TIEMPO

Por Jorge Mercado V.

Fluyen imparables los días sin tiempo ni distancia. Anuncia su muerte el año cuando no hacía mucho que apenas se festejaba su nacimiento; para pronto, una vez más, anunciar su expiración. Veo sin mirar esa sucesión eterna, inmutable, sin fin ni meta que igualar. Desesperadamente iguales en su continuación de día y noche.

Aferrado a la resbaladilla del calendario me deslizo cual mariposa afelpada en la espiral del tobogán cuya sarta de sucesos, hipnóticamente, me transportan a conceptuar mis vivencias como lo culminante de esta subsistencia. De hechos que sin haberlos pedido enmarcan mi alrededor. Un suspiro profundo y comienza, otra vez, un nuevo día.

¿Existe el tiempo? O solo es otra ilusión de los sentidos para cegarme a vislumbrar la verdad.

Los destellos de mi alma que, susurrando, cantan mi eternidad mientras mi carne se aferra en persuadirme que esa eternidad que persigo, es solo un mito gritándome que lo que mis sentidos perciben es la única realidad, frente al sonido del silencio que avasalla el bullicio de haber nacido.

Quiero perderme en la locura ritual de ese despertar a la vida para sumergirme en esa eterna magia de estar vivo sin siquiera haber surgido en este cuerpo.

Han pasado días que no sabía que existieran, días de terciopelo que acuñaron a mi alma, días de concreto que me enseñaron sus secretos; días que fueron centellas y días que fueron ruido. Días de hechicería que convirtieron aquello en esto, en esto que parece ser verdad.

Días que, no sé cómo, se colgaron en el almanaque de mi vida deshilachando instantes, cargados de sensaciones, derrochando esfuerzos, peinando ilusiones y sangrando desengaños. Fueron días de un calendario amarrado a los convencionalismos y apariencias que ahora me susurran su trágica comedia en la interminable cadena de ciclos invariables, sin pasado ni futuro. Saludo amaneceres que espero y ansío sean la antesala de ese sueño que decante mi objetivo e introduzca la clave de su constante vaivén en busca de una razón que trascienda mi formación.

Me enfrento al desafío ancestral y recóndito: el rito de crecer.

Te saludo, te espero e intuyo tus travesuras con el simple y único fin de despertarme a una vida sin normas ni moral ni ética ni ley humana, solo días henchidos de significados que conecten las causas con sus efectos; que únicamente me lleven a avanzar sin dañar a nadie y que ese nadie me incluya a mí mismo. Días distanciados del miedo y aferrados al amor, a esa increíble fuerza que impulsa a dar un salto hacia el reencuentro. Así, enganchado a la sabiduría de mi divinidad descubrir al final del añoso calendario que, esta, mi vida es solo un capítulo de mi existencia.

Y, cuando la cuerda vital del calendario de mi vida se detenga cerrando este capítulo, estar en el umbral frente a mi propio espejo donde sin disculpas, ni prisionero de los prejuicios y normas sociales, podré ver cuáles fueron las vicisitudes que no supe comprender y cuáles los desafíos que no me animé a enfrentar.

En la medida que penetre a ese estado de consciencia estaré equilibrado para presentarme ante la Esencia Universal del Padre y preparar otro capítulo más de mi existencia.

Jorge C. Mercado V.

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Acerca de Jorge Mercado Velarde

Jorge Mercado Velarde
Originario de La Paz, Bolivia, es un eterno admirador de la vida. Escritor de varios libros, conductor de medios y filósofo de la belleza y del amor.

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