de queso, estamos consumiendo 10 veces más casomorfinas que con la leche.

Hay una razón evolutiva que explica la presencia de estos opioides en la leche materna de los mamíferos. De acuerdo con el Dr. Neal Barnard, estos opioides tienen un efecto calmante en el bebé, lo que ayuda a que se consolide el vínculo materno-filial; es decir, ayudan a que el bebé se apegue a la leche de la madre, garantizando así su supervivencia. Este mismo efecto, psicológicamente agradable y a la vez adictivo, es el que experimentamos los adultos humanos cuando consumimos queso (y helados y otros lácteos); sin embargo, los mamíferos humanos solamente deberíamos “ser adictos” a la leche humana durante los primeros años, y no deberíamos transferir esta adicción a la leche de otras especies en los años siguientes.

Quienes tienen aún más problema ingiriendo lácteos son quienes padecen de intestino permeable y quienes presentan intolerancia a la lactosa. En ellos, se han visto severas consecuencias de salud ya plenamente investigadas. Desafortunadamente, hay muchos intereses económicos que obstaculizan el progreso de estas investigaciones; por ejemplo, en Francia, ya se ha prohibido que se fabriquen quesos con leche de las vacas llamadas A1 (las más nuevas, tipo Holstein); sin embargo, en Estados Unidos no hay regulación al respecto (claro, no le conviene a los productores). El consumo de la leche de estas vacas, de acuerdo a estudios en Nueva Zelanda, se ha vinculado, en roedores, a diabetes, cardiopatía isquémica, entre otros padecimientos graves.

Así que, por un lado, tenemos serios problemas de salud, derivados del consumo de lácteos,

y por otro lado, tenemos a personas compasivas que desean alimentarse de manera congruente con sus creencias y su camino espiritual, y que desean ser veganos. Tanto unos como otros, están atrapados por el efecto agradable y adictivo de los opiáceos.

¿Cuál es la solución?

Infórmate: No te quedes con verdades a medias, investiga más acerca de este tema. No te quedes tampoco con la información que te ofrecen los productores de lácteos. Recuerda que hay intereses creados, y mucho dinero de por medio, por lo que ellos buscan influir hasta en las investigaciones más serias.

Cuando sientas la necesidad del queso, utiliza Mindfulness (consciencia plena) y Meditación Analítica; observa tu deseo, pregúntate en qué parte del cuerpo (o en qué zona de tu mente) la sientes; profundiza en esta necesidad, conócela y atiende a ella sin juicios; después, recuerda el porqué tomaste esta decisión. Recuerda también todo lo que se esconde detrás del trozo de queso (una madre embarazada contra su voluntad, la ternerita que nunca recibe leche materna, la madre y el bebé separados a la fuerza, el sufrimiento de ambos, etc.), y que lo estás fomentando, simplemente para que recibas tu dosis de casomorfinas.

Refuerza en esta misma meditación tus deseos de salud y de compasión, pues tan importante es que tengas un cuerpo saludable, como que despierte en ti un corazón compasivo.

Es cierto, superar tu adicción al queso tomará su tiempo, además de que los síntomas de abstinencia te harán sentir un poco mal al principio, pero eso pasará pronto. Recuerda que todo depende de ti. Los nuevos hábitos requieren perseverancia y tiempo.

Resumiendo:

Información + Mindfulness + Meditación Analítica + Tiempo = ¡Más salud en tu cuerpo y más compasión en tu corazón!

Te recomiendo que veas:

Y que leas :

  • The Buddhist, the Vegan and You de John Bussineau.
  • The World Peace Diet y Circles of Compassion de Will Tuttle.

Fuentes de Calcio:

  • http://www.vrg.org/nutrition/calcium.php#table1

 

Acerca de Lourdes Plata

Lourdes Plata
Psic.Clínica (Univ. Anáhuac, México, D.F.) Psicoterapia individual y de parejas (Asoc. Mex. de Terapia de parejas A.C., dirigida por el Dr. Mariano Barragán, México, D.F.) Sanación espiritual (Univ. of Spiritual Healing and Sufism, dirigida por el Dr. Ibrahim Jaffe, Pope Valley, California) Guided Afterlife Connections: Formación tomada con la psicoterapeuta Rochelle Wright, Gig Harbor, Washington.