Raíz de Mandrágora: leyenda, realidad, cualidades

Por Nina Llinares

La raíz de mandrágora, al igual que la raíz del ginseng o del jengibre, en ocasiones y por capricho de la madre naturaleza, tiene forma antropomórfica, es decir, de cuerpo humano. Este hecho hizo que en la Edad Media se le atribuyeran propiedades mágicas sobrenaturales y diabólicas. Pero, además de que el ginseng y el jengibre se encontraban lejos de la mano inquisidora y supersticiosa, la mandrágora, químicamente posee un efecto narcótico, lo cual, por sus efectos, bastó para que fuera considerada como cosa de brujas que realizaban con ella encantamientos y maldades.

Botánicamente, la Mandrágora pertenece a la familia de las solanáceas, plantas con mala prensa, malditas por ser, o considerarse, tóxicas debido a su contenido en alcaloides como la Belladona o el Beleño, plantas poderosas que no se pueden tomar en ningún sentido a la ligera.

Antiguamente se tenía la creencia de que la mandrágora, al ser arrancada de la tierra donde crecía “lloraba”, emitía un sonido parecido a un llanto estridente, sobre todo si se la arrancaba siendo aún demasiado tierna que es cuando está más lozana y, que este “llanto,” no era tan estridente si se esperaba a que la planta fuera más grande. Lo mismo ocurre con sus hojas si se quieren emplear; al cortarlas la planta no vuelve a tener hojas hasta después de 30 o 40 días.

La mandrágora es la planta mágica a la que más historias misteriosas y mágicas se le atribuyen.

Cuando se hace referencia a la mandrágora se la relaciona con la etapa más oscura de la Edad Media y por supuesto con la Inquisición, sin embargo su historia es mucho más antigua, se remonta a los tiempos antiguos de Teofrasto, sabio griego que vivió en el año 400 antes de Cristo, quien la recomendaba para tener sueños lúcidos, pero no está claro cómo se recomendaba usarla para tal fin, e incluso Plinio, también la cita para describir que hay que tratarla de manera especial, mediante un especial ritual para su recolección y posterior empleo.

En textos griegos se hace referencia a la relación con la mandrágora y a los seres diminutos, duendes o enanitos, que la cuidaban o protegían, e incluso existió la creencia de que pudieran ser el espíritu vital que adoptaba la propia planta para dejarse ver ante algunas personas.

En algunos países como Alemania, se tenía la costumbre de utilizar la raíz de la mandrágora adulta, que es cuando su raíz asemeja la forma de un cuerpo humano, para realizar muñequitas protectoras, a las que después de secarlas, se las vestía y “maquillaba” para tenerlas en el hogar a modo de amuleto protector, tanto de los enseres como de las personas que allí vivían, como si fuera la presencia guardiana de la casa y se conservaba guardada en un lugar secreto y especial en el hogar, y periódicamente se le ofrecía vino y pan dulce como ofrenda para tenerla contenta.

En la antigua Caldea, al igual que en la mayoría de Universidades europeas, los médicos que estudiaban medicina y las especialidades de astrología, astronomía, incluían las cualidades mágicas de determinadas hierbas y otras sustancias, etc. En algunos escritos, se describe el uso de la mandrágora como inductora a estados ampliados de consciencia en ritos iniciáticos y rituales de alta magia, con fines investigadores relacionados con propósitos médicos.

Muy antiguas son las referencias egipcias –donde la mandrágora se utilizaba para rituales y ceremonias de manera sagrada, encontradas ilustrativamente en numerosos jeroglíficos como los dibujos y explicaciones de la mandrágora en el denominado papiro de Ebers –que se cree fue escrito 1500 años antes de la era cristiana-, y también se encuentran en restos arqueológicos de templos y pirámides, ornamentación funeraria, grabada en relieve como adorno ornamental en la tumba de numerosos faraones, por supuesto en la de Tutankamon.

Tanto Homero, como el afamado medico griego, Hipócrates, aconsejaban el uso de la mandrágora a sus pacientes aquejados de depresión, estados de tristeza y melancolía, para que conectaran de nuevo con la alegría de vivir.

También romanos como griegos preparaban un vino macerado con mandrágora para tomarlo como inductor al sueño, relajante del sistema nervioso y anestésico.

Una de las primeras referencias en cuanto a que la mandrágora protege de la energía diabólica (que protege, no que es aliada, como posteriormente divulgó el catolicismo para relacionarla con las brujas y sus orgías con el diablo), es la que cita el historiador de origen judío, Flavio Josefo.

Bajo otros nombres, pero con los mismos fines, la mandrágora es citada en escritos y referencias árabes, sirias y muy especialmente por los persas quienes desde sus escuelas iniciáticas practicaban la magia blanca y sanadora. Incluso hay referencia del uso de la mandrágora en el Antiguo Testamento como hierba adecuada para la fertilidad, con relación a Raquel, que pudo concebir un hijo siendo estéril y que se relata en el Génesis 30, 14-15-16.

