Abrazos de vida

Es muy común que, a veces, o demasiado seguido, nos sintamos bajos de energía, es decir, cansados, sin ánimo para realizar las tareas cotidianas y actividades sociales, sin ninguna razón aparente. Los pendientes se van acumulando y esto suele sentirse aún peor ya que, además de la fatiga, hay una sensación casi como de depresión y fracaso.

 

Los árboles, hermosas criaturas que parecemos no ver, siempre están ahí, en tu jardín, en el camellón, en un parque, en un bosque, en el campo… Y ellos han sido, y son, compañeros fieles de nosotros, los humanos, no solo por la belleza que desprenden, sino también por la energía que de ellos emana.

 

Todos los árboles, grandes majestuosos y pequeños, son seres vivos, tan vivos como tú y yo, que están en permanente conexión con la Tierra y con quienes en ella viven.

 

Seguramente, has escuchado la propuesta de abrazar un árbol. ¡Claro!, darles un gran abrazo a estos seres hermosos es un acto de total maravilla, y es tan simple, tan fácil. Con el solo hecho de caminar entre árboles, cerrar los ojos y respirar profundo, se puede palpar la energía que de ellos emana: una energía de fortaleza, quietud y aplomo. Ahora, imagínate lo que puedes recibir si abrazas a uno.

 

Acércate, y con tu mente pídele permiso para abrazarlo, entonces pega suavemente tu cuerpo y la frente a su tronco, respirando despacio. Abre tu sentir e imagina que te fundes con el árbol, que de las plantas de tus pies salen raíces iguales a las suyas, y de la misma forma como él se nutre de la energía de la Tierra y se eleva hacia el Sol, tú haces lo mismo, sí, ¡tu cuerpo se mimetiza a la energía del árbol!

 

Mientras abraces a tu árbol, fíjate en cómo está tu corazón, cómo sientes la cabeza; podrías marearte un poco, pero no te aflijas, es solo la energía que el árbol te comparte y a la que tu cuerpo necesita acostumbrarse. Date cuenta de cómo algo se mueve en tu interior, como si se acomodara. Si acaso traías alguna preocupación o demasiado estrés, podrás percatarte de cómo esto se te equilibra adentro, pues la energía del árbol te ayuda para equilibrarte, para regresar a tu centro, para suavizar algún dolor que traigas, ya sea emocional o físico. El simple hecho de conectar con la Madre Naturaleza, a través de los árboles, regala todo esto. Digamos que te nutres de energía vital y armoniosa.

 

Si ya has abrazado árboles antes, sabrás que esto que decimos aquí es verdad. Si no lo has hecho, corre a la calle y elige a uno; abrázalo, vuélvete uno con él, y, al terminar, no olvides darle las gracias a ese gran señor árbol, por compartirte de su vida.

 

Si se te antoja, en honor a los Señores Árboles, planta uno chiquito, en la banqueta de tu casa o de tu trabajo, o en un parque o donde tú quieras, y cuídalo mucho.

¡Gracias!

 

 

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