Vitalidad

Por Alicia Veláquez Berumen y Ana de la Macorra Apellániz

 

Vivir entre tanto estrés, crisis financieras, malas noticias en los medios, contaminación, alimentación mediocre o chatarra, problemas de transporte vial y el descontento general de hoy en día, afecta de manera cabal la vitalidad de la gente. La persona se endurece. Utiliza los mecanismos con lo que se defendió en la infancia ante situaciones en las que no podía ejercer su autoridad, sin hacer un alto, sin aquietar la mente y darse la oportunidad de abrirse, a SENTIR lo que siente, para liberarlo saludablemente. Si la vitalidad de una persona se ve mermada, por lo general como consecuencia de lo anterior, se robotiza, para así cumplir mínimamente con las exigencias del tipo de sociedad que hemos creado.

 

Las personas-robot van sintiéndose cansadas, con una ligera o fuerte sensación de vivir sin un sentido y, en lugar de inyectarse ánimos, se inundan de apatía y una extraña sensación de estar perdidas sin saber a dónde ir.

 

Esto repercute directamente en la energía del individuo y le resta vitalidad y, sin ella, ¡qué difícil es sentirse bien! ¡Qué difícil es sentir la fuerza que te habita y poder brillar! ¡Qué difícil es realizar las actividades de tu día a día! ¡Qué difícil es conectar con tu poder personal! Entonces “aventamos” actividades para mañana: si hay que sonreír, lo dejamos para después de “un buen trago”; forzamos el cuerpo con tranquilizantes para que se relaje. Si sentimos fatiga, quizás nos comamos un kilo de chocolates o comida alta en carbohidratos, para que el azúcar que circulará por nuestro organismo nos dé la energía que sentimos que nos falta, porque no hallamos de dónde, en nuestro interior, poder “sacar” el vigor que se requiere para cumplir con nuestros compromisos, relaciones, etc., y tener la fuerza de voluntad que se requiere para realizar los sueños.

 

¡Sí!, si crees que “algo” siempre obstaculiza el que tú puedas volver realidad lo que sueñas, ese algo es tu falta de voluntad, y si estás cerrado al fluir de la vida porque “ay, no me vaya a doler” o “ay, ya me dolió y ya no quiero sentir nada más”, tu voluntad estará de vacaciones, y los asuntos se convertirán en “pendientes”, y los pendientes en cargas que, más tarde, serán agobios, y así, como bola de nieve, crece y crece hasta que uno revienta de alguna forma, ya sea a través de alguna enfermedad o de alguna explosión de carácter con la que puedas regresar a tu equilibrio… ¡pero a qué precio!

 

Otros métodos que usualmente creemos que nos devolverán la sensación de poder que perdimos en el camino, junto a nuestra sensación de ser valiosos, aparecen cuando buscamos que el Otro los suministre. Hay una enorme tendencia en los humanos a vivir dependiendo del reconocimiento ajeno, de la aprobación, de que el Otro dé, a través de su mirada, la valía que no sabemos ver y reconocer en nosotros mismos. Es por esto que un gran número de gente se lanza a las relaciones con la falsa creencia de que así lograrán el bienestar que no han provisto para sí mismos. Estas personas dirán “perfecto, ya tengo pareja, y, esta persona, sí que me va a hacer feliz”; sin embargo, meses o años más tarde… ¡oh desilusión! Resulta que la pareja proveedora de felicidad también esperaba lo mismo, y la relación se convirtió en una serie de reclamos y luchas que terminan por matar lo que en un inicio se sintió por la otra persona: atracción, gusto, algo de cariñito. En lugar de compartir, la relación se vuelve como un reto de controlar al Otro. Realmente creemos que controlar a otras personas es algo factible y ¡claro que no!, se pierde de vista lo esencial y se vuelve una obligación que, ella o él, cuiden y aumenten la inversión que se les hizo desde el principio de la relación, cuando todo era muy hermoso. El Otro se convierte en el depositario de todas las expectativas que se le impuso —la mayoría de las veces de forma inconsciente— pero en términos prácticos, la relación se convierte en una lucha insufrible en donde hay de todo menos amor.

 

Así es como en la vida nos vamos dando de topes. Así es como vamos aprendiendo de ella.

 

Extraído del libro DIOSOY: Ser en esencia y en presencia, capítulo 3,
escrito por Alicia Velázquez B. y Ana de la Macorra A.

 

Comments

comments

Acerca de Editorial ioSoi

Editorial ioSoi

Equipo editorial de iosoi.