¿Por qué vivimos? Pero es mejor contestar a la pregunta… ¿para qué vivimos?

Por Luis Montoya Birrueta

(Parte – 5)

 

¿Para qué vivimos?

¿Recuerdas que hablamos de la expansión del Universo en sí mismo? ¿Recuerdas que comentamos que absolutamente todo viene de la misma fuente, es la misma fuente y va hacia la misma fuente? ¿Recuerdas, también, que dijimos que nos encontramos en una parte de la infinidad de la experiencia de ese todo, y que sucede en un planeta llamado Tierra? ¿Recuerdas que dijimos que todo está interconectado con todo, y que toda acción siempre conlleva una reacción, aunque sea traspasando la ilusión del tiempo?

Pues cada una de las experiencias de vida que hemos tenido como seres humanos, en toda esa historia de la Humanidad, no se ha quedado en la nada, ni simplemente ha desaparecido. Rotundamente, no es así. Cada una de esas millones y millones de experiencias ha generado distintos y muy variados sentimientos, que forman parte a su vez de las infinitas experiencias que tiene ese todo dividido en sí mismo. Pongamos un ejemplo:

Había una vez muchísimas velas que estaban todas juntas. Siempre habían estado así. Ni siquiera sabían lo que eran, en dónde estaban, ni de lo que eran capaces. Tampoco sabían cuánto tiempo llevaban estando así, puesto que no tenían una referencia de tiempo que lo pudiera medir. Hasta que llegó un momento (que es el mismo del que forman parte los ciclos naturales de evolución-involución, pero a niveles macro cósmicos y absolutos), en el que todas esas velitas se expandieron en diferentes vibraciones energéticas y en el número que eran, solo que ahora que se habían expandido, mas no separado, mantenían una interconexión que, en muchos casos, era imperceptible a simple vista.

Entonces ahora, las velitas, podían saber de lo que eran capaces, ya que estaban en la oscuridad y ¡notaron que podían iluminar! También vieron que eran capaces de hacer cualquier cosa que quisieran; que tenían todo un campo en potencia para crear todo lo que imaginaban. No había ningún límite, normativa, o restricción. Todo era absolutamente posible.

Así que cada una de las velitas empezó a hacer lo que le llamaba la atención y a experimentar de la forma que deseaba. En el fondo, las velitas siempre eran felices, ya que siempre estaban haciendo o siendo justamente lo que querían.

Quizás ahora decidían sentir dolor, entonces crearon todas las circunstancias propicias que ayudaran a sentir ese dolor; y aunque sufrían mucho, en el fondo estaban con una sensación de satisfacción, porque eso era lo que querían experimentar. También vieron que podían cambiar su frecuencia de vibración y convertirse en diversas formas que quisieran y quedarse así durante millones de años, para luego volver al principio.

Nos vemos la próxima vez.

Gracias por estar ahí.

Luis Montoya Birrueta

Acerca de Luis Montoya Birrueta

Luis Montoya Birrueta
Q-La vida! Después de algunos años de experimentar un verdadero infierno, totalmente desesperado y habiendo agotado las posibles soluciones que tenía a mi alcance, así como la gente que intentaba ayudarme, pedía ayuda intensamente desde mi soledad a quien me escuchara. Mis plegarias fueron atendidas y se manifestó el auxilio por medio de Seres que están en otras frecuencias vibratorias, entre ellos el maestro Jesús. Es un honor para mí ser un instrumento y poder compartir contigo los mensajes que he recibido. Gracias por estar ahí. Luis es terapeuta, escritor y pensador. Para contactarlo visita su página en facebook o escríbele a su correo: luismbirrueta@hotmail.com