Y por supuesto, cómo no, la máxima autoridad de la Edad Media, citada como referencia rigurosa en todos los estudios sobre las cualidades de las plantas, Hildegarda de Bigen, monja alemana, vidente, que fue respetada por la Inquisición precisamente por ser una monja católica (y jamás fue procesada a pesar de hacer pócimas, hablar de mandrágora y ver espíritus), relata los poderes medicinales sanadores de la mandrágora, que aconsejaba tomar como infusión, sopa o tópicamente en forma de ungüento sobre la piel, y en forma de cataplasma para aliviar y curar el dolor agudo de cabeza, y para los estados de tristeza, falta de ilusión y ganas de vivir.

Se da una coincidencia en todas aquellas personas que de una u otra manera emplearon, investigaron y utilizaron la mandrágora como medicina: su recolección ha de ser de manera ritual, respetuosa, teniendo en cuenta varias cuestiones como por ejemplo el día y horas más adecuados, como de noche o al amanecer, justo en esa hora en la que no es ni de día ni de noche, y preferentemente en día viernes, día de Venus, y en cuanto al mes, la mayoría coincide con el mes de septiembre, mes siete, que, astrológicamente se corresponde con Virgo, La Virgen, en referencia al espíritu de la Madre Tierra.

Algo realmente patético y estremecedor, son las referencias que se relatan en el proceso injusto y siniestro contra Juana de Arco, a la que se le acusó de poseer poderes antinaturales por su relación diabólica con las fuerzas oscuras del diablo al suponer que llevaba permanentemente, bajo su indumentaria en contacto con la piel, la raíz de una mandrágora.

Otra de las locuras más delirantes (divulgada en la misma época medieval) era la de que la mandrágora nacía bajo el árbol donde se ahorcaba a los malhechores y que nacía por el esperma que estos eyaculaban en la tierra.

Otro dato igualmente ridículo y que seguramente sí realizaría más de una persona ignorante de aquellos tiempos es el de que para obtener el poder de la mandrágora, se debía utilizar a un perro –ya que se creía que quien arrancaba la planta quedaba maldito- y se ataba el extremo de una cuerda a la planta y el otro extremo al perro al que se le hacía correr para que la arrancara, y luego tenía que ser sacrificado y enterrado en el hueco que había dejado la mandrágora.

En esta misma etapa de supersticiones, pestes, ignorancia y pobreza extrema, la mandrágora era empleada para todo tipo de excentricidades: buscar tesoros, hablar con espíritus, invocar a los muertos, quitar las maldiciones que convertían en piedra a la gente o animales, para que el ganado quedara preñado, para evitar las tormentas, para que la tierra fuera fértil, para espantar a los posibles ladrones, para que las cabras y las vacas dieran más leche, para que el esposo tuviera más potencia sexual, para hacerse invisible, para atraer dinero y fortuna gracias al espíritu que tiene en su interior…. Y además se creía que si, desde el momento en el que la mandrágora era llevada al hogar, se le prodigaban especiales cuidados como hacerle vestiditos, ponerle comidita, bañarla y dejarle leche, hablarle, cantarle, mimarla…. pasados 7 años, se convertía en un bebe mágico casi humano. En fin.

Lo cierto es que como la tendencia de los seres humanos era y es la de contárnoslo todo, y más en aquellas épocas en las que se contaba con pocos entretenimientos, cada persona añadía un ingrediente más, su propia versión de los efectos, magias y poderes de la mandrágora, extendiéndose cada vez mas todo tipo de cuestiones estrambóticas al respecto y la superstición iba en aumento.

Nada que ver con el respetuoso trato que le otorgaban las mujeres paganas y celtas curanderas conocedoras de su fuerza y propiedades y que, utilizaban, con prudencia, su poder para entrar en contacto con otros niveles de realidad y poder acceder a realidades paralelas y con los seres mágicos llamados del Otro Mundo por la tradición celta.

Pero lo cierto es que la mandrágora ha sido utilizada tanto por la magia blanca como por la magia negra, como toda planta de poder que sirve a quien sabe emplear su poder, solo que con una diferencia: la magia blanca es respetuosa y sus rituales guardan el equilibrio de la Naturaleza, mientras que la magia negra no es nada respetuosa y obtiene su poder de alterar el equilibrio, la vida, con intenciones contranatura.

©Nina Llinares.

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Acerca de Nina Llinares

Nina Llinares
Nina Llinares nació en Alcoy (España), es Escritora y Profesora de Enseñanza Privada de Técnicas Holísticas (Técnicas atlantes, canto sagrado para mujeres, master Reiki, cristaloterapia, floral, y cromoterapia, entre muchas técnicas más). Desde 1990 imparte sus actividades en España, Argentina, Uruguay, México e Inglaterra (Glastonbury). En estos y otros países de Latinoamérica y Europa participa en congresos, programas de radio y televisión, en la divulgación de los temas basados en sus libros: Almas Gemelas, Niños Índigo y Cristal, Alquimia del Alma: el poder del Yo Soy, Masaje Atlante y 15 títulos más.