Aceptando…te

Somos, por nuestro destino, seres ilógicos, y por lo mismo injustos,
y, sin embargo, no podemos reconocerlo.
Tal es una de las mayores y más irresolubles inarmonías del universo.

Humano, demasiado humano
Federico Nietzsche

Todos queremos ser normales; desgraciadamente, la imagen que tenemos de lo que consideramos “normal” no nos ayuda en lo más mínimo. Muchas de las cosas que se consideran “raras” o “anormales” son, simplemente, parte de nuestra humanidad. No me refiero a las grandes catástrofes, ni a los actos tiránicos, sino a eventos sencillos que nos ocupan a diario.

¿Cuántas veces hemos pensado que nos hemos casado con la persona equivocada? Otras veces morimos de envidia ante el éxito de alguien más, o tal vez, tenemos fantasías sexuales con algún amigo de nuestra pareja, a veces quisiéramos ponernos a llorar en público cuando nos hostigan. Acaso, ¿no hemos sentido repulsión por nuestra imagen ante el espejo?

Vivimos en total angustia ante nuestros fracasos, errores, pulsiones, pensamientos o deseos. Si tropezamos en la calle nos sentimos de inmediato unos entes abyectos; si se nos cae el café sobre la falda antes de entrar a una reunión importante, creemos que es mejor salir corriendo del lugar. Nos flagelamos cada vez que pensamos en esa relación que terminó hace tanto tiempo y que sigue apareciendo en nuestra mente. Sufrimos al toparnos con algún aspecto “incómodo” cuando descubrimos emociones en nosotros mismos que nos conducen a la vergüenza, tristeza, rabia, manía, angustia, lujuria. Y sin embargo, todo ese espectro de trastornos son, humanos… demasiado humanos.

Si nos reconciliamos con todas nuestras “anormalidades”, en vez de esconderlas en el primer armario que encontremos, si nos las apropiamos y dejamos de sentirnos avergonzados por quienes somos, creo que tendríamos la posibilidad de vivir una vida más plena.

Acerca de Ruth Reséndiz

Ruth Reséndiz
Nací hace casi medio siglo en la región más transparente (como llamó Alejandro de Humboldt a esta bella ciudad), no me ha tocado cristalina, pero me sigue acariciando hasta el día de hoy. Tengo estudios en música, comunicación, literatura, cine y filosofía. Me ocupan, principalmente, las mini ficciones, pues me permiten trabajar con conceptos abstractos, referentes colectivos y emociones. Me fascina el género humano e irrumpir en lo más profundo de sus pulsiones.