Nacer y morir, extremos… La vida no tiene oposición…

Por Bruno Díaz

 

Nacemos y entramos a escena a un mundo que está sostenido por las conversaciones, actos, percepciones y acuerdos de los que lo habitan, creemos unas cosas y descreemos otras, nos afiliamos a un consenso, sin saberlo. Asumimos ideas de cómo son los humanos, de cómo son nuestras familias, de cómo son los hombres y las mujeres, de lo que está bien y de lo que está mal, de lo que deberíamos hacer y de lo que queremos hacer… Historias que se repiten y, en esa repetición, van dejando como subproducto, la identidad.

Un día morimos, y es cuando salimos de estas historias, pero seguimos en la historia y conversación de los que se quedan, habremos participado en muchas relaciones, eventos, situaciones y, sin duda, en los diversos mundos de los demás.

Y esta es la oposición: nacimiento y muerte; más que oposición, momentos definitivos de nuestra existencia: en la primera, vamos tomando carne, historia, energía, fantasías y emociones, desde nuestros padres y con ellos, nuestros ancestros. Late en mí África y América, Europa y Oceanía… Incluso antes de que tuvieran esos nombres los territorios y esas nacionalidades los parientes. La segunda, la muerte, va dejando tras de sí, todas estas asunciones, acuerdos, recuerdos y memorias. Tal vez por esto sea tan amenazante. Estamos identificados con lo que vemos, con lo que nos pasa o con lo que sentimos, cuando tal vez, esto y otras cosas, sean pistas para ir haciendo experiencia, vivencia y sentido, pero somos mucho más que cualquier cosa que pensamos que somos…

La Vida ocurre todo el tiempo y no termina, la Vida, así con mayúsculas, por nombre propio, es un personaje que no ha nacido y no morirá, y entra y sale de las diferentes existencias posibles, ya en una oruga, o elefante, ya en el gallo, o en la estrella, en tu vecino o el mío, y el que vive en tu espejo y fuera de él. Ese, con el que nos encontramos y asume también la etiqueta de un “yo” y la que asumimos de un “tú”, para poder asomarnos a un “nosotros”.

Cambios, movimientos, nada permanece, a esto se parece la vida, a ciclos sin fin que entran y salen de lo que consideramos existencia. Nacemos y morimos de continuo, pero nos vamos aferrando a lo que creemos que es la realidad y a como nos han dicho que son las cosas. Olvidamos que todo es efímero, transitorio y, por tanto, queremos seguir aferrados a ello, pero nosotros podemos también renacer, como cuando nos liberamos de algo, cuando cambiamos, cuando sentimos que una etapa concluye o que algo se derrumba y seguimos vivos… ¡Algo sigue vivo en mí!

En estos cambios, si fluyo, me encuentro cara a cara con la eternidad, si me atoro, me estrello con el inclemente tiempo que me presenta de nuevo las experiencias que no me he atrevido a vivir de lleno. El no vivir lo que la vida me va presentando, es decir, sentirlo, atravesarlo, tomará una postura y responder, lo más consciente y “responsable” que podamos, hace que las cosas nos vuelvan a pasar, que los dolores vuelvan y los sufrimientos no terminen.

Las cosas, las etapas, la gente, los sucesos y todo lo conocido muere: olas en el mar. Pero la Vida, no muere, la Vida es el mar que adopta la forma de las diversas olas. Es la sal y el movimiento, el pez y el oleaje, pero, cosa importante, la Vida es todas las formas que hubo, hay y habrá, así, lo único que podemos es cantar si somos jilguero, rugir si somos jaguar, volar si somos águila o hacernos un alma si somos humanos… Ya hablaremos más de “hacer alma”.

 

Bruno Díaz

 

 

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Acerca de Bruno Díaz

Bruno Díaz
Soy Psicólogo de-formación (con y sin guion) y estoy entrenado en psicoterapia transpersonal, ericksoniana y junguiana arquetípica. También soy terapeuta floral. En cada formación (y en la vida), he aprendido y sigo aprendiendo, que hay “algo” muy genuino que empuja desde dentro para ser vivido y así tomar ciertas sendas que nos llevan a lugares de Plenitud. Y también, que ese “algo”, a veces se conduce o se inspira (en el mejor de los casos), pero que también se modifica, reprime o esconde, llevando a lugares de sufrimiento repetitivo. Mi trabajo es acompañarte a darle voz a lo que para ti es genuino y auténtico y que, a veces, aunque te suene extraño toma el disfraz de síntoma, sufrimiento o complicación. Cuando le damos voz, podemos escuchar ese algo, que ansiaba ser reconocido, nombrado y escuchado y que tiene muchas cosas que enseñarnos… Para consultas escríbeme a bruno_d77@hotmail.com