Ser como el Ave Fénix

por Lucrecia Villanueva Struck

“Más sabe el Diablo por viejo que por Diablo” dice el refrán, buscando expresar que con el paso de los años vamos adquiriendo sabiduría, ¡y no se equivoca! Es solamente a través de vivencias, experiencias y aprendizajes vividos en carne propia, o que observamos en gente a quien amamos, que adquirimos conocimiento, pero, en términos generales, suele ser muy complicado y doloroso crecer emocionalmente, ya que uno de los grandes retos que enfrentamos los humanos es la confrontación entre los conceptos que tenemos en el “deber ser” y lo que la vida nos va enseñando, es decir, la realidad a la que nos enfrentamos.

 

Lo anterior se debe a que, cuando éramos niños, los adultos nos enseñaron un modelo del mundo: el modelo que nuestros padres heredaron de nuestros abuelos, un modelo muy, muy antiguo. De tal manera que, desde pequeños, aprendemos las palabras que representan al mundo, y con ello aprendemos a “verlo” únicamente como nos lo transmiten y de una forma en particular; también nos enseñan a calificar ciertas cosas como bellas o feas, sabrosas o desagradables, adecuadas e inadecuadas; y con ello inicia la emisión de juicios y calificativos. Así, aprendemos ciertas reglas para vivir en sociedad y una forma de percibir la realidad heredada de nuestros antepasados; sin embargo, ese modelo pertenece, en muchos aspectos, a una realidad que ya no existe.

 

Metafóricamente, nuestros padres nos dieron una caja con herramientas para construir un hogar. Al entregarnos la caja a través de un ritual, nos hicieron saber que es una caja sumamente valiosa, pues son herramientas que han pasado ¡de generación en generación! Con ellas el tatarabuelo y sus padres construyeron sus hermosas casas, pero cuando abrimos la caja encontramos hachas, sierras, clavos y martillos. El problema es que ahora nosotros vivimos en una ciudad de rascacielos, y en un mundo cibernético donde hachas y sierras tienen poco uso; sin embargo, ¿quién se atrevería a deshacerse de la caja que con tanto esfuerzo conservaron sus antepasados?

 

A lo largo de nuestras vidas, aparecen situaciones que debemos enfrentar a través de la experiencia, y que nos obligarán a usar nuestras propias herramientas para resolverlas. Solo de esta manera, se da el desarrollo del alma.

 

En mi práctica profesional he visto a mujeres que en su imagen perfecta “deberían” amar a sus esposos, pero se descubren criticándolo, enojadísimas con él, furiosas, incluso odiándolo; padres que dicen amar a sus hijos y los golpean, repitiendo los patrones que juraron no imitar; trabajadores que se dicen honrados, y un buen día se dan cuenta de que están cometiendo fraude; personas que dicen creer en la fidelidad, y un día se descubren con un amante a quien aman profundamente… La situación en sí genera sufrimiento pero, además de las consecuencias directas que sus actos conllevan (como el rompimiento con la pareja, resentimiento y malas relaciones con los hijos, que los despidan del trabajo, etcétera), se enfrentan a sí mismos, criticándose porque “no deberían sentir esto” y, sin embargo, ¡lo sienten!

 

En el momento en que dejamos de escuchar a nuestras necesidades reales para vivir de acuerdo a los modelos aprendidos, nos alejamos de nosotros mismos, generando enojo, incomodidad e indignación. Con esto no quiero decir que nada de los modelos heredados sea útil, sin embargo, es nuestra obligación revisarlos con detenimiento y honestidad.

 

Cuando hacemos caso de lo que en realidad sentimos y nos atrevemos a revisar de dónde viene ese sentimiento; cuando desarrollamos la capacidad de observar a nuestro alrededor, quitándonos los lentes del pasado, viendo lo que es, sin justificar, sin acomodarlo a los modelos establecidos; cuando miramos atentamente lo que el otro hace; entonces, y solo entonces, hablará nuestra sabiduría y podremos actuar en consecuencia.

 

En ese momento, desde la honestidad del alma, podremos reordenar nuestras creencias, mirar cuáles están vigentes en esta época y cuáles son obsoletas, para así desechar lo que ya no está vigente, y entonces Renacer como el Ave Fénix, como un personaje consistente y congruente con la actualidad, y capaz de dejar los modelos pasados atrás. Lo anterior requiere de valentía, constancia y trabajo personal; para esto, la psicoterapia será siempre una herramienta que no tenían nuestros abuelos, y que te ayudará a comprender tu realidad, siempre de acuerdo con la necesidad de tu alma y de tus circunstancias reales.

Lucrecia Villanueva es, además de escritora aquí en IOSOI, psicoterapeuta, con maestría en Terapia Familiar y de Pareja, además de ser especialista en Regresiones.

¿Quieres una consulta? Escribe a: lucrevi@yahoo.com

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Acerca de Lucrecia Villanueva

Lucrecia Villanueva
Psicóloga experta en Regresiones a vidas pasadas, con la convicción de que cada ser humano puede ser feliz y pleno en su vida. Por lo tanto, su ámbito de acción es acompañar  a los demás a descubrirse a través de psicoterapia, conferencias y cursos, para lograr el desarrollo de su potencial. Actualmente trabaja en Regresiones a Vidas pasadas; Psicoterapia individual y de Pareja; en el ITAM, AMETEP y es entrenadora certificada de Siete Semillas de Amor y de Abundancia.